Brunch y meriendas en el Caravelle

jueves, 11 abril, 2013

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Reconozco que he tardado en descubrir el Caravelle. La primera vez que escuché hablar de él fue a un par de amigas que me invitaban a un brunch allí. Por motivos que no vienen al caso al final no pude asistir, no sin cierta pena ya que había estado echando un vistazo a los platos del local en su facebook.

Subsanado mi error ahora puedo decir que el Caravelle no solamente tiene una carta deliciosa, su local también te transmite muy buena sensación y ganas de pasar horas sentada con amigos o con un buen libro a tu lado. Además su ubicación es ideal para hacer un stop en los paseos por el centro esquivando calles llenas de turistas, ya que el Caravelle está en el 31 de Pintor Fortuny.

Abren desde las diez y media de la mañana hasta media noche, pero los brunchs y meriendas son sus estrellas entre los asiduos a este punto de encuentro a unos pasos de Las Ramblas. Personalmente creo que el secreto no es solamente que el local esté de moda y su decoración sea acogedora, creo que su éxito se debe a que puedes notar en cada uno de sus platos que están hechos con esmero y cuidando desde la presentación a la selección de ingredientes de calidad.


Por ejemplo, vamos a hacer un brunch virtual ahora mismo, tú y yo, en el Caravelle. Llegamos al local sobre las doce y media y yo me pido una french toast con platanos, mascarpone y salsa de caramelo salado. A ti te apetece más algo salado y después de releer su deliciosa carta pides la Caravelle burger con gorgonzola, bacon, col en vinagre y patatas. Para beber tomamos bellinis de manzana y moras. La comida tarda algo en llegar pero sabemos que merece la pena y que nuestros pedidos están siendo elaborados con el mismo amor con el que nos los vamos a comer. Para matar el rato decidimos que si nos quedamos con hambre podemos pedir uno de sus puddings especiales, aunque sabemos que con hambre no nos vamos a quedar. Llegan nuestros platos y los ojos nos hacen chiribitas. Echamos una mirada de soslayo al plato ajeno, pensando en si el otro ha hecho una mejor elección, pero después de volver la mirada al nuestro decidimos que no. Y se hace el silencio durante diez minutos en los que nos deleitamos lentamente con los manjares que tenemos delante.


Bueno, eso vendría a ser una visita virtual al Caravelle. Pero no te quedes ahí, si te han entrado ganas de comerte esa burger o incluso mi french toast acércate a la calle Pintor Fortuny. Si lo tuyo no es el brunch (se sirve hasta las cuatro de la tarde) o eres más de cenas puedes ir a comerte uno de los platos de su menú nocturno que incluyen ingredientes como burrata, sepia, salchichas caseras, risotto…Cualquier momento del día que te encuentres por el centro puedes hacer una parada, aunque sea para un café con pausa. De hecho tienen un café excelente. Pero ya que estás allí pídete también algo dulce.

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