Canciones para la ocasión: «Dawning» de Tamaryn

jueves, 12 septiembre, 2013

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Canción para contemplar la primera luz del alba desde algun lugar lejano y sumergirse en la melancolía “vacacional”.

Todas las canciones del grupo californiano Tamaryn son paisajes sonoros crepusculares, odas a este espacio sentimental y mental que oscila entre la realidad y el sueño, como cuando nos quedamos dormidos pensando en cosas bonitas mezcladas con recuerdos agridulces. “Dawning” es para mí el momento cumbre del disco. Desde su primer acorde de guitarra distorsionada de colores shoegaze te envuelve como una manta que pones en tus hombros una de estas últimas noches de verano en algún lugar donde hace mucho viento.

La letras de la canción son crípticas y procuran más bien dar una sensación general que contar una historia. En ellas se entrelazan cadenas que se deshacen, cambios, el deseo profundo, el cielo imenso, la estrella muerta, el mar cruel, la luz dura. Y el alba, esta frontera entre la oscuridad de la noche y la luz del día, este momento crítico cuando los sueños bellos se esfuman para dar paso a una realidad cruda o cuando las pesadillas se evaporan para que la seguridad vuelva. En otra canción, la clásica de los 50´s-60´s “This is dedicated to the one I love” hay la frase “…y la hora más oscura es justo antes del amanecer”. “Dawning” es un homenaje a esta hora en particular y bebe de este sonido delicioso y onírico de los primeros Lush, Ride, The Heart Throbs o Slowdive y para un hijo de los años 90 como yo, este hecho añade una capa extra de nostalgia para una era perdida, más inocente y pura, por lo menos en mi cabeza.

El recuerdo personal que tengo de esta canción es el final de la fiesta y la llegada del alba en el bar Madres en la isla de Anafi. Cuando pincho allí con mis amigos, es una de las canciones del cierre. Madres es un bar peculiar, probablemente mi favorito de todo el mundo, construido en la cima de una colina borascosa. Desde un lado se ve el pueblo de Anafi, ubicado en la cima de un acantilado en la montaña de enfrente. Desde otro lado se ve el mar Egeo, inmenso, profundo y salpicado con las manchitas de algunos islotes rocosos y deshabitados. Y desde el lado oriental se ve, cuando la luna esta al punto de llenarse o cuando amanece, el monolito de Monte Kalamos, una formación gigantesca de casi 500 metros de altura. Detrás de aquella roca es donde empiezan a aparecer los tonos rosados y amarillos de la salida del sol. La noche se desvanece lentamente y el perfil de Kalamos se separa de la cada vez mas reducida oscuridad del cielo y empieza a estar cada vez mas definido hasta que forma una especie de polígono negro en el horizonte. El color del cielo se pone mas clarito cada vez. Y allí y así, en aquel momento de belleza que te quita el aliento, mientras el viento aulla, me coge de la mano la melancolía vacacional. Es una sensación que me ocure año tras año pero desde que salió el disco de Tamaryn, tiene banda sonora.

Porque las vacaciones no solamente son alegría y diversión. También son el momento de parar y reflexionar. Son un claro corte entre el pasado y el futuro, el parón antes de la nueva temporada. Y su propia naturaleza la encuentro triste y bonita, como la vida de estas flores que no viven más de unos días, eso sí, intensamente, y en un plis se convierten en un recuerdo. Los días de “vino y rosas” (o en mi caso de raki-orujo de graduación alta- y mezedes, las tapas típicas de Grecia), los tiempos perezosos y sin preocupaciones con amigos, no están hechos para durar más que un breve instante.

Durante las vacaciones siempre tengo tiempo por doquier para sumergir en preguntas existenciales o prácticas, recordar el pasado y contemplar el futuro, siempre tan incierto. ¿Cómo va a ir este año que viene, voy a conseguir realizar algo de mis sueños o seguiré pululando como un pollo con la cabeza cortada? Y como no, me acuerdo de todas estas vacaciones amorosas que he hecho a lo largo de los años, en las islas griegas, siempre tan secas y azotadas por el viento, y me pregunto porqué el amor siempe tiene que acabar. En “Dawning” hay un frase que dice “¿Pensaste en mí cuando llegó el dia?”. No tengo la mínima idea de que día está hablando la cantante pero sí que sé que todos hemos a veces nos hemos preguntado de si nuestros amores pasados a veces piensan en nosotros como nosotros pensamos en ellos. No con tristeza, no con añoranza, sino con ternura. ¿Aparecemos en sus cabezas y en sus sueños? Cuando llega el alba y la primera luz alumbra la oscuridad ¿es el principio de un nuevo capítulo o seguimos pululando encima de las antiguas ruinas, cometiendo los mismos errores?

Y si este año estoy acompañado de alguien y siento que el Amor, este dios cruel y caprichoso me ha tocado de nuevo, puedo mirar al rostro de mi querido sin acordarme del pasado y sin temer que algun día me haré a mí mismo la pregunta “Did you think about me when the day came?” sabiendo que él ya no me puede oír, está muy lejos de mi colina de una isla rocosa castigada por el viento y besada por el mar Egeon.

Dawning
Somethings changed
run to your house
undo the chains
…I woke up wanting you
did your heart succeed
the way you want it to
in love, do you remember
when the day came
quite suddenly

spinning the darkness
spin in the dark night away

so I question your name
did you think about me
when the day came
I saw it wash away
the me in you
as sorrows do

…you’re a vast sky
you’re a dead star
you’re a cruel sea
no matter if you are
it’s a hard light
when the hearts sees
that it beats alive

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