Jo, ¡qué noche!, por Dadanoias

miércoles, 6 febrero, 2013

Por

 

Don’t touch the Flowers! – empieza la película. Parece que todo va bien hasta que de pronto aparece el menú del dvd como si se hubiese atascado, cuando me doy cuenta de que Dídac tiene los ojos rojos. Dídac está enfermo y está claro que me lo va a contagiar, teniendo en cuenta que vivo en un ático de cuarenta metros cuadrados cuyo comedor no pasa de las tres zancadas, el sofá es de dos plazas y sus microbios se sentarían ilusionados entre nosotros. Al menos, trajeron algunas botellas de vino para compensarlo. Mientras mi prometido daba vueltas silenciosas por las esquinas,  a lo Thelonius Monk, canalizando a Orson Welles y otras cosas imposibles de imaginar.

Entramos en una espiral muy extraña, nosotros somos los protagonistas de Mr. Arkadin, yo soy Sofia, y a ellos (a mi novio y su amigo) no les gusta el papel que les asigno, pero aceptan cantar canciones subtituladas del Youtube. Sin pretenderlo, como cada lunes, ya hemos pasado al otro lado.  Sintiendo que la música de las escenas entra un poco más tarde de cuando empieza todo. Que para entender a los penitentes españoles hay que callarse. Que en España ‘hay niños o hay viejos’, pero que no hay término medio. Escribiendo en internet que ‘antiguamente se coleccionaban insectos y ahora tenemos cuenta de twitter’. No debería escribir tweets en ese estado, la gente lo nota y no entiende nada, pero como nos reíamos en casa.

Botellas consumidas, lágrimas, ropa tirada por el suelo y, en un momento, cantando canciones del Youtube aunque fuesen letras de rap imposibles de descifrar. Estaba claro, para pasarlo realmente bien tiene que haber muy poca gente, máximo tres personas. Aún a sabiendas que el día siguiente será muy parecido a ‘Resacón 2’, aunque vaya a ser martes. Tiene que ser lunes. Porque, como dijo uno de los dos antes de tararear la sintonía de dibujos animados de  ‘Mr. Bond Junior’: ‘esto es como avergonzarse de algo que ni siquiera se recuerda’.

Llevo dos semanas con anginas. O tal vez es una resaca que necesita antibióticos. He enviado a mi novio a comprar medicamentos sin recetas y al pobre le ha caído un buen rapapolvo de la farmacéutica. Ha llegado a casa diciendo que le han acusado de drogadicto. La fiesta nunca para.

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