UN LOBO CON PIEL DE LENTEJUELAS

jueves, 13 octubre, 2011

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Mañana viernes podremos disfrutar del directo en la sala Apolo de uno de los talentos más inquietos del panorama musical actual (con permiso de la islandesa, claro). Sus directos no dejan indiferente a nadie. Su extravagante imagen y su intencionadamente ambigua vida personal hacen de Patrick Wolf un astista total e inconfundible. Wolf es ese extraño caso del niño prodigio que no cayó en desgracia.

Con once añitos este londinense ya dominaba el violín y hasta había construido su propio theremin. Cuatro años después dejaba sus estudios musicales colgados para irse a tocar por las calles con un cuarteto de cuerda llamado Maison Criminaux, que por extraño que pueda sonar, le daban al white noise.  Hasta que un día un capo de Capitol Records vio su potencial. En 2003 y con apenas un pie puesto en la veintena Patrick ya tenía su primer disco en el mercado, una oscura maravilla llamada Licanthropy que llevaba componiendo desde los 14 años. Nos hallamos con una hipnótica mezcla de electrónica y folk (complementada por una gravísima y potente voz) que enseguida elevó a a Wolf a la categoría de compositor de culto.

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To the lighthouse fue uno de los cortes más celebrados de Licanthropy

La fama del más moderno (y raro) de la clase precede a Patrick Wolf. No obstante si escuchamos su repertorio y miramos debajo de la alfombra electrónica, veremos que donde más hunde sus raíces es en el folklore tradicional. Los instrumentos le delatan. A lo largo de su intensa carrera podremos encontrar el dulcémele de los Apalaches, caja de resonancia de cuerda pulsada originaria de las montañas que le dan nombre pero también típico de Casasimarro (Cuenca). También el duduk, instrumento de viento armenio popularizado por Scorsesse en La úlitma tentación de Cristo y más recientemente en la banda sonora de Battlestar Gallactica, entre otras.

Más modernas son las ondas Martenot, compuestas por teclado, altavoz y un generador de baja frecuencia. Este instrumento monofónico (solo puede reproducir una nota a la vez) creado en 1929 ha sido utilizado por Brian Ferry, Radiohead y Yan Tiersen. Completan la galería un baschet de cristal, especie de órgano de 54 tubos cromáticos, y una armónica también de cristal que, pese a lo que su nombre pueda llevar a pensar, consiste en unos cilindros que producen sonidos por fricción al rodar contra las manos.

Pero Wolf no es un virtuoso al uso, sino que combina sus extensos conocimientos con una libertad creativa bastante al margen de la ortodoxia. Owen Pallet,  The Hidden Cameras o Arcade Fire han hecho buen uso de sus conocimientos de viola. Instrumentación barroca, coros y secciones orquestales de cuerda completan de manera habitual sus composiciones. La experimentación ha sido constante a lo largo de sus cinco álbumes de estudio. Ninguno suena igual que el anterior. A partir del tercero, The Magic Position (2007), dio quizás su más sensible golpe de timón hacia melodías que ganaban en épica y luminosidad.

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The Magic Position: el paso de Patrick del blanco y negro al technicolor

Esta semana presenta en directo en España su última entrega, llamada Lupercalia (2011), a vueltas siempre con los lobos. Escuchar su primer single The city hace que el invierno se transforme en verano de un plumazo, y que casi casi sintamos la hierba mojada en nuestros pies descalzos. Pura emoción pop.

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The City: tan perfecto como un anuncio de Tommy Hilfiger

 

 

 

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