St Vincent: dulce crueldad

miércoles, 13 junio, 2012

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St. Vincent no es la que era cuando apareció en noviembre de 2006  sobre el escenario de un repleto Casino de la Aliança, como telonera de Sufjan Stevens, cantó «Marry Me» y encandiló a más o menos las 1000 personas que allí estaban presentes. Puede que ya entonces denotara un gran talento pero era difícil adivinar que tan pronto se convertiría en una artista con una carrera de una coherencia musical y audiovisual impecable.

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St Vincent en 2007

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St Vincent en 2011

La sorpresa fue cuando en la pasada edición del Primavera Club se plantó con su excelente banda ante un Casino de l’Aliança casi lleno, que esta vez sí, la esperaba a ella. Si las canciones de Strange Mercy cortan, inquietan y conmueven a partes iguales, incluso algunas generan una pequeña molestia –algo que ella adjudica, no sabemos si en broma o en serio, a la frecuencia de banda utilizada, tal y como explica en esta entrevista de Banella Pellisa para Go Mag: «Entre los doce y los dieciséis KHZ. Ahí es donde habita el rumor de la ansiedad»– , es en su directo donde combina a la perfección oscuridad y efectividad. Clark profesa un dominio total de la guitarra, que se mide no sólo en su virtuosismo y en cómo lo utiliza: no estamos ante una artista que haga exhibicionismo gratuito, sino que deconstruye e interpreta con total precisión.

Portada de "Marry Me" (2007) y "Actor" (2009)

Con 29 años y una carrera musical envidiable –además de Sufjan, antes había formado parte de The Polyphonic Spree, y ya tiene tres discos bajo el brazo–, destaca también la armonía visual de sus vídeos y de las portadas de sus discos. En cuanto a estas últimas, casi  pueden construir una narración visual en la que nos vamos aproximando a ella misma, desde el plano medio de Marry Me, pasando por el primer plano de Actor, hasta la desaparición de ella misma en pro de una angustiante imagen en la que solo vemos su boca en un grito apagado por un plástico. Casi como si de una trilogía se tratara.

Portada de Strange Mercy

St Vincent sabe valorar y explota el poder de su propia imagen –no en vano protagoniza siempre sus vídeos–. Demuestra una plena consciencia de la objetivización a la que históricamente se ha sometido el cuerpo femenino en los discursos artísticos. Juega constantemente con estos conceptos,  y apropiándose de ellos consigue subvertirlos. Lo hace de manera evidente en su último vídeo «Cheerleader», en el que una versión gigante de ella misma está expuesta en la sala de un museo, a la vista de los curiosos. El personaje que ha creado a través de la imagen es el de una mujer bella, fría y frágil, pero a la vez enorme su réplica de porcelana. «I always saw her as a really ornate layer cake, but filled with knives. So the idea of scaling a fragile porcelain figure into the size of something almost ominous was interesting to me», dice Hiro Murai, director de Cheerleader, en esta entrevista.

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Videoclip de Cheerleader

Chica formal de aspecto dulce pero distante, con un universo detrás que se antoja impenetrable. Se escenifica a ella misma víctima de un secuestro por parte de una familia convencional en «Cruel» y posteriormente nos muestra un catálogo de incapacidades a la hora de desenvolverse en el entorno doméstico en el que (por su condición femenina y su aspecto) se presupone que debe encajar. «Bodies… cant you see what anybody wants from you». Exhibe su talento (a la guitarra) pero no sus sentimientos. No les da lo que esperaban de ella, no tiene cabida aquí, así que la entierran viva. Sin pestañear mientras le cae la tierra encima, sin perder la (in)expresión de su rostro, acepta su castigo.

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Videoclip de Cruel

Apunto de lanzar un disco con David Byrne, con un single nuevo recién editado, y con conciertos en los que acaba tal que así. El 20 de junio tenéis la gran oportunidad de verla en la Sala Apolo.

Barcelonés está editado por
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