La Monroe: un bar en 8 milímetros

viernes, 10 octubre, 2014

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Desde que hace cerca de cuatro años el centro del Raval se convirtiera en el anfitrión de la mastodóntica nueva sede de la Filmoteca de Catalunya, los bajos del edificio clamaban por un dueño que por fin abriera las puertas del prometido bar. Tuvieron que pasar más de tres años para que el triunvirato de Berta Fernández (a la cabeza del archiconocido bar-restaurante Las Fernández de la también ravalera calle Carretas) Sergi Coloma y Jordina Sangrà (del clásico La Rouge de la Rambla del raval), decidieran plantar una pica en plena plaza Salvador Seguí y abrir La Monroe: un bar con tintes cinematográficos obvios por nombre y ubicación pero con un carisma muy individual y contemporáneo.

Puntos fuertes
Las puntuales y estelares apariciones de la archiconocida en el barrio Reina del Raval.
Terraza amplia y resguardada (aunque podéis encontrarla siempre llena).
Para asiduos a la Filmoteca (y aunque la plaza esté repleta de locales) es un recurso fácil entre sesión y sesión.


El barrio y su idiosincrasia
La plaza Salvador Seguí es uno de los puntos de confluencia de las diferentes realidades que conviven en el Raval. Por un lado, están las terrazas de la Rambla, el parquecito de juegos de los niños y los locales que han seguido la estela de la gentrificación que progresivamente ha moldeado el aspecto del barrio. Por el otro está la otra esfera que ni la modernidad ni los esfuerzos del Ayuntamiento han logrado domar: la prostitutas, los vagabundos y los trapicheros siguen haciendo su vida en las calles aledañas en las que ni turistas ni muchos ciudadanos se atreven a entrar. La calle San Pau y Robadors son dos ejemplos claros de que por mucho que se intente disfrazar la zona con un manto de diseño, la esencia sigue ahí. Aunque muchos y muchas no quieran ni verla ni reconocerla.

Como en la calle
La Monroe es un sitio perfecto para huir de la claustrofobia de los bares pequeños y atestados y de los sitios, digamos, de luz sórdida: el local está flanqueado por una pared enteramente acristalada que logra confundir la generosa zona de la terraza con las mesas del interior (con reserva previa, no importa que seáis multitud; si buscáis intimidad quizá os toque compartir, no es vuestro sitio). La decoración hace uso de esa fórmula de sofisticación barcelonesa que campa tan a sus anchas últimamente en los locales de nueva abertura (mix de mobiliario reutilizado con vanguardia) pero sin filigranas: lo más singular son las sillas y taburetes de colegio (tal cual) con ese clásico verde pastel de las aulas y que suelen estar ocupadas por una mezcla de turistas, personas de paso entre la Rambla de Raval y Sant Pau y algún que otro cinéfilo.


Por si acaso, mira los precios
La carta de La Monroe es variada y acorde a las preferencias de actualidad. Ceviche de salmón, hummus y patés caseros con tostaditas, hamburguesa gourmet, torrades, vermú, spritz o cócteles son algunas de sus ofertas. Sin embargo, conviene comprobar los precios antes de pedir porque son ligeramente irregulares y algunos pueden descompensar la relación cantidad/precio. Tampoco es que se desmarquen de la línea habitual de los locales similares que pueblan Barcelona, pero no es lo más barato que te puedes encontrar en el barrio (y tampoco es que nos refiramos al kebab de la acera de enfrente).

La competencia en la zona
Es difícil ganarle el pulso a La Monroe (un sitio aventajado por su terraza y su privilegiada ubicación) aunque El Sifó, en la vecina Robadors y casi puerta con puerta con la Filmoteca, puede ser un salvavidas para las noches: en sus mejores momentos no cabía un alfiler y a veces sorprenden con buenas sesiones musicales. El Guixot (Riereta, número 8 ) hace honor a su nombre con su surtido de bocadillos (imposible quedarse con hambre). Aunque a partir de cierta hora de la cena pueda ser una odisea encontrar mesa, el servicio es de 10 y merece la pena la espera. Y cómo no, el mítico e indiscutible estandarte de la esquina de Sant Pau con Sant Ramon, el Marsella, que sigue resistiendo a las amenazas del tiempo como mejor sabe: a base de absenta.

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