La perla de oro

miércoles, 19 diciembre, 2012

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Detrás de tamaño nombre no se podía esconder sino un pequeño gran lugar. Es imposible no querer entrar, porque el encanto que transmite te atraerá hacia sus mesas de mármol para disfrutar de un viaje culinario exquisito. Este bar encierra la magia de una tienda con historia, ya que los dueños han conservado la esencia del colmado de barrio que antaño servía a los vecinos del Raval, manteniendo los jamones, las ristras de ajo o de pimientos secos colgados del techo y ofreciendo en los estantes una gran variedad de productos.

Es un lugar lleno de detalles en el que es muy fácil desconectar de la ciudad y dejarse llevar por el buen ambiente que se respira allí dentro. El hilo musical está al volumen perfecto para poder entablar una conversación con los amigos, sin tener que alzar demasiado la voz. Te dará la sensación de haber estado antes, y es que es un rincón tan acogedor e íntimo, que te hará sentir como en casa. Así consiguen que aunque esté lleno, no parezca que esté abarrotado.

Los dueños de la Perla de Oro son Julien y Anouchka, una pareja parisina-extremeña que en el momento de iniciar este proyecto, hace ya cuatro años y medio, decidieron darle un giro al antiguo colmado y pasaron del bocadillo para llevar al plato en la mesa. La pareja se había percatado de que al barrio le faltaba eso, y entonces crearon un lugar donde poder comer rápido y bien. Una de sus máximas es la calidad de los ingredientes, así que aunque el bocadillo cueste un pelín más que los bocadillos de a pie, vale la pena porque, sin duda, será uno de los mejores que podrás probar en el Raval. Y es que cuando la materia prima es buena el resultado siempre es óptimo. Una vez al mes van a Francia a buscar productos para elaborar su menú. Y en cuanto al pan, ingrediente importante y a menudo olvidado en los bocadillos ordinarios, cada día lo traen del paraíso de la harina: la panadería Baluard, situada en el barrio de la Barceloneta.


Abierto desde las 8:30 hasta las 24:00, este lugar ofrece cobijo durante el día tanto a los vecinos de la calle Unió, como a los transeúntes que se acerquen hipnotizados durante la tarde-noche; a unos sirviéndoles el desayuno o la comida y a los otros la cena. Y es que como ya he dicho antes, es un colmado para comer y saborear allí mismo la infinidad de quesos franceses, de cervezas de exportación, de tapas, ensaladas y, en definitiva, toda clase de delicatessen a un precio muy accesible. En otras palabras, delicatessen lowcost. Por ejemplo, si vas entre las 19:00 y las 21:00, podrás comer dos montaditos acompañado de una copa de vino o de cerveza por 3,60€.

El lugar es pequeño pero dispone de una sala privada que se puede reservar para grupos. Pero si vas a ir solo y con ganas de comer un bocadillo, desde luego es la mejor opción, mucho mejor que cualquier bocadillo reseco, de esos que te lastiman el paladar. La relación calidad-precio vale la pena y, además, la gran variedad que ofrecen es espectacular. Todos están pensados estratégicamente, teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle, para ofrecerte una perfecta combinación de sabores. Yo probé el “caprese”, que consiste en mozzarella, tomate y olivas negras por 4,50€ más una cerveza por 2€. Fue una experiencia religiosa. Sin embargo, me consta que el de jamón serrano con parmesano y rúcula estaba igual de rico. Por su gran calidad, debo confesar que no me atrevo a recomendar el menú perfecto. Así que id vosotros mismos y que vuestro paladar decida. De postre, no te olvides de pedir las trufas sorpresa, y así te irás feliz de haber descubierto uno de los mejores lugares en Barcelona relacionados con el mundo del bocadillo.

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