Jo, ¡qué noche!, por Joan Luna

jueves, 11 octubre, 2012

Por

 

Aunque pudiese parecer lo contrario, recordar las noches de desmadre no es tarea sencilla. Y eso atendiendo a que no soy precisamente una de esas personas amigas de los excesos. Más bien al contrario diría que un par de copas de vino y alguna cerveza son suficientes para que pierda el mundo de vista, o mejor dicho, para que las calles y las cosas giren a mi alrededor como si se tratase de un pequeño sistema solar diseñado a escala personal. Recuerdo muchas ocasiones en las que he perdido las maneras, pero desgraciadamente ello también ha conllevado pérdidas de memoria o lagunas del tamaño de cualquiera de los grandes lagos canadienses.

Como se trata de recordar una en concreto, vamos a ello. Hará un par de años, los chicos de Love Of Lesbian decidieron montar una fiesta de carnaval especial para algunos de sus fans más fieles. El grupo reservaba la barcelonesa sala BeCool para ofrecer un concierto en el que, disfrazados como The Cure, interpretarían canciones de los británicos y de muchos otros grandes héroes suyos (o eso creo recordar). Atendiendo a que acababa de firmar un remix (junto a mi amigo Roger Gascón, bajo el alias de Fizz Moon) de su “Club de fans de John Boy”, me invitaron a pinchar tras el concierto. Pero claro, se trataba de una cita especial y las cervezas corrieron arriba y abajo hasta que llego el momento de empezar. Aquello me pilló disfrazado de perro, de un perro que se tambaleaba de un lado a otro, aparentemente incapaz de pinchar un disco. Intenté hacerlo lo mejor que pude sin salir malparado.

Lo pasé en grande, aunque el mejor momento llegó cuando Radiocontrol, uno de los mejores Dj’s de la sala, decidió tomar el relevo. Empecé a respirar tranquilo, pero sin intención de abandonar la sala. Salté como un energúmeno dentro y fuera de la cabina, cogí algunos disfraces que había por ahí (recuerdo uno en concreto de Spiderman) y se los lance a la gente. Y continué así, dando brincos como un tipo sin cerebro, me derrame la mitad de las cervezas encima, ensucié el disfraz como si el perro se hubiese arrastrado por el suelo y, como era de esperar, perdí a absolutamente mis amigos. A propósito, existen fotos, y muchas, porque fueron muchos los que encontraron simpático hacerse una fotografía con un perro saltarín que estaba a punto de caerse por los suelos. Así que si se hicieron ustedes una foto con ese animal sudado y sucio, sepan que dentro del disfraz estaba un servidor. Ahora soy una persona infinitamente más sensata y más sana, por supuesto.

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