Silvia Micolau: hiperactividad naíf

Viernes, 12 Diciembre, 2014

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La relación entre las personas y los objetos resulta de lo más enigmática. Siempre he pensado que la gente que ama las cosas que nos rodean tiene un aura especial, y un lenguaje propio verdaderamente único. La veneración por lo inerte es fascinante hasta tal punto que se termina otorgando al objeto cualidades humanas e incluso mágicas. Los que somos incapaces de tirar nada, lo sabemos de buena tinta. Se genera una relación tan profunda que sufrimos si, por las vueltas que da la vida, nos tenemos que desprender de algo. Aunque también somos conscientes de que esos objetos comenzarán una nueva vida. Se reencarnarán. A algunos puede parecerles una locura de lo que hablo, pero guardar las cosas que nos han acompañado durante la vida, es como escribir un diario. En esto de los objetos y sus vidas, Silvia Micolau tiene mucho que contar, y me parece una gran manera de terminar el año con ella. Su espíritu inquieto, su continua curiosidad típica del buen periodista y su constancia, unido todo al mundo de objetos con el que decidió rodearse, la convierten en una persona sobradamente especial y atrayente. Hablamos de alguien con una serenidad aplastante unida a un carácter naif hiperactivo. Y si a eso le ponemos la guinda del pastel, la perseverancia del coleccionista, el cóctel es de órdago. Entrar en su casa es un regalo para la vista y el oído. Te despierta esa grata sensación de cuando eras pequeño e ibas a jugar a casa de un amigo y te invada esa curiosidad infantil de pensar cuál era el mundo imaginariamente real que le rodeaba. Si, estoy encantada de presentaros a Silvia a todos aquellos que todavía no han tenido la oportunidad de cruzarse con ella.


41.3922°N 2.151021°ESilvia Micolau Sancho, (Barcelona, 1974)
La primera botella de agua de mi colección me la guardé hace 25 años porque pensé que podría quedar bien iluminada desde abajo en mi futura cocina, tal como la estaba viendo en la barra de la discoteca de pueblo donde me la bebí. En ese caso iba a tener una función decorativa, pero 2.000 botellas después nunca he utilizado ninguna para decorar… Los objetos me llaman, y me llevan a acumularlos en orden, y a sentir placer cuando consigo una pieza difícil, o contemplo/muestro mis colecciones. Actualmente estoy centrada en las botellas de agua mineral, los pintalabios y los cactus.


Tengo una micro agencia de comunicación llamada Clarabelle, P. R. y escribo sobre gastronomía y estilo de vida en varias publicaciones. Llevo un blog sobre verde urbano, Green and the City. Co-fundé y dinamizo la comunidad Dones Gourmet de Catalunya, un grupo bastante activo con presencia únicamente en redes sociales, formado por periodistas y bloggers especializadas en gastronomía, foodies, chefs, cocineras domésticas, sommeliers, gente del sector de la alimentación y del mundo de la restauración. Por cierto, también aceptamos simpatizantes masculinos. DGC y GatC son ocio (aunque les dedico muchas horas), mientras Clarabelle y mis colaboraciones son negocio. Trabajo en lo que me gusta, y por eso no me cuesta trabajo, ni me importa ir por ahí siempre con la antena puesta.


Veo la fotografía como un arte, y ahora mismo una tendencia popular gracias al móvil, a las redes sociales en las que prima la imagen y las apps con filtros y efectos geniales. Mientras me retratabas no se me pasó nada por la cabeza, me quedé en blanco, pero después de mí me gustaría que pudieses fotografiar a varias personas. Paloma Cordón, especialista en el fenómeno fan y que me regaló una de las tres jardineras cuidadoras de cactus que tengo en la terraza. A Gemma Moliner, autora del blog “I love Herstory” y la primera persona que dedicó un post a mis filias, y a La Conseguidora, que me tiene bien informada e incluso surtida de novedades para mis colecciones y de inspiraciones diversas.


Un grado de separación” es una sección de Barcelonés realizada y creada por la fotógrafa Cecilia Díaz Betz: “Un grado de separación busca hablar de personas con las que me he cruzado, con las que he buscado cruzarme y con las que a través de esta suerte de juego exquisito, me cruzaré en Barcelona. En esta ciudad sucede que cierta teoría/hipótesis sobre los grados de separación entre las personas, se ve desquebrajada, vapuleada y llevada a la cuasi mínima expresión de la unidad en el mejor de los casos. El hecho resulta bastante cómico, absurdo y sorprendente a la vez. Pero lejos de verlo como algo negativo, lo quiero celebrar y estudiar a través de esa certeza que llamamos imagen fotográfica, que nos dice con una sutileza tan aplastante que ‘eso’ ya ha sido, y que nos hace establecer una presencia tan inmediata con el mundo. Un grado de separación como oda a una geografía metafórica a través de las coordenadas reales de encuentros y desencuentros, las distancias, lo aleatorio, la inexistencia de las casualidades, las conexiones y desconexiones, pero sin duda y en definitiva, una oda la gente en un momento espacio temporal concreto.”

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