El placer de una buena carne

martes, 15 enero, 2013

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En ese barrio céntrico que los barceloneses visitan más en verano, con chanclas, toalla bajo el brazo y bañador, se encuentra un restaurante que ofrece la posibilidad de comer auténtica carne de vacuno. El lugar se llama La Malandrina y está situado casi al lado de la playa, en pleno barrio de la Barceloneta.

La fachada no engaña a nadie, y es una de las cosas que me gustó del lugar: no es pretensioso, es auténtico, es uno de esos lugares en que la calidad es lo más importante. Sobre platos blancos con bordes ondeados, como los de antaño, sirven la mejor carne uruguaya que podrás comer en Barcelona por menos de diez euros. Las paredes están recubiertas de madera y pintadas de blanco. El lugar dispone de un primer piso con un pequeño balcón. Pero a nivel de calle, nada más entrar, te encontrarás con una gran barra que le da al lugar esa forma de corredor que delata su anterior pasado de bar. Si te sientas al final, podrás apreciar cómo asan la carne ante tus ojos ya que la cocinan justo detrás de la barra. Aunque las mesas estén muy cerca una de la otra, se respira un aire familiar que te hará sentir a gusto por haber venido al lugar adecuado. En especial por la dueña, la encantadora Fiorella Pasquini, que regenta el lugar desde 2005, cuando entonces solo era un bar. En 2010 lo transformó y lo convirtió en lo que es hoy en día: un restaurante de parrillada bueno, bonito y barato. Gracias a que la ex pareja de Fiorella es de Uruguay, en La Malandrina asan la carne a la parrilla según la tradición de este país y, aunque ya no estén juntos, esta ha perdurado y por eso deleitan a los comensales con una carne tan sabrosa que no se puede ni debe pasar por alto.


Toda la carne la importan directamente de Uruguay y la sirven en el plato acompañada con una guarnición de patatas fritas, ensalada, patatas al horno, o patatas con crema. Un pequeño gran detalle es que mientras asan la comanda, te traerán a la mesa pan y dos vasitos de vidrio con salsas, gratis y a modo de entrante. La salsa verde es el típico chimichurri y la roja, según Fiorella, la criolla.

Los postres cuestan 2,5€ pero no pude probar ninguno. El motivo es sencillo: no abuséis de las salsas, porque aunque estén muy ricas y la boca se te haga agua con el olor a asado, las porciones que sirven son generosas y sin duda a prueba de apetitos desaforados. Yo probé por 7,5€ el vacío con patatas a la crema y tengo que confesar que conquistó mi paladar. Fue un viaje a los asados familiares de los domingos de mi infancia. Así que si tenéis antojo de carne y queréis darle a vuestro estómago una dosis de placer, no dudéis en daros un paseo por la Barceloneta y pasar por La Malandrina, que seguro que Fiorella y sus simpáticos camareros te harán un lugar en alguna mesa.

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