Canciones para la ocasión: «The only place», de Best Coast

viernes, 9 agosto, 2013

Por

 

Canción para llenar tu maleta furiosamente y salir pitando hacia tu paraíso veraniego particular.

Cuando salió el segundo disco de Best Coast, antes de escucharlo, me acuerdo que leí una crítica donde ponía que aunque en el primer disco las letras naíf y con rimas fáciles (el reino del “lazy-crazy”) funcionaban, en este disco el resultado dejaba mucho que desear y que había frases que incluso a Mike Love (el Beach Boy más aferrado a las letras que hablaban de coches rápidos, tablas de surf y chicas en bikini) le daría vergüenza cantar. La crítica se metía especialmente con este primer single del disco, diciendo que aquel himno sobre California tenía letras tan genéricas (“tenemos el océano, l@s chic@s bonit@s, el sol, las olas, este es el único lugar para mí) que parecía un jingle de publicidad.

Poco después escuché el disco y estuve muy de acuerdo con la crítica, me sonaba muy soso, muy ñoño. Salvo “The only place”, por razones puramente personales. No sé si suena o no a jingle de publicidad pero desde luego se convirtió en el himno nacional sobre una isla griega donde vamos yo y mis amigos cada verano durante los últimos años. Es que la canción ha clavado lo que muchos de nosotros sentimos sobre Anafi, esta roca perdida en el medio del mar Egeon: ¡esto es el ÚNICO lugar para nosotros!

Anafi está al lado de Santorini, probablemente la isla griega más fotografiada. De una a otra son menos de dos horas en barco, pero la diferencia del ambiente entre ellas es abismal. Santorini es hiperturística. Anafi…es otra historia. Me acuerdo de la primera vez que llegué allí. Tras 12 horas en el barco y de haber pasado la noche en la cubierta, dentro de mi saco de dormir, me desperté con el alba y vi por primera vez aquel trozo de tierra montañosa y seca que se convertiría en uno de mis lugares favoritos de mundo. Solo se veían laderas marrones y rocosas, castigadas por vientos, y en el fondo, saliendo de la niebla y el mar, la figura majestuosa y amenazante del monte Kalamos, el segundo peñón más grande del Mediterráneo, un gigante en forma de volcán o de cabeza de cachalote gigante. No se veían rastros de ocupación humana hasta que el barco se giró y vimos el puerto, una aldea de poquísimas casas y encima de ella, a unos 250 metros de altura, construida en el borde de acantilados como el nido de un águila, la Chora, el único pueblo de la isla. Esta imagen me dejó con la boca abierta y cuando nos bajamos del barco y nos enteramos que en la isla no hay señal del teléfono móvil en ningún lugar aparte de Chora, que no hay taxis y que teníamos que caminar por un caminito pedregoso, cargados como unas mulas, para llegar en la playa donde nos quedaríamos, mi mandíbula y mis ánimos se cayeron todavía más. Pronto se levantarían hasta las cimas mas altas.

Hay algo extraño y mágico en Anafi, un hechizo que no se puede describir en palabras pero lo sientes nada más pisarla. ¿Será porque tiene menos de 300 habitantes durante casi todo el año? ¿Será porque fue un lugar de exilio de los comunistas durante décadas? ¿Será porque el viento que aúlla por sus callejuelas y los montes es tan fuerte que planta la demencia en las mentes de la gente? ¿Será porque no tuvo electricidad y asfalto hasta hace escandalosamente poco (los años ochenta y los años dos mil respectivamente)? ¿Será porque no hay barco todos los días y te puedes llegar a sentir atrapado en la isla? ¿Será porque los viajeros que acaban allí son gente suficientemente loca para estar dispuestos a viajar tantas horas con el premio de alejarse mucho del mundo moderno y sus trampas? ¿Será por el rakomelo, esta bebida dulce que proporciona una borrachera extraña y casi no da resaca? O acaso será por la omnipresencia del monte Kalamos, visible desde las playas, los balcones, las ventanas y las carreteras llenas de curvas? Él parece estar observando día y noche las maneras, los vicios, las alegrías y las penas de estas hormigas que somos nosotros, los humanos. Incluso cuando no le ves, porque es de noche, sabes que está allí, en las oscuridades, y que con la primera luz del amanecer sus colinas tenebrosas aparecerán en el horizonte.

