Canciones para la ocasión: «It´s Christmas Time» de Yo La Tengo

lunes, 23 diciembre, 2013

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Adoro Navidad, aunque desde que vivo solo, desde hace ya 10 años, no he decorado un arbol jamás. La decoración en las calles ya me basta. Las luces que adornan los arboles y forman arcos -a menudo tremendamente horteras- encima de las calles iluminan mi alma de un modo que no deja de soprenderme. De la misma manera, las canciones de pop que hablan de la Navidad tienen un punto muy especial en mi corazón. Uno de mis discos favoritos de todos los tiempos es “A Christmas Gift To You” de Phil Spector. Pero con permiso al gran maestro y a sus geniales interpretes (Darlene Love, The Ronettes, The Crystals, Bob B Soxx & the Blue Jeans) o a Saint Etienne que tantas joyas navideñas han creado, mi canción favorita para esta epoca es “It´s Christmas Time” de Yo La Tengo.

¿Será por su progresión de acordes tan típicamente tardíos 50´s, primeros 60´s? Seguramente. ¿Será por las voces tiernas de Yo La Tengo que son una verdadera caricia sonora? ¡También! ¿Será por las letras que dicen algo como “Es Navidad, es Navidad, demos alegría a nuestros amigos y vecinos, desde lejos o desde cerca”? Esto, más que todo.

Atrás quedan los tiempos de despertarme por villancicos tradicionales en el tocadiscos, en una casa hiperdecorada por mi mamá, para encontrar regalos debajo del árbol, la chimenea encendida, siempre el mismo menú (pavo relleno de arroz, pasas y piñones, la sopa cremosa, alguna ensalada inventada por mi madre y pasteles regalados por las vecinas) y la compañía de mis padres, hermana, abuelo y mis tíos o algunos amigos de mis padres y sus hijas. Lejos queda también aquella comida navideña cuando con mi hermana y dos amigas de infancia entramos en un debate sobre el sexo anal en nuestra mesa, a dos metros de la mesa de los padres. Lejos quedan mis escapadas a mi dormitorio con una amiga de mi madre para fumar discretamente y contarle mis aventuras sentimentales o mis planes de futuro. Y lejos quedan mis resacas infernales y mis esfuerzos sobrehumanos por arrastrarme como fuera hacaa la mesa navideña tras 3 horas de sueño y cantidades incalculables de alcohol, tabaco y demás sustancias. Este año consecutivo es el quinto que paso lejos de mis tierras esta época, y los 5 años anteriores creo que estuve 3 veces solo.

Las Navidades en Atenas eran siempre muy muy divertidas, a veces demasiado para un cuerpo humano hecho de carne y hueso, con aguante limitado. Básicamente significaban estar de bares cada noche, sin ningún descanso, pinchando y viviendo una situación muy a lo “Bailando” de Alaska y los Pegamoides. El cuerpo muy mal pero una gran vida social. Apenas veía la luz del día, me despertaba siempre a la hora del anochecer. Tampoco veía mucho a mis padres pero por  lo menos SABÍA que estaban aquí, a unos kilómetros de distancia. Nunca compartí mucho la fijación que se tiene en España con la nochebuena, creo que nunca he tenido una en casa de mi familia, mi celebración de noche buena ocurría siempre en los bares. Y allí también se forjaban mis amistades, muchas veces en la cabina de dj con alguna colega, poniendo música hasta el amanecer. Y hacia el cierre siempre caía “It´s Christmas Time” y empezaban los abrazos colectivos y los “Te quiero” en bucle. 

Me acuerdo de la primera vez que pasé las navidades fuera de Atenas, lejos de mi familia de la que tanto solía pasar cuando vivía con ella. Todavía era relativamente nuevo en Barcelona. Me entró un bajón tremendo. Todo el mundo (hasta mi novio de entonces) estaba en su pueblo o comiendo con su familia y yo no tenía ningún plan hasta el último momento. Me acuerdo que mi amiga Odil me invitó a comer con su familia y que por primera vez sentí que en Barcelona TAMBIÉN podría estar como en casa. 

Años después vinieron dos Navidades consecutivas en Madrid donde, por muy buena acogida que tuve y por muy espectaculares cenas que mi novio gato me hacía (las mejores que he tenido, perdona mamá, ¡prefiero el cordero, los langostinos y los bueyes de mar que el pavo!), me sentí una añoranza tremenda de mis tierras y la gente que habla mi idioma. Supongo que es normal. Hace dos años, tras mi pinchada en el ahora difunto El Nasti, por accidente, me quedé en la calle mientras amanecía el 25 de diciembre. Mis amigos de Madrid, estaban todos fuera y mi novio estaba durmiendo. Hacía dos grados menos cero, los vecinos del edificio no me abrían la puerta sino amenazaban con llamar la policía o pegarme. Me puse a llorar de impotencia y me imaginé  muriéndome congelado en el portal. Llamé a mi mejor amigo en Londres. Él estaba con otros amigos nuestros, habían tomado tripis y estaban en el séptimo cielo. Sin duda, me estuvo hablando y dándome ánimos hasta que tomé la sabia decisión de llamar a Chema, el dueño del Nasti, sabiendo que él por lo menos estaba en Madrid. Él me acogió en su piso, me hizo escuchar mi disco por primera vez en vinilo (yo no tengo tocadiscos y no le había escuchado así jamás) y me aseguró que por la mañana todo se resolvería. Y así fue. Se lo agradeceré de por vida.

Las Navidades pasadas estuve en Londres, por primera vez, en Cliffton house, aquel apartamento mítico donde vivían solo amigos y donde ocurrían cosas tan divertidas y era tan acogedor que apenas salíamos a la calle o en los bares durante días. Con excesos varios o tardes tranquilas viendo documentales y series griegas de los 90s, esto era como estar en casa, con la familia, la familia elegida, los amigos. Y el espíritu Navideño me invadió de nuevo con todo su esplendor.

¿Y que tiene que ver todo este delirio de recuerdos con la canción de Yo la Tengo? Pues mucho. Es Navidad. La gente que quiero con locura está esparcida entre Atenas, Londres, Barcelona, Berlin, Madrid, Nueva York, Munich y Thesalonica. He aprendido vivir con esto pero cuando se acerca la época de las luces en los árboles  y las ganas de compras compulsivas, se apodera de mi una gran urgencia de tenerlos todos en un lugar. Muy egoísta de mi parte, lo sé, y muy iluso. ¡Pero lo que daría para poder realizarlo! Pongo “It´s Christmas Time” e imagino que cada uno de mis brazos mide diez metros y que si los cierro, allí dentro de mi abrazo caben todas las personas que quiero, necesito y no sería nadie sin ellas. Y ojalá tuviera docenas de bocas. Así me sería mas fácil besar cada una de estas personas y decirle “¡Te quiero, feliz navidad, ojalá tengas un nuevo año maravilloso!” mientras “It´s Christmas Time” sonaría en bucle. ¡Es navidad, demos alegría a nuestros amigos y vecinos!

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