Un Manhattan en Poblenou

viernes, 13 febrero, 2015

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Imagen: Google Street View

Más allá de la considerada zona centro también hay oportunidades de ocio, alejadas de las hordas de clientes (tanto empadronados como visitantes) que saturan las barras de los bares más apetecibles. Unas cuantas paradas de metro más allá de Jaume I en la Línea 4, se llega a Poblenou, un barrio que sigue manteniendo la esencia de lo familiar pero que se está abriendo rápidamente a la modernización. Bien sea por una aspiración de renovación generacional, bien por la imparable gentrificación que sufre la ciudad, lo cierto es que en sus calles se esconden barras que merece la pena visitar. Aunque sea por el afán de aventuras. Y allí en el número 196 de la calle Pujades se encuentra el Bàlius.

Puntos fuertes:
Cócteles bien preparados.
Decorado esforzado.
Una oportunidad para salir del centro.

Las mil caras del local
Aunque el local siga narrando su presente con otras voces y otras vestiduras, tiene una vida más que centenaria, de esas que se van descubriendo en estampas antiguas, linajes familiares antediluvianos e historias de boca a oreja contadas en las plazas de los barrios. Se dice que el Balius abrió sus puertas por primera vez en torno al año 1900, aunque sus orígenes están maltrechos por los numerosos cambios de dueño y usos: alojó un negocio de aceites que se transformó en una tienda de ultramarinos de nombre La Palma y, a la postre, en droguería. En 1983 la familia Balius (propietaria de una afamada ferretería del barrio) se hizo con el mando y continuó aplicándole ese mismo uso hasta que se hizo el silencio de nuevo.

Un clásico… ¿moderno?
Una vida tan atribulada como esta no puede sino ir dejando su impronta: la actual coctelería ha mantenido el nombre y la cartelería originales, cuyo diseño en tipografía blanca y azul es ya un emblema del barrio. Los interiores conservan ese aire años 50 de perfumería refinada y todavía se mantienen algunos elementos decorativos como la vitrina expositora de la pared frente a la barra: una joya de mobiliario que logra mantener en pie la elegancia del local. La decoración clásica de la antigua droguería se ha completado y actualizado con mejor o peor suerte con piezas de diseño más actual (como las sillas y el papel pintado) y un profundo lavado de cara para adaptarlo a su nueva faceta como coctelería con aires de postín.

Pese al esfuerzo del actual regente por mantener abierto un sitio tan emblemático para el barrio como el Balius, no esperéis encontrar tradición y familiaridad al cruzar sus puertas: es un bar moderno con ambiente ídem, y a quien busque ese “caliu” de lo de siempre le parecerá un tanto impostado. Es una buena noticia poder disfrutar en pleno Poblenou de un local cuidado y con carácter como este, sobre todo desde que por la famosa rambla que vertebra el barrio circulan más turistas que oriundos y se ven más franquicias que otra cosa, aunque es difícil dirimir si la reapertura del Balius es una alternativa útil para el vecindario o una consecuencia del fenómeno de turistificación que sufre la zona.

Agitado pero no revuelto
El Balius es un sitio ideal para empinar el codo, pero con pose. Su carta está compuesta básicamente por cócteles cuyos precios rondan los 8 euros, organizados por categorías como “Bajos en alcohol”, “De autor”, “Clásicos” o “Cóctel de vermú”. En cada una de ellas se pueden escoger entre numerosos combinados de nombres sugerentes como Red Chocolat Tea, Marilyn Martini, Manhattan, Negroni o Vesper Martini, por poner sólo algunos ejemplos. La versatilidad de su oferta puede apreciarse nada más entrar: tras la barras se exponen botellas de todo tipo y color que sirven como atracción al cliente con ganas de beberse una buena copa en un ambiente propio de ficciones como Mad Men. Los más prosaicos también tienen la opción de beberse una cerveza de las de toda la vida, con o sin alcohol, un dato que a priori puede parecer irrelevante pero no lo es tanto.

Una vuelta por el barrio
Más allá de los barrios asociados al ocio como Gràcia, el Raval o Poble Sec, en el resto de la ciudad también hay lugares más que interesantes. Por ejemplo, en la Rambla de Poblenou está El 58 (ubicado precisamente en ese número de la calle) con un patio interior de maravilla. Los amantes de la cerveza encontrarán su sitio en, precisamente, La cervecita (Llull, 184) que además de barra, tiene tienda. Y en la bodega Alaparra (Pujades, 136) se puede tomar unas copas de buen vino y llevarse a casa unas cuantas más para seguir disfrutando.

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