¡Vamos a un bar!: Seco

martes, 1 octubre, 2013

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Qué sería de los bares sin el trasiego que les es propio, su barra social, su jolgorio y el ruido de las conversaciones o del hilo musical. Acaso sean los únicos lugares donde el bullicio y el incesante ir y venir de clientes y pedidos puede llegar a ser de lo más acogedor. Sin dejar de ser un bar, el Seco ofrece todo eso pero a un ritmo más sosegado: su caballo de batalla es el movimiento slow food, y su enclave, a las faldas del parque de Montjuic, lo hace aún más propicio para recrearse en la calma.

Gracias a estos atributos compensados de actividad y tranquilidad, el Seco se perfila como el bar ideal para tramar planes y proyectos para este curso ya empezado al amparo del ruido de fondo. Si ya se acompañan por algunas de las especialidades de la carta, seguramente enfilen la trayectoria correcta: al fin y al cabo el avituallamiento siempre ha sido clave en todos los caminos. ¡Una caña!


Local
Completamente abierto a la calle, estar dentro es casi como estar fuera —no para el colectivo fumador, claro está—, gracias a los grandes ventanales que rodean toda la esquina del bar y que llenan el interior de luz natural. Aunque lo mejor del Seco es, sin lugar a dudas, su terraza.
Ubicada en una pequeña plazoleta al otro lado de la calzada, asegura vermú y charla durante horas, eso si no llegáis muy tarde: conocida y reconocida por habituales y excursionistas urbanos en busca de refrigerio, en horas punta (léase mediodía y al tocar de la noche) podéis quedaros sin esa ansiada silla. Nota para solitarios y solitarias: hay que hacer el pedido dentro del bar, así que mejor que llevéis un vigía por si os levantan el sitio.


Carta
Un aviso antes de empezar: el Seco no es un lugar especialmente barato, sobre todo si se compara con otros locales de la zona. La que sí está garantizada es la calidad, así que es el sitio perfecto para aquellos a los que no les duele «invertir en confort (y sabor)». Una vez advertidos, recomendamos que no os levantéis de la mesa sin probar las patatas salvajes, cortadas en gajos y con piel acompañadas por una deliciosa salsa o, en el caso de tener el estómago bien vacío, una hamburguesa de ternera ecológica con sus correspondientes condimentos. En el tema de la bebida la carta no está huérfana tampoco: el vermú, las cervezas (Moritz y marcas artesanas) o el Spritz destacan en una lista en la que no encontrarán Fanta o Coca-Cola, sino sus alternativas antiimperialistas. Y otro dato de interés: el Seco está dentro de la ruta de pinchos y tapas de Poble Sec que los jueves, de 19 a 23 horas, oferta caña o vino más pincho o tapita por 2 euros.


Parroquianos
Si hay una palabra que pueda definir a la parroquia del Seco, esa es «variopinto». Grupos al acecho de un lugar libre en la terraza, parejas refugiadas en el interior, habituales, gent del barri, jóvenes que ejercitan su vida social con buen vermú, modernos del Poble Sec, familias y fans de la bebida y la comida de proximidad y ecológica. La promesa con que el Seco se publicita en la ciudad, «terraza, burguers, vermú», y sus amplios horarios de apertura no entienden de edades y son capaces de albergar a todo tipo de público hambriento, sediento o en busca de una experiencia gastronómica sin prisas.

Otras recomendaciones
En el número 8 de la calle Blai se puede degustar uno de los mejores pinchos de tortilla de patata de la ciudad, con la patata y el huevo en el mejor momento de su relación: es todo un manjar. Sus artífices son los responsables de Koska Taverna que, además, queda cerca de otro de los interesantes de la zona como es la Tiel·la i Llibertat (Blai, 33), con su terraza y sus tapas de elaboración casera. Más de cara al ocio nocturno, en la zona se encuentra el Psycho Bar (Piquer, 27), uno de esos sitios en los que la pleitesía al Rock&Roll gestiona la banda sonora y en los que los bailes están asegurados.

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