Elena Martín: obsesión creativa, hedonismo y psicodelia

jueves, 30 abril, 2015

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Si algo tienen las espirales, gráficamente hablando, es que nunca se desvanecen, no tienen un final definido. Un hecho que a mi parecer resulta terriblemente maravilloso. Es como quedarse mirando al mar. Nunca te cansas, nunca te agotas y siempre encuentras un nuevo e interesante matiz por el cual volver a ensimismarse al día siguiente. Son como los rifs psicodélicos de guitarras setenteras con los que dejarse ir sin retorno. Elena es como una de esas preciosas espirales. Una línea clara, contundente, perspicaz, sencillamente compleja y con alma eterna. Elena es una sirena de montaña que te atrapa con sus poderes cuasi-mágicos de deidad pagana, que conjugan con una aplastante naturalidad, la suma inteligencia y el hedonismo brutal. Un relato sin fin. Un corazón extremo. Una cotidianidad. Un algoritmo geométrico que en su interior esconde la exactitud y pensamiento lógico de las matemáticas y la absoluta e irracional pasión por la belleza de las formas. El número irracional -la sección áurea-, personificada en una gran mujer. A todo esto le debo una cena en mi casa. Ella no lo sabe, pero no quería que viniese antes de escribir este texto para lograr conservar esa cierta y simulada distancia que existe con alguien que todavía no ha estado de sobremesa en tu hogar. ¿Mañana qué tal, Elena?


41.386797, 2.181498 – Elena Martín Ortiz (Barcelona, 1978)
“Me veo como un personaje obsesivo y hedonista, pero también una persona muy normal que vive de comunicar, enseñar y vivir de lo que hace y de lo que le proponen. Sin rumbo definido -no planeo ni mi próximo mes-, pero queriendo mucho a los que me rodean y disfrutando mucho de todo. Siempre he trabajado mucho, pero es verdad que sólo, en lo que me da placer (aunque a veces se convierta en masoquismo) y en lo que me apasiona. Así que me considero una persona afortunada y hedonista, en el mejor de los sentidos. Diseñadora de moda y directora creativa llevan siendo mis definiciones profesionales desde hace 14 años. Entre medio, se han ido añadiendo otras como ser docente en diferentes universidades de asignaturas relacionadas con la moda, consultora, diseñadora gráfica, diseñadora textil, profesora de snow (¡jajaja!). Muchas. A nivel empresarial soy directora creativa de un estudio de diseño para varias marcas y a la vez, la directora creativa de mi marca, Martin Lamothe, que ahora sólo dedica su tiempo a la colaboración con artistas conceptuales creando tejidos y conceptos textiles adaptados a una obra concreta. De momento llevamos un año con un proyecto brutal The Waldorf Project.


La fotografía es inspiración y un instrumento de trabajo. Muchas veces son mis ojos. Por ejemplo, si me inspiro en un viaje a América siempre recurro a esos artistas fotógrafos que ven la América que yo veo, y así sucesivamente. Además voy descubriendo autores que me dejan absolutamente tocada por mucho tiempo, que me obsesionan. También es cierto que la fotografía me gusta especialmente porque sustituye la artesanía de la pintura por la inteligencia del ojo y eso de alguna manera acentúa el discurso a través de detalles casi invisibles, de esencias. Eso sí, cuando veo obra plástica que me emociona, es capaz de hacerlo el triple ya que soy una persona que vivo muy intensamente los materiales y las texturas.


Elegí mi casa para este encuentro porque la amo. Es mi lugar de relax. Abro las ventanas, me estiro y me siento bien. Aunque la pise poco -entre el estudio, la universidad, la montaña y el mar- es mi santuario. Mientras me retratabas aquí sólo pensaba en cómo escapar de la sesión, en cómo te las ibas a apañar para sacar algo decente usando una analógica conmigo, y sobre todo, en el vermut que nos íbamos a tomar después, ¡jajaja! Si traspaso este enncuentro a telas, estampados o indumentaria, me imagino gasas, tules y voiles, pero todo de algodón. Liviano y delicado, pero natural y robusto a la vez. Sol de primavera, brisa, plantitas en el balcón y música country sonando. Porque en casa, no hay artificios que valgan. Visualizo algo de redes para atraparte al vermut, y también colores como el hueso, el nude o el piedra porque me pides que me desnude ante ti; y el pistacho o el mostaza porque son complejos, como yo, que intento no dejarme.

Mi relevo es doble, ambos están a ese grado que quiero. Por un lado se lo paso a Ariana Díaz (fundadora de Good2b.es). Es una amiga que admiro. Una persona de las que valen la pena: buena, loca, responsable, todoterreno, guapa (por dentro aún más, alias bonita), y además, una crac, ha montado todo un concepto de comunicación nuevo cuando nadie creía en él, reformando la profesión. Poco a poco nos hemos ido conociendo y te va ganando, hasta rendirte a ella. Y por otro lado, a Anuar Kalifi. Nos conocemos desde hace muy poco gracias, precisamente, a Ariana. Ambos hicimos un click sin retorno para bien y para mal. Es un artista con tanto talento como complejidad y creo que vale la pena indagar en sus cajones. Mezcla norte y sur desde las entrañas y con mucho humor. Una fusión explosiva.


Aquí pueden verse los otros capítulos de la sección “Un grado de separación”.

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