Canciones para la ocasión: «Tonight the streets are ours» de Richard Hawley

jueves, 25 julio, 2013

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Canción para levantarte del sofá, abrir la puerta de tu piso con prisa, bajar las escalleras corriendo, y salir de un salto a tomar las calles.

Pocas canciones consiguen producirme un efecto tan eufórico como esta. Ya desde el primer instante, el golpe de la batería y la gloriosa intro, me introducen en un universo hiper romántico y agridulce. Combina la temática estándard de himno generacional: la soledad, las metas y los sueños que no se hacen realidad, el despiadado, milimetrado y sin corazón mundo moderno y el escapismo y aunque sobre papel la receta parezca manida, en la práctica hay algún ingrediente secreto que la eleva hasta los cielos. La vía de escape de esta canción y su tema recurrente son las calles, las calles que recorren los amantes, los amigos, la gente que se quiere. Suena muy The Smiths todo esto y para mí “Tonight the streets are ours” es el “There is a light that it never goes out” del dos mil.

Cuando vivía en Atenas, hacía mucha vida en la calle. Cuando era niño pasaba gran parte de mi tiempo libre paseando a mi perro, solo o en compañía de otros por la playa, los parques, las plazas o el bosque que rodeaba mi barrio. De adolescente, atrapado en ese mismo suburbio costero, mal comunicado y muy lejos del centro de Atenas, pasé una barbaridad de tiempo vagabundeando por el puerto, mirando al mar con ojos inexpresivos, hastiado hasta la médula. Cuando los porros entraron en nuestra vida, yo y los amigos pasaríamos todavia más tiempo fuera, fumando detrás de arbustos o en callejones oscuros, en bancos y en solares por edificar, para después oscilar como meteoritos entre los bloques del barrio, muertos de risa. Cuando acabé el instituto y empezé a bajar al centro para salir de fiesta, mis amigos y yo íbamos siempre a beber vinos dulces y baratos en sitios con vistas: debajo de las murallas de la Acropolis o en el tejado de un polideportivo en el Monte de Strefi. Desde allí contemplábamos las luces de la gran urbe. En aquellas alturas se dieron muchos besos, se tramaron muchos planes, se hicieron muchas confesiones, se contaron muchos chistes y se echaron muchas risas.

Los años pasaron y seguimos viviendo en las calles, en esta vida de ocio intensa y paralela a nuestros estudios, trabajos y demás obligaciones. Durante dos o tres veranos consecutivos dejamos de salir a clubs y solo íbamos a la plaza Mavili (al lado de una gran avenida con poca gracia pero rodeada de bares que no cerraban prácticamente nunca y una cantina de comida grasienta, ideal para el estómago de un borracho) para pasar toda la noche bebiendo, flirteando y haciendo amigos alrededor de la gran fuente. En aquella plaza ocurrió mi salida de armario gloriosa con mi primer novio, intercambiando besos apasionados a la vista de todos y ganando varios “¡Oooj! Que monos!” y también comentarios envidiosos. Apartir del 2001, y durante unos años, cuando la plaza Mavili dejó de ser el sitio de moda y cuando no quedó ni una discoteca de música indie en Atenas que valiera la pena, el único lugar que frecuentábamos fue un garito minúsculo llamado Pop. Ibamos allí siempre. Sin duda, nos quedébamos dentro poco. El tiempo caluroso y seco que goza Atenas casi todo el año hacía perfectamente posible para nosotros pasar la noche en la calle. Durante primavera, verano y otoño, el callejón peatonal fuera del Pop era un caos con docenas de personas sentadas en las baldosas. Allí amores nacieron o se rompieron, allí se forjaron amistades o estallaron enemistades, allí ocurrieron peleas de gatas, repletas de mordiscos, arañazos, bofetadas y vasos rotos en alguna cabeza. Muy punk todo pero vestido de popi. Los años pasaron, el Pop cerró pero nuevos bares emergieron. Todos, entre abril y noviembre, presentan esa imagen peculiar de multitudes de gente fuera, bebiendo y socializando y no solamente en las terazas, que se quedan abiertas hasta el amanecer, sino en plena calle. Lo más peculiar es que la gente compra el alcohol en los bares, tres veces mas caro que en un kiosko, para beberlo fuera. El botellón en Atenas nunca tuvo las dimensiones que tiene en España y quizás por eso no es ilegal. Mi fiesta de cumpleaños se celebra cada año con un botellón civilizado y sin dejar basura atrás, en el patio de una iglesia vizantina o en unos bancos en el parque arqueológico con vistas a la Acrópolis. Suele coincidir con los días de luna llena. Y no hay momento en la vida que disfrute más.

