La gran Milanesa

jueves, 22 noviembre, 2012

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Casi en el corazón del Raval, a escasos metros de su rambla y a otros cuantos de la Ronda de Sant Pau, en ese extraño paraje llamado Carrer de la Cera, se encuentra un lugar insólito y sobrecogedor, en el que se mezclan mesas de mármol con individuales de papel.

Justo al entrar te atenderá un intrépido camarero con un acento curioso, y es que es un uruguayo hijo de catalanes exiliados en Montevideo, como muchos otros, un hijo de la historia. Se llama Mario Pérez-Ruiz y escribe libros en cuya solapa se define estar a caballo entre la comunicación, las letras y la gastronomía, y justamente por esto último es por el que tendrá su lugar en esta sección de Barcelonés. En Pizza l’Àvia, su restaurante, puedes deleitarte con una especialidad de la gastronomía rioplatense muy bien preparada y bastante difícil de encontrar en Barcelona. Me refiero a un buen bocadillo de milanesa de esos que de «illo» tienen poco, que si por casualidad no sabes qué es, consiste básicamente en poner entre panes, en este caso caseros, un bistec de carne de vacuno arrebozada, tomate, lechuga y mayonesa. Suena sencillo, pero he aquí el quid de la cuestión. Menos es más dijo una vez Mies van der Rohe, y es que ignorando la sencillez de los ingredientes, la mezcla de sabores y sensaciones que empezarán en la boca te transportarán al «¡che, qué bárbaro!» típico del Río de la Plata. Quizá sea por el pan casero, la mayonesa o el sabor de una buena carne uruguaya, el caso es que a tu paladar le costará por lo menos una semana olvidar este bocadillo tan altamente recomendable.


Además, no te puedes ir sin pedir de postre la «Crema de Cataluña», como la llama Mario, porque es sin duda la mejor que probarás en tu vida. Pero si eres un fan del caramelo por encima, esta no es tu crema, aunque desde ya confirmo que el sabor, la textura y, sobre todo, el tamaño, no te dejarán ese sabor amargo de haber elegido mal el postre.


Pero aparte del buen gusto que te quedará en la boca, te irás con el estómago lleno y el bolsillo contento. El bocadillo de milanesa, un botellín de agua y una crema catalana no cuestan más de ocho euros. En el menú podrás encontrar opciones más baratas, pero desde luego esta es la que recomiendo. Seguro que la gran variedad de empanadas, pizzas, bocadillos y pastas no te dejará con hambre. Es un lugar digno de conocer que está abierto hasta las dos de la madrugada, donde todo es casero y que siempre está bajo la atenta mirada de un camarero-escritor-cocinero de los que ya casi no quedan.

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