El bocadillo del Guixot

martes, 25 febrero, 2014

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Me encanta que el Raval sea una fuente inagotable de bares por descubrir. ¡Qué barrio! Estoy muy a favor de que renazcan los bares de toda la vida en vez de los pretenciosos “bares de diseño”. Gracias a que han abierto lugares interesantes entre la Rambla del Raval y las calles Hospital, Sant Pau y Nou de la Rambla, ir a tomar algo por esa zona ha empezado a estar en boga. Pero no es una moda reciente, sino más bien un resurgimiento, ya que esta parte del barrio hace frontera con el histórico Paral.lel, que está volviendo a ser el epicentro del jolgorio, reconquistando sus calles vecinas. Gente de toda la ciudad empieza a frecuentar el barrio, y queda constancia, porque el lugar que recomendaré me lo enseñó una amiga del equidistante barrio de Gràcia. El Guixot está tan bien y encaja tanto en esta sección, que tengo la certeza de que merece un hueco en el corazón de los barceloneses.


He pasado mil veces por Riereta con Aurora y nunca me había fijado en el grandioso bar que se esconde en esa esquina. Al mirarlo desde fuera pensaréis: “bah, un bar más del Raval”. No os hagáis caso. Allí podréis comer bien, rico y por un muy buen precio. Por suerte, un día se juntaron el hambre con las ganas de comer y decidí cruzar el umbral de este maravilloso local. Su infinita carta de bocadillos me dejó sin habla.. Si sois indecisos, como yo, os recomiendo ir a comer con alguien para copiarle o para partir por la mitad lo que pidáis. Hago esta acotación por experiencia; he ido un par de veces, con personas diferentes, y he acabado haciendo lo mismo. Además, es una buena manera de matar dos pájaros de un tiro.

La primera vez que fui nos partimos un bocadillo “Cèntric” de lomo, roquefort, champiñones y cebolla; y un “Rosbiff”, de redondo de ternera, cebolla, pimiento verde frito, queso brie y salsa tártara. La segunda vez fue un “Aurora”, de pollo, roquefort, bacón y queso; y un “Boquería”, de redondo de ternera, pimiento, queso de cabra, cebolla y orégano. Puede que suene sencillo, pero cuando tenéis el bocadillo frente a vosotros, luciendo su apetitoso relleno, os daréis cuenta del amor y del esmero con que están hechos y notaréis las ganas que tiene el Guixot de ofrecer un producto delicioso. Es como esas comidas de la abuela, cuando quiere agasajaros preparándoos vuestro plato favorito.


Aunque los bocadillos roben protagonismo, en el Guixot hay más opciones. Entre semana sirven un menú de bar a 10,75€, además de pizzas, hamburguesas, crepes y platos variados. Luego, sus postres (¡qué crepes más generosas!) son el desenlace de un ágape pecaminoso. Un pequeño gran detalle es que el bar está regentado por un ejército de camareros de los de antes, de los que tienen el oficio adquirido, de los que disfrutan sirviendo mesas y a los que uno con gusto les dejaría propina. El buen humor que transmiten se nota en el ambiente jovial del lugar. Y creo que por eso no es “un bar más del Raval”, sino el bar perfecto para ir a cenar a gusto y aprovechar su ubicación para seguir la noche por el barrio. Es un gran descubrimiento. Estoy seguro de que no seré yo quien se tenga que comer sus palabras, sino vosotros vuestros bocadillos, porque os gustarán sobremanera.

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