¡Vamos a un bar!: el Bar Andorra

martes, 25 junio, 2013

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Esta sección comenzó llamándose en un principio Barra Ilustrada, pero la sugerencia de alguien con mucho y buen criterio y nuestro amor incontestable por Astrud (os echamos mucho de menos) han hecho que el nombre haya cambiado a ¡Vamos a un bar!, proposición que siempre suele tener una acogida más que positiva, además. No se preocupen los fieles lectores: solo cambia el nombre pero no su esencia y las barras que tratemos seguirán siendo ilustradas, faltaría más.

Al margen de un pueblo turolense y un paraíso fiscal pirenaico, Andorra es también el nombre de uno de los bares con más solera y tradición del barrio de Sant Pere. Ubicado en el número 74 de la calle Sant Pere Més Alt, es ya un local patrimonial de la zona. Sus actuales dueños, Montse, Sandra, Manel y Miqui (encargado de los fogones), reabrieron el Andorra en diciembre de 2011, insuflaron aires de renovación y despertaron la leyenda latente de un bar que ha visto pasar por su barra a varias generaciones de incondicionales y no menos recién llegados. El Andorra es uno de esos sitios por los que parece que el tiempo no ha pasado y que, sin embargo, consigue mantener un espíritu joven y fresco, con una oferta muy variada y adaptada a la mayoría de los bolsillos, horarios de apertura generosos y un perfecto escenario donde explicar historias de ayer y de hoy.


El bar
Según una clienta devota del lugar, se decía que el Andorra era un antiguo refugio donde los cazadores encontraban solaz y vitualla. Y es que la historia del bar es más que centenaria y está rodeada de un hálito de misterio y leyenda. Al respecto de su vida reciente, sabemos que los anteriores dueños lo regentaron durante 55 años y que bajaron la persiana definitivamente en 2004. Desde entonces, el local fue cambiando de manos sin rumbo fijo y entró en decadencia hasta que los actuales socios retomaron la idea original y se hicieron con el mando. La intervención que se llevó a cabo en el local fue comedida y respetuosa con la estructura, como explica Montse: «se ha mantenido el aire original en contraste con elementos ornamentales y mobiliario más vanguardista. Nos interesaba mucho mantener la esencia; se limpió, se rejuveneció y se revitalizó». La visión decorativa corrió a cargo de Luís Sanchón, que creó especialmente para la ocasión la curiosa lámpara de techo que cuelga en la entrada y obró los artesonados laterales y los paneles de metacrilato del pasillo que da a la sala interior. Desde la calle, es imposible no fijarse en la puerta que da la entrada al bar, de inspiración entre clásica y modernista, y el gran cartel que la corona, de original tipografía y también restaurado. La ristra de mesas y sillones fijos frente a la barra redunda en la atmósfera distendida, íntima e histórica del bar.


Parroquianos
Montse confiesa que el Bar Andorra fue en su día un lugar selecto y prohibitivo por cuanto al precio, donde acudía cierta élite del mundo empresarial y del espectáculo. En la actualidad, el esfuerzo de los dueños por hacer coincidir la historia del bar con los tiempos modernos ha dado lugar a una carta mucho más asequible y una mezcla de clientes de toda la vida con otros más jóvenes y esporádicos que se reparten entre el día y la noche. Cada franja horaria del día tiene su gente y su ambiente, desde la hora del almuerzo hasta la tarde, que posiblemente se convierta en noche gracias a sus irresistibles quintos Estrella Galicia a un euro, el tinto de verano a 1,50 y, por supuesto, sus gin-tonics a seis euros, que en poco tiempo han conseguido granjearse muy buena fama. Su ubicación le permite mantenerse alejado de la marabunta turística, algo que el público local agradece con su fidelidad y buenas referencias.

Carta
Aunque la definición de cocina de mercado con buena materia prima aparezca ahora en casi todas las descripciones de los bares de Barcelona, en esta ocasión no hay mejor manera de explicarlo. La carta del Andorra se configura con platos tradicionales y sencillos, sin florituras, entre los que se han incluido novedades en el ámbito del tapeo, modalidad de platos muy demandada. Las estrellas en este campo son la minihamburguesa (que se sirve con sus inseparables patatas fritas), las croquetas y el cruixent de brie. Además, desde hace poco también ofrecen un menú de 12 euros con cinco opciones para escoger que también se puede reducir a 7 euros si el comensal solo escoge un primero con pan, postre y bebida o a 10 euros si escoge parte de un primero y parte de un segundo. En el ámbito de las ofertas, dentro de la carta también se puede encontrar un plato selecto diario (entrecot de buey de Galicia, bacalao a la Llauna, costillas de cabrito…) con pan, bebida y postre a 16 euros. Múltiples opciones con satisfacción asegurada.


Qué hay cerca
A cuatro pasos, en Sant Pere Més Alt 31, se encuentra el original bar Pasajes que recibe su nombre por estar instalado precisamente en uno. Precios asequibles, vermú de calidad, tapita para acompañar la consumición y ambiente distendido. Si al salir del Andorra te diriges en la dirección contraria al bar que te acabamos de mencionar, llegarás a una preciosa placita que acoge, en una de sus esquinas, al bar francés en Aparté. Además de su carta con platos típicos del país, sirven buen vino y cerveza selecta. Un poco más abajo, en Rec Comtal 11, se sitúa el gastrobar Elsa y Fred (sí, como la película), que destaca por su decoración exquisita y por su menú de 13,50 al mediodía.

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