Visita exprés a la India

jueves, 13 junio, 2013

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Un secreto hindú en el Raval

En el Raval, en una calle que sorprende por ser tan desconocida a la vez que interesante, se encuentra un restaurante de comida indio-pakistaní que vale la pena conocer. Una vez crucéis el umbral del Zeeshan Kababish tendréis que despediros de Barcelona, porque comenzará el viaje que os transportará a conocer, a través de sus sabores, el país de las especias. Aunque no haya estado nunca en la India, después de comer en este restaurante puedo afirmar con toda seguridad que mi paladar sí que ha tenido ese placer.

Lo interesante es que han cuidado todos los detalles para llevaros de la mano en esta experiencia. Cuando entréis, desde una vitrina, un ejército de postres con forma de bolitas redondas y coloridas os dará la bienvenida. Unos pasos más hacia adentro, la vista se os irá inevitablemente hacia el fondo, donde aparecerán unas lámparas indias, un salón con aire oriental y unas características sillas de madera, que me llevaría a casa si tuviera más espacio. Sin embargo, contrario a lo que os podéis estar imaginando, el local es la mar de sencillo. Está lleno de pequeños detalles de los que a primera vista no os dais cuenta, pero que en su conjunto ayudan a que os dé la sensación de entrar en el salón de una familia india. Además, como todos estos detalles están mezclados con elementos antagónicos como un mantel de papel o una fachada típica del Raval, este restaurante guarda una perfecta sintonía de mensajes no verbales que despierta los sentidos, la curiosidad y que permite apreciar el encanto de la sencillez.

Los postres en la entrada

Gracias a la gran variedad de currys que ofrecen, en Zeeshan Kababish preparan especialidades de Pakistán y la India que no dejarán indiferente a nadie. Especias tan en boga últimamente, como el cardamomo o el jengibre, sazonan los platos y los complementan tan bien como la sal a una tortilla de patatas. Para el imaginario colectivo del paladar occidental, el curry es una especia y punto, pero nada más alejado de la realidad, ya que este es una mezcla de condimentos de la que hay muchos tipos. Este lugar es ideal para empezar a conocerlos. Además de currys ofrecen otras delicias de oriente, todas ellas detalladas en la carta. Un dato curioso que hay que destacar es que no venden bebidas alcohólicas, ya que como es un restaurante de comida halal, se rigen por las normas de la ley islámica. En contraposición, para apaciguar la sed que pueda provocar el picante, que se puede pedir al gusto, podréis probar unos zumos naturales resucitadores que sirven en vasos de metal dorado de lo más atractivo.

Los camareros desbordan simpatía y muestran una entera disposición a solucionar cualquier duda que pueda surgir respecto a la carta. Cuidan a sus comensales, aspecto que hoy en día se echa de menos en el mundo de la restauración del ciudadano de a pie. Una vez sentado en la mesa, elegir será un éxito porque todo está riquísimo. Los curris vienen en cuencos de metal sacado directamente del horno tandoori. Hay que pedir arroz para acompañarlo y os recomiendo el típico pan plano llamado naan, del que se puede pedir normal o con queso. En un abrir y cerrar de ojos la mesa se llenará de comida, entonces ya podréis desabrocharos el cinturón porque el viaje ha entrado en velocidad de crucero. Un placer constante asegurado hasta el final.

Mesa para dos

Nosotros pedimos un pollo con una salsa de cardamomo, jengibre, ajo y nata. Luego otro pollo cocinado con una masala parecida en ingredientes, pero de sabor excepcionalmente diferente. Lo acompañamos con arroz y con naan. Estamos en occidente y se nos permite, ya que en la India los currys se suelen acompañar o con arroz o con naan. Para ellos comer los dos juntos sería como para nosotros juntar pasta con pizza. Pero es que las tres salsas que traen a la mesa imploran a gritos ser comidas con pan, ¡y qué mejor opción que un naan recién horneado!

Tacita de té

Se come muy bien por menos de quince euros por persona. Podéis pedir un par de platos y compartirlos, las porciones son grandes y así podréis probar dos especialidades diferentes. Este lugar no defrauda, os proporcionará lo que esperáis y eso no se puede comprar. Es un descubrimiento que se vuelve un imprescindible en la agenda culinaria barcelonesa. Así que si estáis con antojo de comida india después de ver alguna película del ciclo “L’Índia al Raval” de la programación de junio en la filmoteca, este restaurante es sin duda vuestra próxima parada.

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