Lailo: testimonio, vestuario y barrio

sábado, 15 marzo, 2014

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Jordi Vizcaíno, joven barcelonés muy inquieto culturalmente, tras varios viajes se dio cuenta de que la ciudad no tenía espacios de encuentro para artistas jóvenes alternativos. En 1989 encontró el actual local, un antiguo restaurante de productos macrobióticos que estaba absolutamente arrasado y quemado. Tras acondicionarlo, Lailo empezó a funcionar como un lugar de cultura y arte único en su época. Había exposiciones, danza, obras de teatro, tertulias y organizaban todo tipo de encuentros de filósofos, poetas, pensadores y creadores, siendo incluso de los primeros sitios en practicar capoeira. Un espacio atractivo y dinamizador sin los horarios rígidos de un centro cívico o un casal. Lailo era un éxito y Jordi decidió marcharse en lo más alto y seguir conociendo mundo. Es ahí cuando entra en escena su madre, Amparo Guillén, actual propietaria: “Llevaba casi 25 años dando clases en los Jesuitas y era un momento en el que me hacía gracia un cambio en mi profesión y como mi hijo tenía tan claro que se iba, me propuse guardarle el local y responsabilizarme”.

Amparo Guillén


Pero los vecinos empezaron a quejarse del ruido y desde el Ayuntamiento les llovieron los avisos de cierre y las multas. Junto con un ex alumno suyo arquitecto, Amparo ideó una solución: Lailo podría convertirse en una sala de arte o en espacio de reciclaje de piezas especiales. “Esto último me hizo gracia, ya que como además soy antropóloga, tenía muy claro el mérito del vestuario en cada época y cómo la ropa es una manifestación original y característica de la vida del hombre y de su cultura. Pero en esa época las tiendas de segunda mano tan sólo ofrecían prendas de los años 60 y 70. Esos materiales son simples mezclas de fibras sintéticas y tan sólo mirando un poco más atrás uno se puede encontrar sedas, algodones y bordados maravillosos. Esa fue nuestra apuesta”.

Vestuario y bandoleras originales Liceu

De esta forma, en 1993 Lailo empezó a adquirir prendas escogidas de todas las épocas y a la vez también utilizaba parte del local –una vez que se retiraban los burros con ropa- para organizar por las tardes algunas tertulias y otras actividades culturales, manteniendo así el espíritu inicial del local. Los míticos Chicos Mambo -que llegaron a tener un éxito increíble- empezaron aquí, o entre pieles buenas de Holanda se organizó una semana entera dedicada a la obra de Joan Maragall o uno podía encontrarse una tertulia literaria amenizada por un violinista. Pero para organizar eventos culturales de calidad la venta de ropa no era suficiente y los mecenas no aparecieron. Así la venta de prendas vintage fue ganando la partida.“Le quedó un gran recuerdo de esa época a la gente, muchos aún se acuerdan y cuando entran a vernos nos piden que volvamos a ser un motor cultural, lo cual nos da mucha ilusión”.

Lailo tiene toda una historia compartida y con su apertura nació la calle Riera Baixa como quien dice. “Cuando empezamos había sólo dos negocios, el bar Resolís que aún continúa y Matías Edison con la música, que llevaba desde los 80. Todo lo demás estaba arrasado y la calle parecía Beirut. La gente al ver el vestuario tan especial que vendíamos empezaron a abrir tiendas que resultaban ser complementarias de lo que hacíamos nosotros. Lo cual fue muy acertado, cuantos más comercios hay de un mismo sector, es un beneficio para todos, ya que lo que no encuentras en un sitio está en otro. La gente asocia ahora la calle a tiendas de ropa y música vintage”, recuerda Amparo.

Vestido único de Pertegaz


Ninguna otra puede presumir como Lailo de contar entre sus prendas con ropa original de funciones y óperas del Liceu o de tener piezas exclusivas de finales del siglo XIX y de principios del XX. Prendas muy especiales, bonitas y valiosas que son un testimonio de la evolución del trabajo de confección, de los tejidos y el diseño. “Cuando alguien muy mayor de la burguesía catalana muere, los familiares se encuentran verdaderos tesoros en sus armarios que no siempre saben que hacer con ellos. Nos los ofrecen y es ahí donde encontramos vestidos de firmas y marcas importantes como puede ser un Pertegaz, pero también ropa de modistos anónimos pero con una calidad en materiales increíbles, bordados a mano sobre tul, telas casi centenarias que imponen verdadero respeto. Tenemos incluso un batín chino de seda de principios del siglo XX bordado todo a mano, que nos lo vendió una señora de casi 90 años justo antes de irse a una residencia”, describe la propietaria y añade que “a veces vienen los estilistas de otras marcas y compran estas piezas para que su gente vea como se cosía antes y cómo eran los tejidos. Tiempo atrás los bordes no se hacían nunca a máquina, se cosían a mano, y no se hacían estrechos, sino con un poco de caída. Eso ha cambiado y ahora todos tiran de máquina y ésta estropea mucho la caída de una prenda. Un día me fui a una cadena comercial de ropa y empecé a tocar las prendas y todas tenían el mismo tacto sintético. Eso ya me hizo desistir ya que tienes que poder tocar algo y darte cuenta de que el tacto es diferente y único.”

Batín de seda bordado a meno de principios de sXX


Lailo es un espacio abierto y activo, pero con la cruz encima de la crisis y la inestabilidad del barrio. Hace años en una calle tan pequeña como Riera Baixa llegaron a ser más de 25 tiendas. Ahora luchan contra el estigma que muchos turistas tienen sobre la inseguridad y se adapta a los nuevos tiempos con su tienda online o incluso planteándose la posibilidad de abrir un espacio pequeño en una zona más comercial que actúe a modo de reclamo para los turistas. Sin embargo, el cliente más interesado es el artista. “Vienen muchos músicos, diseñadores, pintores y muchos estilistas de casas de alta costura francesas e italianas. No se dan a conocer diciendo que vienen de Dolce & Gabbana, pero cuando pagan y miras su tarjeta descubres quiénes son. Entroncamos así con los orígenes de Lailo ya que la mayoría de nuestros clientes son gente que es creativa, que valora su vida y es atrevida para ponerse ciertas cosas”, reflexiona Amparo Guillén.

La gente les reconoce que es una delicia encontrar esta tienda, traspasar sus puertas es sin duda entrar en otro mundo en el que no sólo encontrar piezas excepcionales, ropa que ha brillado en funciones y óperas, tejidos que no existen ya y piezas increíble; sino también una camiseta o un jersey o una pieza más cotidiana de otras épocas, con precios más asequibles, pero calidades imposibles de encontrar hoy en día.

Prendas centenarias del Liceu

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