He pasado ya varios veranos en Anafi. Todos han sido espectaculares. He ido allí enamorado pero también he ido con el corazón roto y poco ha importado. El mar, la gente, el sol y las olas me han curado. Y también todas estas cosas absurdas pero deliciosamente divertidas que ocurren cada año: fiestas desenfrenadas, combinaciones sexuales inesperadas, escándalos amorosos, peleas de gatas, eventos de arte contemporáneo sin sentido, conciertos lo-fi, shows de comedia espontáneos, bailes encima de mesas, la alcaldesa de la isla amenazándonos para que nos fuéramos de la fiesta mayor, la casa alquilada donde ocurría de todo justo detrás de la estación de la policía, la presencia de “lolodromos” (un parafraseo de lolovromios, esta palabra que decía la manada en la segunda temporada de la serie True Blood, marcando el comienzo de las bacanales mas salvajes.), esta fuerza misteriosa que nos empuja a cometer todo tipo de locuras.

Cada año, cuando llega la primavera la pregunta que surge entre los amigos es “¿Dónde iremos este año?”. Y algunos dicen “Grecia tiene miles de islas, ¿por qué no vamos a alguna isla nueva?”. Y algunos incluso se atreven hacer planes que no incluyen a Anafi. Pero el año siguiente vuelven. Tengo amigos que llevan 20 años yendo. Y ¿cómo no? Anafi puede que no tenga las playas más espectaculares, la Chora más pintoresca o la comida más exquisita de Grecia pero es un lugar donde todavía tienes que caminar kilómetros desde el bar donde te has puesto taja, has bailado, has cantado y probablemente te has enrollado con alguien (quizás no en el bar sino detrás de algúna pared de piedra o de un arbusto lleno de espinas y te has llenado las rodillas con heridas), hasta tu tienda de campaña porque no hay ningún medio de transporte para llevarte. Caminas por el medio de la noche por una carretera absolutamente oscura. Sabes que por los lados hay acantilados. El viento sopla fuerte. Puedes ver billones de estrellas porque no hay ninguna luz eléctrica. Tras un rato, tus ojos se acostumbran y puedes ver las siluetas de las montañas y si hay luna, la forma del monte Kalamos en la distancia. Con tus amigos cuentas historias de miedo, especialmente cuando pasas delante de la gasolinera abandonada. Tambien hacéis planes de viajar en algún lugar muy lejano y salvaje, el desierto de Arizona o Islandia, comparándolas con el paisaje que estáis atravesando. Giráis una curva y en la distancia se ve una antena iluminada -el bar Madres: en medio camino entre la Chora y la playa, en la cima de una colina- ¡ah, cuantas fiestas habéis hecho allí, cuantos momentos divertidísimos allí en las cumbres borrascosas!. Sabéis que ya queda menos. En un rato cortaréis camino por una pequeña urbanización de casitas blancas, bajaréis cientos de escalones, correréis un poco de peligro por caminitos estrechos al borde del vacío (¿no será allí que tu mejor amigo ayer se enrolló con una pareja que acababa de llegar en la isla y AÚN llevaban la maleta con ruedas?), os encontraréis con algún gato y acabaréis en la playa silenciosa. Si todavía os quedan fuerzas, os meteréis en el agua, os echaréis unas risas y en breve os colapsaréis dentro de la tienda de campaña. El viento fuerte será vuestra nana. A la mañana siguiente la resaca desaparecerá con el primer salto en las aguas cristalinas. Sí, hay miles de lugares en este mundo…pero ¿Por qué alguien iría de vacaciones a qualquier otro sitio? Este es el único sitio para mí.

THE ONLY PLACE
We were born with sun in our teeth and in our hair
When we get bored we like to sit around, sit around and stare
At the mountains, at the birds, at the ocean, at the trees
We have fun, we have fun, we have fun when we please

We wake up with the sun in our eyes
It’s no surprise that we get so much done
But we always, yes we always, we always have fun
Yes we always, yes we always, we always have fun 

Why would you live anywhere else?
Why would you live anywhere else?
We’ve got the ocean, got the babes
Got the sun, we’ve got the waves
This is the only place for me

So leave your cold behind
We’re gonna make it to the beach on time
Yeah leave the cold behind
We’re gonna make it to the beach on time

Why would you live anywhere else?
Why would you live anywhere else?
We’ve got the ocean, got the babes
Got the sun, we’ve got the waves

This is the only place
This is the only place
This is the only place
This is the only place for me

 

 

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial