Björk y el amor omnipresente

martes, 21 julio, 2015

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Con cierta rabia recibí la noticia que Bjork tocará en Barcelona en finales de julio, en un momento en que yo no puedo estar en la ciudad. Unos meses atrás quizás hubiera pasado por alto del concierto. Fuí muy fan de ella durante sus sus 5 primeros discos pero sus últimos trabajos me dejaron bastante indiferente y con la sensación que esa hada del pop bizarro y posmoderno se estaba convirtiendo al equivalente musical de la loca de los gatos con delirios avant garde añadidos. Los estribillos, las melodías y los ritmos animados se iban desapareciendo al paso de los años y parecía que todo se volvía demasiado oscuro y pesado. Este fenómeno no es tan extraño en los genios de la música, acordemosnos de Scott Walker por ejemplo cuyos últimos trabajos son imposibles de escuchar y parecen grabados en el abismo. Poco a poco Bjork empezó a darme pereza y la dejé estar.

Los años pasaron sin ella presente en mi panorama aural hasta que su último disco salió, un trabajo amargo y doloroso, donde documenta el final de su larga relación amorosa con el artista Matthew Barney. El disco en sí no me llegó mucho pero fue la perfecta excusa para ponerme a escuchar su música antigua de nuevo y recordar instantáneamente porque la solía adorar: por su gran originalidad y su capacidad de penetrar el psyche humano entre otras razones. También recordé con escalofríos el concierto de ella que vi en el sonar de 2003, durante mi primera visita en Barcelona, el comienzo de una etapa que ya lleva casi 12 años.

La versión de single de «All Is Full Of Love» había sido una de mis canciones favoritas de Bjork desde el principio. Su música misteriosa y su mensaje cósmico pero tremendamente humano creaban ecos en las cavernas de mi alma post adolescente. Anhelaba por ese amor verdadero que daría un sentido añadido a una existencia que pululaba entre bares y discotecas, entre casas de amigos y la casa de mis padres, entre la universidad y las clases de piano, entre el vino barato y los porros, entre los chicos y las chicas. Todo era confusión y no conseguía hacer que ese amor surgiera. Cuando me enamoraba de alguien, no me hacían caso o duraba muy poco y acababa con el corazón roto. Cuando alguien se enamoraba de mí, yo sería el monstruo. Tras varios pequeños y grandes catástrofes sentimentales, conocí a un chico y sin ningún drama, ningún gran esfuerzo, ninguna obsesión, todo funcionó a la perfección por lo menos durante un tiempo, hasta que dejó de funcionar. Desde aquel momento la canción de Bjork fué un especie de mantra sobre mi vida amorosa. Por mucho que me haya quedado colgado en personas que no correspondían de la manera que yo hubiera deseado, al final siendo receptivo y con las antenas alertas, el amor me llegaba, siempre desde direcciones inesperadas. Desconocidos me entregaban y me siguen entregando con generosidad lo que me hace falta.

Hace muy poco la canción cobró un segundo sentido para mí. Panayotis, mi mejor amigo, tuvo un accidente absurdo y falleció. El shock fue y sigue estando tremendo. ¿Como puedes asimilar la perdida de la persona en la que has depositado tu amor incondicional y con quien piensas que te harás mayor, gruñón y artrítico? Cuando me anunciaron que su condición era terminal sentí como si me arrancaran no solamente el corazón sino la caja torácica entera, como si el vacío se apoderara de mi cuerpo dejándome como una cascara.

Lo que ocurrió en seguida es que ese gran vació se llenó por completo de amor, amor que vino desde cada dirección posible. Los amigos, mi familia, la familia de Panayotis, hasta simples conocidos. Estando en Barcelona todavía, mis amigos se ocuparon en hacerme la espera a que volara a Atenas más llevable cada uno en su manera. En Grecia ya, las largas esperas en el pasillo del hospital y el mismo funeral fueron unas grandes celebraciones de amor entre gente que se unió por la misma causa, la de honrar y despedir a su ser querido y a la vez para apoyarse mutuamente. Mirase por donde mirase, se veían grupitos de amigos mezclados con parientes mezclados con conocidos abrazándose fuerte, dando ánimos el uno al otro, acariciándose, dándose besos. Mirando alrededor a estas escenas me era imposible no acordarme de la canción de Bjork. La islandesa tenía razón una vez más. El amor está por todas partes y hasta en los momentos mas difíciles puede surgir por fuentes inesperadas. Espero que Panayotis nos viera desde algún lugar y que se sintiera muy satisfecho por esa gran celebración del cariño, afecto y ternura entres los humanos. Eso fue su último regalo a nosotros y «All Is Full Of Love» de Bjork me recordará siempre esto y seguirá alumbrando el camino, hasta en los momentos mas tenebrosos.

You’ll be given love
You’ll be taken care of
You’ll be given love
You have to trust it

Maybe not from the sources
You have poured yours
Maybe not from the directions
You are staring at

Twist your head around
It’s all around you
All is full of love
All around you

All is full of love
You just aint receiving
All is full of love
Your phone is off the hook
All is full of love
Your doors are all shut
All is full of love!
All is full of love, all is full of love
All is full of love, all is full of love

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