¡Vamos a un bar!: Lo Pinyol

viernes, 29 noviembre, 2013

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Desde que se publicó el primer artículo de esta sección anteriormente conocida como Barra Ilustrada, ningún bar situado por encima de la Diagonal había vuelto a protagonizarla. En aquella ocasión el elegido fue el Sonotek, un bar musical y eminentemente nocturno; en esta el tercio cambia y se vuelve más tabernero, aunque con el toque moderno que no podía faltar en la zona de la ciudad en la que está situado.

Que sepan todas aquellas almas peregrinas que suban desde el centro de la ciudad hacia el barrio de Gràcia en busca de ocio, que tienen un alto obligado en su ruta en el número siete de la calle Torrent de l’Olla. Lo Pinyol es un local recién estrenado en la zona que recupera la inestimable herencia de la tasca de toda la vida: barricas de vino, jolgorio intrageneracional y familiaridad, por obra y gracia de quien hoy lo regenta tras su reforma, Pau Raga —ex bibliotecaria—, y Carles Poy —artista y otrora gerente de una conocida galería de arte en la ravalera Doctor Dou, hoy extinta. Carisma bodeguero y aires ilustrados en perfecta armonía.


Local
Lo de sentirse como en casa no es una mera sensación en Lo Pinyol. Lo que antes era un espacio de apenas unos metros cuadrados es hoy una bodega de ilustre apariencia que, tras la reforma, ocupa también la parte trasera: en su día, una vivienda con patio interior. La disposición del local sigue atestiguando su antiguo uso e incluso hay estanterías con una selección de literatura para el cliente solitario o a la espera de compañía. Pero no sería una bodega sin las barricas de vino que coronan las paredes y los techos del local, la barra de madera donde departir con cualquier esporádico o recibir las buenas tardes de los dueños y las típicas mesas de mármol y hierro à la bistrôt. Si bien la reciente reforma le confiere esa pátina de lo nuevo, los dueños se han esforzado por dar lustre y recuperar lo que había, desde los objetos de decoración hasta los muebles de madera y, cómo no, esos tradicionales suelos hidráulicos tan barceloneses.


Carta
Que no se asusten los bolsillos porque los precios de nuestro protagonista de este mes son bastante asequibles, sobre todo si tenemos en cuenta que nos encontramos en Barcelona. El precio de la caña pequeña es un euro y además sus responsables ofertan diariamente combinaciones económicas como vermut y tapa del día por 3 euros o caña o vino y tapa por 2,70 euros. Si el hambre aprieta, se puede optar por algún pintxo como el de olivada, tomate y parmesano seco o el de queso brie, cebolla confitada y mermelada o también por unas croquetas de Montse & Laia o un buen guacamole. Un secreto: la tortilla de patata es una de las especialidades de la carta y en pocos sitios de la ciudad la hacen tan bien. Recordadlo cuando vayáis a pedir.


Parroquianos
Como os avanzábamos unos párrafos más arriba, Lo Pinyol no entiende de generaciones. En la parroquia de esta bodega no hay límites de edad ni imperativos estéticos: cualquier día entre semana, a partir de las siete de la tarde, podéis encontrar trabajadores de la zona que rematan la jornada con una caña, vecinos de la calle, reuniones de señoras en plena tertulia, el omnipresente moderno gracienc, parejas en busca de la mesa del rincón… Todos tienen algo en común: la búsqueda de esa sensación de bienvenida y refugio de la bodega, en buena medida gracias a la cercanía y la atención de quien la regenta. Sobran las etiquetas.


¿Qué hay cerca?
Casi saliendo ya del barrio de Gràcia se encuentra el conocido bar La Pepita (Còrsega 343), famoso por sus tapas y platillos y generalmente lleno a rebosar. También cerca de ambos se sitúa el 1 de Santa Teresa (Santa Teresa 1), una buena opción para comer, ya que ofrecen menú de mediodía a buen precio. Y en el número 27 de la misma calle Torrent de l’Olla, está el Café Pagès, en el que se puede llenar el buche con tapas clásicas como unas buenas bravas o unos huevos estrellados.

 

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