¡Venga, venga, venga!

martes, 18 diciembre, 2012

Por

 


Todos los años ponían un guiñol en una plaza de mi pueblo; en la que había subiendo las escaleras desde la calle mayor, a la derecha, según decía el programa de fiestas. Yo aprendí así a distinguir cuál era la derecha y cuál la izquierda. Aprendí también, ya una vez subidas aquellas escaleras, ya una vez sentada en el suelo mirando al escenario, que en el guiñol hay que gritar.

Había que gritar ‘¡El lobo! ¡El lobo!’, había que gritar ‘¡La bruja! ¡La bruja!’ dependiendo de cuál de los dos viniera, para que el idiota del príncipe se diera la vuelta y ninguno de los dos le atizara con el garrote, cloc, cloc, en toda la cabezota hueca de pasta dura. ¿Que por qué les cuento esta batallita? Porque me acabo de leer ‘La cápsula del tiempo’, de Miqui Otero. ¿Que por qué me ha recordado a esto ‘La cápsula del tiempo’, de Miqui Otero? Porque durante la lectura, cada vez que me encontraba ante un ‘ahora vete a la página 27 o a la página 168’? Esperaba que una vocecilla me chivara a gritos desesperados: ‘¡A la 27! ¡A la 27!’ Pero me encontraba con que no había vocecilla, ni siquiera la de la lógica, ni siquiera la de la razón, que es la que nos suele resonar por dentro en la vida real en los momentos de las grandes decisiones.


Es un desvarío de grandes decisiones ‘La cápsula del tiempo’, de Miqui Otero. Es para volverse loco. Si la primera novela de Otero (‘Hilo musical’) pasaba en un parque de atracciones, este libro ES un parque de atracciones.

En un parque de atracciones uno va a que lo suelten al vacío, lo disparen hacia la estratosfera, lo estampen contra una veintena de coches que a su vez se estamparán contra el suyo también -¿o no es siempre un quid pro quo un choque frontal?- y a que lo mareen hasta el infinito en una reproducción de tacita de té escala 1.000:1. Y si entre atracción y atracción nos detuviéramos a escuchar la vocecita aquella de la que hablábamos -la delatora del lobo, la delatora de la bruja-, la muy chivata nos diría ‘¿Estás loco? ¡No subas!’; pero nosotros, erre que erre, iríamos corriendo de la montaña rusa al martillo y del martillo a los autos de choque, a darnos de hostias al ritmo del ‘venga, venga, venga’ de los hits de todos los últimos veranos; exactamente al mismo ritmo frenético al que se pasan las páginas, ahora hacia adelante, ahora hacia atrás, de ‘La cápsula del tiempo’, ese libro que es todo lo contrario a lo que su título anuncia; que tras las primeras páginas, en las que se avisa nada menos de que es un viaje en el tiempo protagonizado por no otro que tú mismo, lector, te acabas encontrando tomando siempre decisiones en riguroso presente, viendo si ir, por un camino o por otro -venga, venga, venga-, a donde Otero te lleve, llueva, nieve o haga sol.

Y ‘A mí, no me miren’, dice el autor en más de una ocasión. Vaya jeta tiene el autor: Como si no supiera que, vayamos a la página que vayamos, esto va a ser un no querer parar.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial