El Rufián: un truhán acogedor

miércoles, 14 enero, 2015

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La extensión de Nou de la Rambla hace que la calle tenga capacidad para acoger todo tipo de locales con su público correspondiente. Las largas colas ante la puerta de la Sala Apolo se convierten en pequeños grupos de fumadores unos pasos más arriba, pasando por los asiduos a los bares de fritanga y otras delicias gastronómicas. En medio de esa vorágine de ofertas se encuentra El Rufián, un local acogedor por las tardes y animado por las noches: una buena opción para los que no estén animados para sudar en la pista de baile pero tampoco tan apagados como para irse a casa.

Puntos fuertes
Un entorno agradable y agradablemente bien iluminado.
Situado estratégicamente en el meollo de la tarde-noche barcelonesa.
Precios razonables.

Vamos a contar historias
Berta, una de las fundadoras, nos cuenta que el nombre es un producto de la casualidad y la arbitrariedad: buscaban algo sonoro y que a la vez sonara canalla, y se dio el caso que uno de los apellidos de su socio era «Rufián» (quién lo tuviera). Junto a Dani, se hicieron los bajos de este edificio del siglo XIX, que anteriormente habían albergado también una bodega, y picaron piedra y pared hasta dar con el ladrillo y las vigas originales, que han quedado a la vista en esta segunda vida del nuevo bar. Abrió durante el verano de 2012, completamente remozado, ampliado y con algunos elementos bajos (tabiques a media altura, iluminación tenue y simple que cuelga por todo el techo del local…) que han ayudado a generar nuevos espacios y darle calor al lugar. La decoración es desenfadada (con especial atención al semáforo siempre en rojo que corona la pared de la barra), con mesas de hierro antiguas y piezas mix and match: carne de cañón para instagram.


Especialidades para llenar el buche y calmar la sed
El líquido corre a raudales en El Rufián como en cualquier bar que se precie: cervezas, vino, vermú, copas y cafés o tés para las tardes más tranquilas, que no todo va a ser festival. Si entra el hambre, Berta recomienda el pastrami y los xips con mejillones, dos de las especialidades de la casa. Además también tienen hummus, anchoas, olivas y diferentes tipos de bocadillos: carta no muy extensa pero sí variada.


Toda esta lista de opciones se pueden disfrutar en un ambiente distendido y, por qué no decirlo, en el que reina el moderneo. No es raro encontrarte a algún barbudo del barrio escribiendo su novela (o mirando el Facebook) en su MacBook o a una pareja con ropa vintage bebiendo cerveza. Al fin y al cabo, el bar está en Barcelona (y más concretamente en Poble Sec). Y el que no haya caído —aunque sea solo una vez— en la trampa del postureo, que tire la primera piedra. Eso sí, nada de todo esto está reñido con la diversión; más bien todo lo contrario.

Los greatests hits de Poble Sec
Habrá notado el lector y la lectora incondicional de esta su sección de vicio mensual, que solemos hacerle mucho caso al vecindario del Poble Sec. Su asociación de comerciantes en funciones no nos paga nada por ello, vaya esto por delante, pero es que la oferta nunca deja indiferente y cada vez alimenta más y mejor al público.

Sin más preámbulos, los «greatest hits» del Poble Sec para «¡Vamos a un bar!»: El bar La Bota, en la calle Fontrodona 23, ofrece un espacio cómodo, abierto y muchas horas de cerveza y charla a buen precio si lo que os va es más una taberna de toda la vida. Para comer a gusto sin esa sensación de estar machacando tus arterias y disfrutar de una buena terraza (si el tiempo lo permite), el bar Seco tiene lo que buscáis. El Stereo, vecino del Rufián, es un hit de la noche, con muy buena música cortesía del barman residente y combinados de lujo a precio ídem. Y para un vermú (a cualquier hora), La Tieta en la calle Blai os va a dar lo vuestro.

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