Las calles de Atenas no son solamente un lugar reservado para la vida nocturna. También son un sitio donde suele haber bastante actividad sexual-detrás de coches aparcados, en esquinas oscuras, en las entradas de los bloques de apartamentos, en garajes, en los bancos de los parques o dentro de arbustos frondosos. La educación sexual callejera es una etapa que tuvimos todos. Las anécdotas de cada uno han sido y siguen siendo tema de conversaciones y fuente de risas.

Aparte de muy divertidas, las calles de Atenas a menudo pueden ser violentas. Son un lugar frencuentemente azotado por disturbios feroces que van mano a mano con las manifestaciones que tan a menudo ocurren. Ha sido así siempre. Innumerables veces he olido allí el olor de un contenedor o de un coche quemándose, he corrido para escaparme de las redadas de la policia, he sentido mis ojos hincharse por los gases lacrimógenos. La gente sale a la calle por una multitud de razones-desde las medidas económicas hasta el asesinato de un adolescente por un policía. Desde luego hay muchísimas cosas por las que protestar. Quizás la más importante son la corrupción y la pobreza, que han dejado su huella en las calles convirtiéndolas en estancia permanente para mucha gente que pierde su casa y tiene que dormir dentro de sus coches o, peor aún, en cajas de cartón, Últimamente, más que nunca, las calles son un lugar de venta clandestina con inumerables inmigrantes vendiendo de todo, desde calcetines hasta estatuas africanas, al lado de decenas de tiendas cerradas. Y también son el hogar de gatos y perros gordos con la mirrada tierna y triste, pero eso ha sido así siempre.

Viviendo en Barcelona, otra ciudad mediterránea, hay una cosa que no deja de sorprenderme. Las calles aquí parece que no pertenezcan a los ciudadanos. Demasiadas reglas y restricciones. No se puede beber, no se puede tocar música, no se puede ir con bici o con skate, no se puede hacer ruido, no se puede estar en una terraza hasta tarde, no se puede, no se puede, no se puede. ¿De qué sirve vivir en una ciudad de costa y en la zona con el mejor clima del mundo si no puedes sacar provecho de estar fuera? Pero todavía hay calles que mantienen su extraño y decadente atractivo. Siempre me río cuando me acuerdo de mi ingenuidad cuando, una vez en la calle Sant Ramón dije a un amigo “Qué guay toda esta gente todo el día en la calle, disfrutando del buen tiempo!” y mi amigo me dijo “¿Me estás tomando el pelo? ¡Son putas y sus clientes!” Y ¿quién puede ignorar ese fuerte olor a pis de las calles de Ciutat Vella que tanto escandaliza a mis visitas de fuera? A veces el encanto decadente de la ciudad emerge como una marea que ningún ayuntamiento puede parar.

Estoy un poco harto de tanto control. Es verano. Vivimos en el mediterráneo. Hay crisis pero hay algo que nadie nos puede quitar: el buen tiempo. Mi madre siempre me dice que vivimos en el jardín de Dios y que solo salir fuera y mirar el cielo es suficiente para darte ánimos. Retomemos las calles, esas neuronas de la ciudad, donde todo ocurre, donde todo es posible. Recorrámoslas con amigos y amantes, bebamos, cantemos, bailemos, quememos contenedores, protestemos, desnudémonos acaso ¿why don´t we do it in the road, como cantaban los Beatles? Esta noche las calles son nuestras.

«Tonight the streets are ours»

Do you know why you got feelings in your heart
Don’t let fear of me then fool you, what you see sets you apart
And there’s nothing here to bind you, it’s no way for life to start
Do you know that
Tonight the streets are ours
Tonight the streets are ours
These lights in our eyes, they tell no lies

Those people, they got nothing in their souls
And they make our tvs blind us from our visions and our goals
Oh the trigger of time it tricks you so you have no way to grow
But do you know that
Tonight the streets are ours
Tonight the streets are ours
And these lights in our hearts, they tell no lies

And no one else can haunt me the way that you can haunt me
I need to know you want me, I couldn’t be without you
And the light that shines around you
No nothing ever matter more than my darling
But tonight the street are ours
Do you know how to kill loneliness at last
Oh there’s some much there to heel dear and make tears things of the past

But do you know that
Tonight the street are ours
Tonight the street are ours
And these lights in our street are ours
And tonight the street are ours
And these lights in our heart, they tell no lies

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