EL GUATEQUE QUE NO ACABA

jueves, 3 noviembre, 2011

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Con 73 años está viviendo una segunda juventud gracias a la reivindicación de toda una generación que la descubre por primera vez, pero también venerada por músicos consagrados que siempre la han llevado en sus corazones. Es el caso de Jack White, exlíder de The White Stripes, que ha producido y tocado en su esperado regreso «The Party Ain’t Over». Aquí su carrera en 10 imprescindibles pasos que demuestran que la fiesta para Wanda aún no ha acabado:

1. Su peculiar timbre de voz le granjeó el apodo de «the sweet lady with the nasty voice» y le valió para ganar con 14 añitos un concurso de radio local, plataforma para el estrellato country. Fue su padre, músico reconvertido en barbero después de los años de la Gran Depresión, el que se empeñó en que su hija fuera una estrella de la canción y asumió las funciones de mánager, hasta 1961 cuando el marido de Wanda le tomó el relevo.

2. En 1955 ella era una adolescente de Oklahoma con un enorme pelo negro cardadísimo y una pasión desmesurada por el country. La tentación del rock vino por una muy insistente recomendación de un medio novio suyo al que conoció estando de gira. ¿Su nombre? Elvis Presley. Su acertado cambio estilístico hizo que Wanda fuese finalmente reconocida por sus canciones de rock&roll, pero su relación con Elvis se truncó debido a la estratosférica fama que él estaba ganando. La verdad es que era difícil que pasasen desapercibidos en el Cadillac rosa en el que él la llevaba a pasear después de los conciertos.


Antes de Priscilla estuvo Wanda

3. Su primera incursión en el rock fue tan tímida como acertada. «I gotta know» se convirtió en un clásico instantáneo que hacía que country y rock se diesen la mano del modo más natural. Al fin y al cabo el blues era la madre de todo el cordero.  A este éxito enseguida le sucedieron temas mucho más bailables como el emblemático «Let’s have a party» (cedido caballerosamente por Elvis), «Mean, mean man», «Cool love», «Shakin all over» o «Hot Dog!».

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El anillo que casa al country y al rock&roll

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La competencia de Elvis llevaba vestido de flecos

4. Otro de sus éxitos fue «Fujiyama Mama» una versión de la cantante de blues Annisteen Allen. Con una letra de lo más polémica, Wanda se erigía como una suerte de furia volcánica capaz arrasar ciudades si se le cabreaba un poco. Citando alegremente Hiroshima y la bomba atómica, con los sucesos de la guerra diez años atrás aún medio templados, consiguió irónicamente ser número 1 en Japón y se le dio tratamiento de dignataria cuando estuvo de gira por allí en 1959.

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5. No solo fue la primera mujer que le metió mano al rock, sino que también la primera en hacer burla de sus estereotipos masculinos. Esta actitud se reflejaba en su provocativo (entendamos para la época) vestuario, compuesto por minifaldas de flecos, pantalones ajustadísimos, tacones de impresión y pendiendes sobredimensionados, todo diseñado por su señora madre. Y algunas letras tampoco se quedaban atrás, animando al público femenino a pasar olímpicamente de sus novios/maridos (¡ah!, ¡el lema de cuanto más les ignores más te irán detrás siempre funciona!)  o incluso a atizarles directamente con una sartén de hierro.

Cardados y brilli brilli, la reina del rockabilly

6. Pequeños hitos de la trasgresión también fueron incluir en su banda de acomañamiento a Big Al Downing, un pianista negro de blues. El color importaba, porque básicamente era algo que la paleta mojigata escena country del medio oeste de principios de los 60 podía considerar como aberrante. Y no solo eso, sino que Wanda iba colando en su repertorio éxitos de cantantes de blues, como el famoso «Slippin & Slidin» de alguien tan escandaloso como Little Richard.

7. Cuando el rock fue perdiendo fuelle, Wanda dio unos cuantos giros a su carrera, a cada cual más peculiar. Primero reculó de nuevo hacia el country. Luego  se obsesionó con dominar el yodel, esos gorgoritos tan característicos que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en Heidi o en los caramelos Ricola. Pero lo más fuerte estaba por venir: una buena mañana de 1971 descubrió que lo que quería era cantarle a Dios, abandonó Capitol Records (con los que llevaba más de 17 años), y se lanzó de cabeza al gospel cristiano.

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One day at a time, sweet jesus! La locura cristiana de Wanda

8. No sería hasta 1984 cuando se decidiría a lanzar de nuevo un disco de rock&roll en Suecia, después de 20 años alejada de la música diabólica. Desde entonces sus apariciones e intervenciones en público han ido creciendo, en la misma proporción en la que ella ha retomado sus clásicos rock. Afortunadamente aún toda venidera generación de adolescentes (y no tan adolescentes) sigue descubriéndola.

9. Por increíble que parezca no fue hasta el 2009 cuando se reconoció «oficialmente» su figura en el Rock&Roll Hall of Fame, en la categoría de pionera. Elvis Costello escribió una ya famosa carta al paseo de la fama del Rock&Roll preguntando por qué figuraban Metallica (o Madonna, añadiríamos)  y la señora Jackson todavía no.

Jackson y White: dios los cria y el rock los junta

10.  Han sido desde siempre férreos defensores suyos Lemmy de Mötorhead o Jack White, de The White Stripes . Este último junto a su mujer Karen Elson y miembros de Racounteurs han producido y tocado en «The party ain’t over», su regreso oficial al rock por la puerta grande y que nos devuelve instantáneamente a un guateque que no queremos que acabe nunca.

 

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Una impresionante actuación de Jackson y White que deja al propio David Letterman sin aliento.

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