¡Vamos a un bar!: Bormuth

viernes, 7 febrero, 2014

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Después de repasar lo mejor del recientemente finiquitado 2013 en materia de barras acogedoras y dignas de ser transitadas, empezamos el 2014 visitando un local que cada vez se está dando más a conocer entre los amantes de los buenos bares. Y atentos, porque una de sus particularidades reseñables, además de su carta y el resto de detalles que se irán desgranando más adelante, es su localización. Tras cierto tiempo sin mirar más allá de la frontera simbólica representada por la Vía Laietana, ese barrio que parecía servir solo para encauzar a turistas en masa alrededor de Santa María del Mar vuelve a despertar interés.

Porque a decir verdad, el Born es uno de esos sitios donde la modernidad de postín, la gentrificación, la turistificación masiva y las reformas urbanísticas han ido mermando el interés de la audiencia local sin demasiados posibles y en busca de lugares todavía genuinos y asequibles. Pese a todo, enfrente del Mercat del Born —recientemente transformado en una suerte de centro cultural—, el Bormuth (Rec 31) está consiguiendo atraer de nuevo al barcelonés de a pie con una sencilla fórmula: bueno, bonito y no muy caro, y aunque el juego de palabras que da nombre al bar alude a una de las últimas modas gastronómicas de la ciudad —la tan practicada hora del vermú—, del Bormuth se puede disfrutar en cualquier momento, celebración o compañía (siempre que esta sea buena, huelga decirlo).

Local
Sin ser demasiado grande, el Bormuth resulta espacioso y acogedor, no solo por la prestancia del personal sino también por las amplias mesas redondas de la entrada, de típico mármol y forja, y las dos barras de las que dispone el local, que aseguran un servicio rápido y amable: una en el piso superior y otra en la entrada de la calle Rec. En la planta de arriba, el mobiliario de madera le otorga cierta calidez e intimidad (también ideal para encuentros grupales), y si llegáis antes de la hora punta, podréis disfrutar del placer de la privacidad y la comodidad de los sofás que dan salida a la calle por la plaza del Mercat del Born —donde también hay una pequeña terraza, un punto a favor para aquellos que de vez en cuando hagan esporádicas excursiones afuera en busca de un cigarro.

Carta
Un detalle que agradará en especial a aquellos que vivan en la ciudad pero no hayan educado su paladar con las dos marcas de cerveza predominantes, es que tienen diversas variedades, entre ellas Mahou y Alhambra. Por supuesto, también tienen vinos y vermú de grifo (si no, el nombre del sitio no tendría demasiada lógica) y variedad de tapas y platillos para acompañar. Destaca el chorizo asturiano a la sidra, los calamarcitos a la andaluza, el secreto ibérico, las croquetas caseras o las berenjenas rebozadas a la miel ¿Los precios? Las cañas rondan los 2 euros, dependiendo del tamaño y las tapas van de los 3 a los 10 euros.

Parroquianos
No es fácil definir a la parroquia del bar porque no es demasiado homogénea aunque sí muy numerosa (incluso entre semana puede ser complicado encontrar una mesa para cenar). Podría decirse que, aunque las edades de la clientela oscilan en un rango bastante abierto, no hay mucha afluencia de menores de 25 años. Tampoco lo hay de turistas —aunque alguno se colará, claro está—, sino que más bien es un lugar frecuentado por locales conocedores de los placeres que puede aportar un buen plato de huevos estrellados con chorizo (también en la carta) con una caña bien tirada y una amena conversación.

¿Qué hay cerca?
Muy cerca de Bormuth, en la calle Sabateret 4, podréis disfrutar de una bien nutrida hamburguesa (también con opción vegetariana) en el ya mítico Pim Pam Burguer: para comer allí o, mejor aún, llevártela al cercano parque de la Ciutadella si el tiempo acompaña. Si hablamos de sol y terraza, casi saliendo del Borne hacia la Barceloneta, el Pisa Morena (Consolat del Mar 34), os ofrece ambos en bandeja (aunque sus mesas son bastante codiciadas y es mejor que os acerquéis armados de paciencia). Al otro lado del Borne, cerca del Mercat de Santa Caterina, no podéis dejar de hacer un parón en el bar Mercaders (en la homónima Mercaders 22): mítico, recogido y con clientela familiar, para apoyar los codos en la barra sin hora ni destino.

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