Bootleg, mi bar de referencia

miércoles, 28 mayo, 2014

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Bocadillo vegetal

Me he dado cuenta de que ya formo parte de la población que tiene un bar de referencia . Sí, de referencia. Un lugar al que no necesariamente vaya siempre que salga, sino más bien un bar que me ha visto con todos mis amigos, a cualquier hora, en todos mis estados y durante muchos años. Mi relación con el Bootleg empezó en 2009, cuando compartía un piso en el barrio Gótico con mi mejor amiga, un inglés y un belga. Entonces el bar estaba recién empezando, como nuestra convivencia. Recuerdo que en esa época era diferente, el bar. La barra que tiene ahora no estaba y el espacio de arriba estaba cerrado. Era como un piso nuevo al que te acabas de mudar, que ofrece un sinfín de posibilidades. “Queremos que sea un café, o un bar musical”, decían Fabrice y Nico, los hermanos franceses detrás de la barra que, junto a su perra Tara, eran el alma del lugar (y siguen siéndolo). Nos sentíamos tan cómodos que nos volvimos asiduos a sus cañas baratas, y a las olivas que nos invitaban.

Pronto pasó a ser una extensión de nuestro piso y, como tal, se convirtió en un lugar al que podíamos ir cuando fuera y como fuera, incluso en chándal dominguero. Si había que hablar de algo serio, íbamos allí; si había que quedar con alguien, íbamos allí; y si había que divertirse, íbamos allí. Además, nos quedaba a cinco minutos de casa, era ideal. Así fue como se convirtió en un bar de referencia en nuestras vidas, porque casi siempre estábamos allí. Era “nuestro bar”. Luego dejamos el piso, se acabó la vida en el centro, el belga se fue, el inglés acabo siendo muy buen amigo mío, mi mejor amiga se fue de Barcelona, yo también una temporada, muchos de los amigos de esa época ya no estaban en la ciudad, así que al volver empecé a ir más esporádicamente. Pero aunque mi relación con el bar empezara a distanciarse, nunca llegó a romperse. Seguí enseñándoselo a mis nuevos amigos y divirtiéndome en él, menos a menudo, pero como antes. Y como resulta que aquel bar de cañas hoy en día es un bar-restaurante donde sirven comida de la buena, el Bootleg ha vuelto a convertirse en el bar de referencia de mi entorno; tanto, que incluso cuando voy, me encuentro con amigos sin haber quedado con ellos.

Nachos y pan de pita con hummus

La evolución de bar a restaurante fue un gran paso adelante. Nico se fue a la cocina y Fabrice se quedó tras la barra. Incluso contrataron a más camareros. Empezaron a ofrecer una carta reducida de pequeños manjares. Pondré de ejemplo los que más me gustan, que son los que forman parte del menú que pido siempre. Como plato individual recomiendo el bocata vegetal porque es sencillamente delicioso. Queso brie, guacamole casero, tomate y la mezcla perfecta de diferentes lechugas. Como segunda opción, siempre contemplo la fajita de pollo con guacamole. Lo bueno está en lo simple. Luego, para picar, que no falten los nachos con guacamole y el sabroso humus con pan de pita. Ameno, honesto y suficiente. Nada de excesos ni pretensiones. También tienen unas quiches espectaculares y unas ensaladas exquisitas. Con los años han ido aumentando y perfeccionando las opciones de la carta porque quieren empezar a centrarse más en la cocina, siempre con la idea de mantener precios amigables y una calidad para chuparse los dedos. Y que sigan así, porque siempre he pensado que es mejor una carta pequeña en la que poder lucirse que una grande llena de platos desaboridos.

Nico, Fabrice y Tara

Ahora bien, como todo lo que ofrece el Bootleg desborda calidad, como sus precios son baratos y como se encuentra al lado de la plaza Sant Jaume, es habitual encontrárselo lleno por la noche. ¡Qué le vamos a hacer!, cosas que tiene Barcelona. Sin embargo, siempre cabe la esperanza de que los chicos te acomoden, porque si de algo saben, es de tratar bien a sus clientes. Por otro lado, es el lugar ideal para los días cuando apetece un plan tranquilo. Como se respira tan buen ambiente, se puede cenar y tomar algo sin tener que cambiar de lugar, y convengamos que eso no está nada mal, porque ya sabemos que esa transición suele dar pie a que se vayan los aburridos y a que se acabe en cualquier lugar por miedo a que se hagan las tres sin haber tomado “la última”. Ejem, eso en el Bootleg no te pasará. Es mi bar amigo y, como tal, espero que te caiga bien. Sin duda, es un imprescindible en el barrio Gótico.

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