¡Vamos a un bar!: Pesca Salada

miércoles, 31 julio, 2013

Por

 

El Raval esconde secretos de todo tipo entre el revoltijo de calles que lo conforman. Entras en un callejón, tuerces una esquina, te desvías unos pasos y acabas descubriendo ese bar del que todo el mundo te habla últimamente pero que aún no habías catado. Podría ser el caso del que hoy ocupa esta sección: la Pesca Salada, la nueva parada que añadir en la ruta de bares del antiguamente conocido como el Barrio Chino de la ciudad.


En el número 32 de la calle de la Cera solía haber antaño una bacaladería. Hoy sólo queda el recuerdo, aunque bastante bien conservado por los actuales socios del bar. Poco a poco, este minúsculo lecho marino en pleno Raval ha ido ganando fama entre los locales y la gente que visita la ciudad, no solo gracias a su sorprendente decoración sino también por sus célebres gin tonics y el apogeo que vive la zona como punto caliente del ocio nocturno de la ciudad.


Local
Al entrar al local vais a dar un paso atrás y no sabréis donde posar la mirada: sin duda, lo mejor de la Pesca Salada es su decoración y cómo los dueños han sabido sacar partido a la herencia que recibían. Todos y cada uno de los elementos están pensados para recrear un fondo marino: insólito, en la tierra y sin sabor a sal, pero sin perder detalle. Una lata de sardinas a medio abrir corona el techo, recubierto de platos pintados de color plateado a la manera de las escamas de un pez. Las chapas de botellines recubren todo el frontal de la pequeña barra en el fondo para provocar la misma sensación. Lámparas-calamar, mesas de metacrilato llenas de sal artificial con pequeñas figuritas de naufragios y hasta una pecera con piezas de plástico se mezclan en un espacio de unos pocos metros cuadrados, que también conserva los antiguos azulejos de pared y las robustas puertas de las antiguas cámaras frigoríficas en homenaje a la historia del sitio. Así narrado puede parecer un tanto kitsch, pero lo sorprendente de la visión y el buen ambiente del local borran toda reticencia.


Carta
La Pesca Salada se ha ganado su fama, además de por su decoración y banda sonora, por sus gin tonics servidos en copa de balón y preparados minuciosamente para agasajar el paladar del cliente. En su carta cuentan con hasta 24 ginebras diferentes, por lo que los verdaderos amantes del cocktail (los advenedizos de última hora no cuentan) podrán ponerse exigentes. Los que prefieran otras opciones alcohólicas podrán degustar una Margarita, un Daiquiri o un Cosmopolitan por nombrar sólo algunos de los que ofrecen. Recientemente han incorporado una carta de montaditos y tapas con los que forrar el estómago y acompañar tanta bebida, que nunca vienen mal.


Parroquianos
Los escasos metros cuadrados con los que cuenta el bar no dan para albergar un público demasiado numeroso: si no vais con algo de tiempo antes de la hora punta nocturna posiblemente os sintáis, en efecto, como sardinas en lata. Por lo demás, la clientela es ecléctica y las cuotas de modernidad, contenidas: fans de los gin tonics de la casa, parejitas, grupos de colegas de vendimia por los bares de la zona y algún que otro turista de paso por la ciudad en busca de una noche alternativa

Otras recomendaciones
Muy cerca de la Pesca Salada, en la calle Carretas 11, se encuentra el conocido (por su ambiente y por su carta) restaurante Las Fernández, que supone una buena opción para aplacar el hambre tanto por al mediodía como por la noche con sus platos inspirados en la gastronomía berciana. En el número 57 de la misma calle está otro de los clásicos de la zona, La Casa de la Pradera, un sitio perfecto para disfrutar de una caña bien tirada o tomarse las primeras (o las que sean) copas de la noche. Y en el mismo radio de acción, aunque ya tirando hacia la zona del Macba, llegaréis al inevitable Manchester, uno de los sitios de la ciudad en los que, al menos, la música no te decepcionará. Lo cual no es poco.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial