Un espacio propio

lunes, 31 octubre, 2016

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Desde que Virginia Woolf reclamara una habitación propia y sustento económico como condiciones necesarias para que las mujeres pudieran adquirir independencia y participar en la creación literaria, este ensayo de 1929 ha sido citado y reivindicado en numerosas ocasiones como faro de los feminismos. La lógica argumental de Woolf, que contrapone la idealización de la mujer en la literatura a su sometimiento en la estructura socioeconómica patriarcal a lo largo de la historia, puede aplicarse también al observar un sistema artístico que institucionaliza la crítica sin permitir que los discursos y acciones de ésta tengan efecto en la transformación de las estructuras institucionales.

A diferencia de ciudades como Berlín o Estocolmo, en las que la proliferación de espacios independientes o no institucionales es un hecho ampliamente apoyado y celebrado, en Barcelona su existencia todavía tiene aires de milagro. Mientras los programas de los museos dependen en exceso de directrices políticas que marcan sus líneas discursivas y muchos creadores desisten de recibir ayudas públicas o de tener presencia en las programaciones institucionales, algunos se deciden a dar forma a espacios propios donde dar cabida a otras formas de pensar y vivir la creación artística. A menudo usan sus viviendas o talleres y se mantienen gracias a alquileres asequibles y a la colaboración altruista de amigos y conocidos. En ocasiones reciben pequeñas subvenciones a condición de añadir un logo institucional, una fórmula que funciona más como apoyo simbólico que como contribución a la producción.

Muchas de las iniciativas expositivas auto-organizadas en Barcelona en los últimos años están creando un tejido necesario para dar salida a voces críticas y desarrollar proyectos pioneros, si bien su valor no siempre es reconocido o son clasificados con etiquetas del tipo ‘underground, ‘alternativo’ o similar, que en ocasiones rechazan porque no se identifican con las connotaciones de exclusión que éstas conllevan. Sus programas, de hecho, sirven para consolidar las trayectorias creativas de artistas, para compartir problemáticas y para disfrutar de encuentros colectivos que generan nuevas formas de solidaridad y disfrute.

HALFHOUSE
Vallvidrera / Av.Vallvidrera 69 bajos
Aunque Halfhouse existe desde 2009, su traslado a una casa de Vallvidrera en 2012 dio un nuevo impulso al proyecto iniciado por los artistas Sinéad Spelman y Alberto Peral en su piso de Poblenou. Combinando la presencia de artistas emergentes y consolidados, locales e internacionales, Halfhouse sostiene un variado programa de exposiciones, y acoge también residencias, seminarios y talleres. Tal como anuncian en su manifiesto, entre sus objetivos primordiales está “proporcionar apoyo discursivo, tortilla de patata y vino”.
Aunque Halfhouse recibe un modesto apoyo económico de diversas instituciones públicas y privadas, la continuidad del proyecto depende también de las aportaciones de socios, amigos y simpatizantes. Para ello ofrecen diversas modalidades de suscripción y contrapartidas que van desde cenas y visitas guiadas hasta obras seriadas de los artistas que participan en la programación. Entre los últimos proyectos presentados en Halfhouse se cuenta Historia política de las flores 3: Azucenas tigradas, obra del equipo Jeleton, formado en 1999 por María Ángeles Alcántara Sánchez (Múrcia, 1975) y Jesús Arpal Moya (Barakaldo, 1972).

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En la imagen, la acción “Consumir un árbol” de Black Tulip, llevada a cabo en marzo de 2013.

ESPAI 10
El Born / Abaixadors, 10
Espai 10 se inauguró en febrero de 2016 en el local del número 10 de la calle Abaixadors, a escasa distancia de Santa María del Mar, en el céntrico barrio de La Ribera. La primera propuesta consistió en la realización de una acción-ofrenda por parte de la artista Eulalia Valldosera, titulada “Economía de la visión #1: Recodificación del local de Abaixadors 10”. A puerta cerrada, Valldosera efectuó una limpieza simbólica y energética de las memorias del lugar, preparándolo para sus nuevos devenires. Durante la inauguración, la documentación audiovisual de dicha acción se exhibió junto a una serie de esculturas biomórficas de la artista Núria Duran, que cose y une mediante cera caliente fragmentos de telas de diferentes colores y texturas, creando estructuras orgánicas y envolventes que aluden tanto a las agrupaciones de células que conforman a los seres vivos como a los vínculos que los conectan socialmente.
Nuria Durán es, de hecho, una de las dos impulsoras del espacio -que anteriormente fue su propio taller- junto a la comisaria chilena Luz Muñoz. Ambas comparten una visión común acerca del potencial transformador del arte, que queda reflejado en el  nombre completo del centro, Espai 10: Laboratorio de las Artes Contemporáneas, y en su definición como “espacio independiente de pensamiento, investigación y acción en el contexto del arte y la cultura contemporánea” que ofrece una “una plataforma internacional, multidisciplinar, inclusiva y transversal de creación, diálogo, reflexión y crítica”. El proyecto está abierto a colaboraciones con otros agentes e instituciones y se nutre de la presencia de artistas que acuden a la ciudad por otros motivos y que encuentran aquí un lugar en el que tener un diálogo más cercano que el que posibilitan las instituciones.

