La coctelera agitando: el bar Velcro

martes, 12 agosto, 2014

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Admitimos que el barrio de Gracia no es uno de nuestros destinos favoritos cuando toca hablar de ocio. Si bien la oferta gastronómica es abundante y el callejeo agradable, algunas de sus terrazas, como las de la plazas Sol o Virreina, deberían recibir tratamiento de urgencia por las asociaciones de consumidores debido a su calidad irregular y unos precios aptos solo para un muy de vez en cuando. Este no es el caso del bar Velcro, en plena calle Vallfogona, que apuesta por una clientela local, cócteles que podrían satisfacer el más exigente de los paladares y precios de buen ver. Y con ese nombre, quién no entraría, por lo menos, a echar un vistazo.

Puntos fuertes:
La calidad de sus cócteles.
Siempre hay alguien, pero siempre cabe alguien más.
La atención, impecable.

Elegancia, por favor
En el local en el que se ubica el Velcro podría haberse rodado una serie de David Lynch o una película de detectives y villanas. Empieza con un pasillo estrecho y alargado en el que se extiende la barra y termina con una pequeña sala con pocos perifollos. Unas mesas, sillas, una antigua máquina de coser y una pantalla en la que se van proyectando imágenes sin sonido (lo que le da un toque de misterio, aunque la relación no tenga mucho sentido). Tomarse un cóctel servido en la copa adecuada inmerso en dicho decorado puede estimular la imaginación del cliente (y dependiendo de los vasos que vacíe, incluso dispararla).


Los mejores cócteles de la zona
Y por qué no decirlo: es así. Estamos demasiado acostumbrados a que nos defrauden el paladar con cualquier cosa a precio de cualquier otra (y casi siempre, de cualquier otra mucho más cara), y en el Velcro es difícil salir por la puerta con esta sensación. Más aún si no eres de esos fans acérrimos del gintonic como bebida nocturna por excelencia: la carta de cócteles del Velcro abarca desde el Moscow Mule (exquisito, si toleráis el pepino) a un sencillo roncola (aquí, en su preparación con zumo de limón y angostura, un lujo a día de hoy) por unos precios que rondan más o menos los siete euros. También os podéis dejar aconsejar por el cóctel del día que recomiendan en la pizarra, aunque si sois clientes indecisos lo mejor que podéis hacer es hablar con quién esté al otro lado de la barra, comentar vagamente qué os apetece en ese momento y dejarles trabajar: el resultado es siempre sorprendente.

Para una noche de barra
Aunque el nombre del bar puede remitir a cierta imagen retro, por así decirlo, el ambiente es variado, joven y al día. La selección musical suele ser buena sin ser exageradamente alta como para entorpecer una conversación a dos con los codos en la barra. El Velcro es un sitio distendido y tanto da que vayas solo, acompañado (esperemos que siempre bien) o en grupo: no suele faltar espacio ni te invade la sensación de que sobren las etiquetas. A partir de medianoche comienza la hora punta y podrás ver desfilar al más moderno de los estilismos junto a pandillas de amigos, parejas y gente que conoce la carta y sencillamente va a buscar un buen cóctel y beberse la noche trago a trago.


Y ahora, ¿a dónde voy?
Ya admitimos al inicio de este artículo que no somos especialmente amantes de Gracia, pero vamos a ser indulgentes y a reconocer que algún bar más se salva de la quema. Por ejemplo, la bodega Costa Brava (Alzina, 58) es uno de esos sitios a los que ir a disfrutar de un vermut y de una tapa sin arrepentimientos. El Café Suec (Carrer Tres Senyores, 1) es otro local que se puede disfrutar: es sencillo, ponen buena música y los precios no infartan cuando pides la cuenta. El Vinilo (Matilde, 2) también cumple las expectativas de buena banda sonora, ambiente y precio que se le pueden pedir a un bar, así que entra dentro de nuestro radar de recomendaciones.

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