¡Vamos a un bar!: Mingus

jueves, 6 marzo, 2014

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El Gótico es una zona complicada de la ciudad para llevar a cabo la agradable costumbre de refrescar el gaznate sin causar una catástrofe en la cuenta corriente personal. Por suerte, no toda esperanza está perdida y en el laberinto de sus calles aún quedan locales acogedores tanto por el talante de los que dan la bienvenida desde el otro lado de la barra como por la calidad de las ofertas de su carta. En este grupo podemos incluir, sin miedo a equivocarnos, al Mingus, un pequeño bar que, aunque lleva tiempo calmando la sed de los vecinos de la zona, ahora ha hecho algunos cambios y se ha especializado en la cerveza artesana que tan de moda está últimamente.


Ubicado en la esquina de la calle Comtessa de Sobradiel con Ataülf (paralela a Avinyó), el Mingus es una de esas pequeñas sorpresas que el Gòtic esconde entre sus callejones y un reducto para el conocedor, el asiduo y el curioso. El sitio conserva claras señas de identidad que trascienden a través de su decoración y filosofía y, en sí mismo, constituye toda una oda a la barra.

Local
El Mingus es un bar escueto y acogedor, amable de día y tumultuoso de noche, y aunque no destaque por su amplitud de espacio, la barra con superficie de típico pavimento hidráulico es la protagonista del lugar y siempre tiene un hueco para un par de codos y otra caña más. Los dueños nos cuentan que las reformas que lo han convertido en un bar devoto de la cerveza artesana fueron más bien técnicas que ornamentales: se acondicionó una cámara de frío para mantener la cerveza a la temperatura óptima y se hizo algún que otro arreglo para recuperar amplitud y visibilidad. Pero si hay algo que destaca del Mingus es su particular homenaje a la cultura del skate: la pared tras la barra es un auténtico altar desde donde cuelgan numerosas tablas de patín usadas que añaden originalidad y carisma al local.


Carta
Decíamos al principio que la estrella de la carta del Mingus es la cerveza artesana: el local está dotado con ocho tiradores de los que se extrae un tipo de cerveza que cambia según la disponibilidad de cada especialidad, aunque siempre suelen tener una Pilsen (la más parecida a la cerveza industrial que se consume habitualmente) para los que no quieran arriesgar mucho su paladar. Los clientes podrán encontrar diferentes tipos de cerveza cada vez que se acerquen al bar ya que los barriles se van renovando en función de las reservas de cada marca y su frescura. Los que gusten de acompañar sus tragos con algo de comer también tienen lugar en la carta: patatas bravas, empanadillas, embutidos y quesos son algunas de las ofertas, con precios que van desde 1,50 a 6 euros.


Parroquianos
El ambiente del Mingus siempre es festivo (seguramente que el principal producto de la carta sea la cerveza ayude a ello) y no atiende a ningún patrón concreto ya que en su barra apoyan los codos personas de todas las edades y condiciones. Las tablas de skate que decoran sus paredes dan una pista de la afición de los encargados del bar y de algunos de sus parroquianos aunque no influya en la atmósfera general del local, que tiende a heterogénea. Podría decirse que los rasgos característicos del habitual del Mingus se definen por su afición a las cañas bien tiradas acompañadas por alguna tapa (de la carta o por cortesía de los camareros que en muchas ocasiones obsequian al cliente con un platito de edamame o de queso con pesto), buena música y charla animada. ¿Quién diría que no?


¿Qué hay cerca?
Si venís desde Jaume I y queréis hacer una parada técnica de avituallamiento, el Frankfurt Sant Jaume en la esquina entre la plaza del mismo nombre y Sant Miquel es un negocio seguro: un patrimonio del lugar con bocadillos contundentes sin marcas, etiquetas ni alharacas, para saciar bien el hambre y el paladar a precios populares. Si buscáis algo más de mesa y servilleta, el Tucco (Còdols 27) ofrece una sabrosa variedad de combinaciones de pasta y salsa a buen precio. Dos calles más abajo del Mingus, se encuentra la archiconocida plaza de George Orwell (la conoceréis más de uno como «la plaza del tripi») y el Oviso, un emblema del lugar que, aunque a ratos asediado por hordas turistas, sigue siendo una opción a tener en cuenta. Y en el número 23 de la calle Rauric (detrás de la Plaça Reial) se esconde el Sub Rosa si lo que queréis son buenos cócteles, algo de intimidad y una atmósfera, digamos, diferente (los cuadros con imágenes de fetichismo sexual que salpican las paredes dan fe de ello).

 

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