Para las exigencias invernales

jueves, 11 diciembre, 2014

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Muchos miramos al norte con emociones enfrentadas: el inclemente y eterno invierno se contrapone a cierta promesa de bienestar social. Y aunque aquí disfrutemos de otra promesa, la de un clima amable, hay que reconocer que el abrigo de un bar mientras afuera azota el frío es sinónimo de confort. Si hablamos del bar como refugio, el Café Suec, justo detrás de la gracienca plaza de la Virreina, es el sitio con reminiscencias nórdicas donde disfrutar de un idilio con el invierno al calor de la buena compañía y la cerveza cuando empieza a caer la noche.

Puntos fuertes
Íntimo y resguardado del bullicio de la activa plaza de la Virreina.
La plazoleta junto al bar permite desplegar una amplia terraza bien atendida.
En pleno centro de Gracia sin los sablazos económicos habituales en la zona.

Hablemos de Gràcia
El Café Suec tiene la suerte de encontrarse en un lugar privilegiado: justo detrás de la concurrida Virreina. Al buen conocedor del enclave la palabra suerte le puede sonar a pura ironía, y es que los precios de los bares que circundan la iglesia son absurdamente caros para el barcelonés de a pie. Además el trasiego constante de turistas que se aposentan en las terrazas es un elemento un tanto desalentador: esas son las lides de la gentrificación. El servicio tampoco suele ser de 5 estrellas, pero vamos a dejarlo ahí. El Café Suec mantiene con vida a una clientela conocedora y asidua a base de precios contenidos y un servicio solvente. Como curiosidad, debéis saber que el nombre del bar no es una mera pose: su dueño, Michael, proviene en efecto del país escandinavo y este es, por así decirlo, su homenaje.

Qué vas a encontrar
El local se presta a dos versiones de ambiente y congrega a una clientela, podría decirse, heterogénea (aunque también depende de la hora): es idóneo tanto para una conversación relajada y en la intimidad como para una reunión de grupo regada con cerveza.

Además de bebidas, en el Cafè Suec también se puede llenar la tripa. Aparte del clásico bikini, olivas o patatas de bolsa (que siempre salvan una merienda) tienen una extensa carta de torrades. Los precios van de los 4 a los 7 euros aproximadamente, acompasados a la variedad de combinaciones: desde un clásico fuet hasta salmón con salsa sueca o sobrasada de Mallorca con queso manchego y miel. Para todos los gustos.

La terraza en la plazoleta aledaña pone el broche de oro, para los más osados cuando aprieta el frío o los fumadores impenitentes. Aviso para los diurnos: si vais antes de las seis de la tarde, lo encontraréis cerrado; es un bar eminentemente nocturno.

Para seguir la ruta
Cerca encontraréis el Sonotek, del que ya hablamos por aquí cuando esta sección comenzaba a dar sus pasos y que no podemos dejar de mencionar una vez más.

L’Amistat es un pequeño bar en la calle Torrijos que ha sobrevivido la modernización implacable del barrio donde siempre encontraréis sitio y solaz. El Châtelet, también en Torrijos, es un bar de copas muy popular en la zona (y que siempre está lleno a no ser que os asoméis por allí bastante temprano, pero sus combinados bien merecen la pena). Si el hambre abunda pero no así el dinero, en la calle Topazi está el Casa López, donde por pocos euros se pueden comer tapas a buen precio (patatas bravas, calamares, costillas, etc.) en un ambiente de bar de toda la vida, sin gentrificación ni historias.

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