El chino de confianza

miércoles, 8 mayo, 2013

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Deliciosas giozas

Algo interesante está pasando en Barcelona, y es que los chinos poco a poco han ido ampliando el abanico de negocios en el comercio de la ciudad condal. Y analizando este hecho desde un punto de vista gastronómico, se podría destacar, a modo de ejemplo, la no-transformación en casi todos los bares del Eixample, regentados ahora por chinos, que sin cambiar el menú ni las tapas, atienden detrás de la barra como si fuera un bar Manolo de toda la vida. Sin duda es un fenómeno interesante. Este multiculturalismo que tiene la ciudad es una de las cosas que la hace tan especial.

Hace ya tiempo que sufrimos el boom de los restaurantes chinos. Recordemos aquellos grandes comedores decorados con dragones, letras doradas, mucho color rojo y calendarios en chino que no entendíamos. El placer de lo nuevo y lo exótico. Sin embargo, pronto se perdió la magia, quizá por culpa de la masificación, y esos grandes comedores quedaron relegados a grupos de adolescentes cuyas cenas se veían recompensadas con el licor de flores que venía con la cuenta. Pero a pocos minutos del Arc de Triomf, por la calle Ali Bei, se encuentra un ejemplar que ha sabido sobrellevar su condición y darle una vuelta de tuerca ―quizá nació con la tuerca girada, la verdad no lo conozco desde sus orígenes―. Recuerdo la primera vez que fui, hace unos tres años. Una amiga que estudiaba chino en la escuela oficial de idiomas me había invitado a comer. Sorprendido por su ofrecimiento, porque éramos “estudiantes”, la seguí entre calles del Fort Pienc hasta el Chen-Ji. Comimos muy bien y pagó con un billete de cinco y un par de monedas. Se me quedó esa imagen grabada en la memoria. Nunca más volví ni supe cómo llegar, hasta que, por casualidades de la vida, di con él pensando que iba a otro lugar.

Tallarines fritos: obligatorios

El establecimiento es común y corriente. Muchas mesas, dos plantas, camareros diligentes de arriba para abajo, recogiendo platos, cubiertos y haciendo lugar. No obstante, una de las cosas que más sorprende al entrar es la cantidad de mesas ocupadas por grupos de asiáticos, comiendo y disfrutando como si estuvieran en el salón de su casa, lo que le da al lugar un plus de confianza. Y es que es normal, porque la comida es muy rica y toda casera. Parece que sea un restaurante chino para chinos. No tiene nada, pero nada que ver con los restaurantes chinos a los que estamos acostumbrados, de hecho, en la carta no están ni los rollitos de primavera. ¡Vaya! Sin quererlo, los hermanos Chan de Wenzhou, una ciudad al sureste del gigante oriental, han montado un restaurante de comida china de referencia en Barcelona.

Sopa de Wan Tun

Con una cocina en la que preparan todo tipo de rarezas orientales, podréis viajar a través de copiosos platos de auténtica comida china. Mi consejo, valientes comensales, es que probéis de todo. Los platos son abundantes y se pueden compartir perfectamente. Una de las delicias es la sopa de wan tun, pero esta es individual. Otro manjar son las guotie (giozas o dumplings), unas empanadillas de carne fritas que están para chuparse los dedos. El plato obligatorio son los tallarines fritos, en cuyo sabor se nota en seguida el amasado artesanal de los cocineros. Y el plato estrella, a mi parecer, es el arroz con verduras. Un diez. Paradójicamente, lo más rico es un producto básico de la cocina de a pie, solo que en este restaurante lo saben preparar de forma exquisita. Es así. Y si no sabéis usar los palillos, podéis pedir tenedores que no os mirarán mal. Un consejo útil para comer el arroz con palillos: coged el plato con la palma de la mano, a unos 20 ó 30 centímetros de la boca, y, con la otra, id comiéndolo con decisión y valentía. El viaje de la mano es mucho más corto, no se caerán los granos y os sentiréis realizados comiendo como ellos.

Plato estrella: arroz con verduras

Eso sí, tenéis que tener en cuenta que, aunque el lugar sea bastante grande, siempre hay mucha gente porque es muy económico. Así que si vais a cenar, seguramente tendréis que esperar. Mi recomendación para dos personas es la siguiente: una porción de guotie, una de tallarines fritos y una de arroz con verduras. Si lo pedís por números es una de 39, otra de 58 y una de 49. Pero tendréis que volver a probar la sopa de wan tun. Eso sin duda. Ya veréis que os sorprenderá la calidad de los platos por el bajo precio que pagaréis. Este lugar, con o sin chupito de flores, es una obligación conocerlo.

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