Granja Petitbo: el decorado para una tarde

Viernes, 17 Abril, 2015

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No solemos tener manías a la hora de mostrar nuestra humilde selección de bares y barras a tener en cuenta. Somos de la opinión de que un tugurio de los más sórdido puede ser clave para pasar un rato de lo más divertido, y una barra pegajosa puede convertirse en el sitio perfecto para apoyar la cerveza por gracia de un servicio impecable o una caña bien tirada. Ahora bien, quizá usted no comulgue con nuestro pensar, y requiera de su decorado soñado en tantas series norteamericanas que entone con su humor, su vestimenta o su ordenador portátil. Por eso, nos hemos aventurado en la hora de la merienda a pisar un local ya emblemático en el Passeig de Sant Joan con Aragó: la Granja Petitbo le va quedar bien con todo.

Lo mejor del sitio
Decorado como para una postal.
Ideal para trabajar con el ordenador mientras se disfruta de una taza de café
Carta socorrida de comida para momentos frugales de almuerzo o merienda.

En los mejores tableros de Pinterest
Mucho se ha hablado del Petitbo desde su apertura en 2012. Le han apodado con todo tipo de neologismos, compuestos y palabras sajonas pretendidamente actuales, para acabar diciendo del Petitbo que es simple y llanamente una cafetería, eso sí, bien parecida y moderna. Dicen que, antaño, en el lugar había una lechería (dicen que un pasado modesto siempre da relumbre a los locales nuevos) aunque, dejando de lado su muy catalana denominación de “granja” (de nuevo, una lechería) pocos vestigios quedan de su antiguo uso una vez reformulado como local de aires nórdicos y sofisticados. El enclave no podría más adecuado: en el casi recién inaugurado paseo de Sant Joan, a medio camino de la plaza Tetuán y el barrio de Gràcia, reformado tras años de reivindicación vecinal, proyectos fallidos y pugnas políticas. En origen, el paseo pretendía ser una gran arteria verde para la ciudad, que fuera desde la zona alta hasta el pulmón de la Ciudadela, aunque los años y el descuido administrativo lo hicieron caer en decadencia. Pese a la voluntad del Ayuntamiento de revivirlo, sus jardineras mal planteadas y un pavimento demasiado variado y pensado a expensas de los usuarios, han puesto reforma sobre reforma bajo los pies del viandante para acabar construyendo un espacio muy estético y muy barcelonés: es decir, puro diseño inútil.

Y aquí, ¿qué se come?
Mucho decorado y mucha mesa grande para compartir con cualquier espontáneo, pero lo que importa en un bar/cafetería es la carta. Si lo que se desea es llenar el buche, el Petitbo tiene una oferta bastante amplia. Eso sí, acorde con el ‘espíritu’ del local. Nada de bocadillos de chorizo o pincho de tortilla: aquí todo es ecológico, artesano e ideal para las fotos con filtros. Por ejemplo, Sándwiches (bikini de pavo braseado ecológico y queso havarti, 3,80 euros), huevos para el brunch (Benedict 12 euros, revueltos 5 euros) o ensaladas o hamburguesas, por supuesto, de ternera ecológica o vegetariana (unos 11 euros). La hora de la merienda es un buen momento para degustar sus zumos naturales que, aunque no son muy grandes, están muy buenos a pesar del hielo (rondan los 3 euros). También tienen tés variados, cafés y tartas: la de zanahoria es recomendable.


¿Quién anda por allí?
El tema de la clientela es bastante sorprendente. Además de los modernos a los que esperabas encontrarte y que podrían ser figurantes contratados para combinar con el local (esa chica con gafas de pasta, labial rojo y moño perfectamente descuidado que analiza atentamente una revista de moda extranjera; el joven vegetariano que lee una gastada edición de lo que sea; Lena Dunham) también hay gente real. Señoras del barrio tomándose un cortado, dos familias amigas ocupando la mesa grande con adolescentes aburridos incluidos o dos turistas en chanclas y con bufanda que buscan en el móvil cómo llegar a su alojamiento. Bueno, y servidores hablando de lo que se parecen esas señoras a Massiel y a Aída, de si la del moño será un maniquí y sacando fotos para Instagram mientras criticamos a la gente que va a los bares a sacar fotos para Instagram. Apedréennos.


¿Y después?
Para tomarse un vino y un aperitivo, la bodega L’Avi Manel (Consell de Cent, 416) puede ser una opción más que adecuada. Si lo que apetece es seguir con el ambiente del Petitbo la galería de arte-cafetería Mitte (Bailèn, 86) cumple todos los requisitos. Y sin abandonar la Dreta del Eixample, después de disfrutar de un paseo por la calle Rosselló hasta Padilla, recomendamos tomar un refrigerio en el Celler Mariol, vermú y cerveza acompañado de una selección de tapas y encurtidos para una agradable velada de mediodía.

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