Barcelona 2013 en cinco películas

martes, 31 diciembre, 2013

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Parecen lejanos –tapamos los oídos a todo lo feo- los días en que Woody Allen paseaba su cámara por nuestra ciudad. Una ciudad sobre la que pesa el prejuicio de su fealdad cinematográfica, de que cuando ruedas en ella, o en sus pisos, se contamina demasiado su localismo estético. Eso no ha sido óbice para que tanto los responsables de producciones españolas como las populares -oídos tapados aún- «Tres Metros sobre el Cielo» o «Tengo Ganas de Ti» supieran rodarla como Godard a Anna Karina, así como producciones internacionales tal que «The Gunman» eligieran pelearse por grabar una corrida aquí y no en cualquier otro sitio. Aquí. En la ciudad no-rodable.

La ciudad que es cabeza de título para «Barcelona, nit d’estiu» (Dani de la Orden), auténtico éxito de público al comprender que si las ventanas de exhibición corren sus cortinas, no queda más que echar tabiques abajo. La gente no ha tardado en reprocharle a la cinta su parentesco con la sensibilidad popularizada por los comerciales de Estrella Damm -evidencia acrecentada por su posterior patrocino- de la que De la Orden consigue escapar en pequeños grandes destellos donde vence la visión no-triunfalista de la ciudad en la que vive: significativas son las grúas que cortejan La Sagrada Familia y que la película muestra sin pudor.

Tanto «Barcelona, nit d’estiu » como en «Hooked Up» (Pablo Larcuen) se producen significativas secuencias dentro de la popular discoteca Apolo, aunque el mérito de la segunda es convertirla en cuna de males aterradores. La visión que Larcuen hace de Barcelona responde a la del joven foráneo, pues sus protagonistas y los visados de estos proceden de Estados Unidos, en busca de sexo esporádico, alcohol barato y sombreros mejicanos. Primer film rodado íntegramente con un Iphone, el giro que Pablo ha hecho hacia el terror ha sido lo suficientemente satisfactorio como para ser apadrinado por Jaume Collet Serra en éste, su debut. Y por si fuera poco, suenan Piñata! en los créditos iniciales.


La fiesta desenfrenada de la primera parte de «Hooked Up» es el puro anhelo no encontrado por Dídac Alcaraz durante la oda a su persona que supone «Mi Loco Erasmus» (Carlo Padial). Quizás la muestra más honesta de lo que algunos entienden por Barcelona la encuentren en el estudio casi en ruinas de Dídac, por mucho que el protagonista de la cinta resida en las afueras de la ciudad. Si Larcuen era pionero en el método de grabación de su película, los responsables de «Mi Loco Erasmus» (Alcaraz, Padial, de Diego) también son pioneros, del siglo XXI, en el género -sin figuras retóricas ni erratas- que alumbran con su también debut en el largometraje: el falso falso documental.

La desolación barcelonesa de «Mi Loco Erasmus» es tan extensible –en el tiempo y el espacio- al resto de territorio como a «Ayer no termina Nunca» (Isabel Coixet), en las antípodas de la película de Padial y en el mismo barrio que el resto de filmografía de la directora. Aun situando la acción en una Barcelona inundada de calendarios fechados en 2017 y páginas de diario que auguran un décimo Balón de Oro abrillantado por Leo Messi, la película se aferra a los males endémicos actuales de toda la Península. Estéticamente atemporal y ensayística, supone además el reencuentro de Javier Cámara y Candela Pena como (no)pareja cinematográfica tras la increíble Torremolinos 73.

Es paradójico que, al contrario y por último, la que más se parece a una película que apela a un futuro pseudo-apocalíptico de la ciudad narre una ficción precisamente enmarcada en el año que esta semana termina: a «Los Últimos Días» (Àlex y David Pastor) le pesan muchas cosas, pero el retrato de lugares emblemáticos de la capital catalana exentos de personas, anegados de vehículos abandonados y con animales salvajes recorriendo la ciudad a sus anchas seguía pareciendo impresionante una vez ya abandonada la sala de cine y andando esas mismas calles, así como el bello primitivismo que inunda la ciudad para el cierre de la cinta.

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