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En la imagen, la performance A Big Bad Fish en la que la artista chilena Marisa Cornejo expone sus dibujos junto al público, acción que dio paso a su exposición en julio de 2016.

 

EL PALOMAR
Poblesec / Elkano, 43 bis

Como se anuncia en su propia web, “El Palomar es ante todo un lugar de visibilidad política, investigación, memoria, encuentro, exhibición y diálogo. Un proyecto sin ánimo de lucro, sin horarios y al margen del mercado”, que funciona “como reducto de discursos, sujetos y prácticas que tienen dificultades para penetrar en la esfera artística contemporánea oficial”. Y, sin embargo, esa esfera oficial se afana ahora en reconocer el valor de las prácticas de disidencia queer de las integrantes de Equipo Palomar. En los últimos meses, las palomas han intervenido instituciones como la Capella, la Fundació Miró o el Reina Sofía.
Mariokissme y R. Marcos Mota, fundadoras de este espacio overground -situado en un ático de Poblesec-, iniciaron su colaboración en enero de 2012. Desde entonces, han puesto en marcha diversas líneas de pensamiento y acción; entre ellas, la reivindicación de figuras históricas como el desaparecido antropólogo Alberto Cardín, epicentro de una exposición que comisariaron en La Capella en junio de 2016 bajo el sugerente título No es homosexual simplemente el homófilo, sino el cegado por el falo perdido.
En marzo de 2016 tuvo lugar Hedonismo crítico, una fiesta performática celebrada para reivindicar los contextos festivos como espacios de reflexión y acción política, que se celebró en marzo de 2016 en la Sala Hiroshima en el marco del ciclo expositivo Quan les línies són temps, comisariado por Martí Manen para Espai 13 de la Fundació Miró. “Nos parece un paso lógico, y en cierta forma también una misión, insertarnos en la propia institución para completar ejercicios discursivos más plurales y democráticos y activando así soluciones al monoteísmo cultural imperante”, afirman las palomas.

ESPAI COLONA
Sant Pere Mes alt 45, entlo.

Espai Colona fue iniciado en 2014 por los artistas visuales de origen chileno Rosario Ateaga y Andrés Vial en su piso de Barcelona. Fuertemente marcado por lo doméstico, la forma y el contenido del proyecto se transforman en sintonía con la variación de las circunstancias vitales de sus impulsores. Así, el proyecto adquirió otros matices cuando Vial y Ateaga se mudaron en 2015: “el primer año estuvo marcado por una relación con Latinoamérica, lo colonial, la memoria y un diálogo con nuestro lugar de origen. El segundo año, con el cambio de domicilio, se incorporó una nueva posibilidad expositiva, unos escaparates ubicados en el acceso del edificio. Junto a lo anterior se realizaron una serie de deslocalizaciones hacia otros espacios de la ciudad, y se multiplicaron las formas de concebir los proyectos.” Actualmente, las posibilidades de intervención se han acotado a tres espacios: los escaparates, la cocina y el trastero.
Uno de los proyectos de 2015 consistió en una propuesta coordinada por el comisario en residencia Juan José Santos y efectuada a varios tiempos: los y las artistas Daniela Ortiz, Erik Beltrán, Avelino Sala, Verónica Lahitte y Diásporas Críticas (formada por Rebecca Close y Anyely Marín Cisneros) participaron en un intercambio recíproco en el que, tras presentar obra propia, cada artista era invitado/a a intervenir la obra de uno de sus compañeros, generando así nuevas posibilidades de lectura e interpretación. El título de la muestra, Descolona, alude a las líneas comunes que atraviesan estas intervenciones, vinculadas a los efectos de la descolonización y las nuevas formas de colonialismo en el capitalismo actual.

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La imagen corresponde al proyecto Electrodomesticaciones (2016), la exposición de Luis Bisbe & Miguel Ayesa Usechi que puede verse actualmente en Espai Colona.

 

HOMESESSION
Poblesec / Creu dels molers, 15

Homesession, también parte del espacio doméstico, en este caso un local/vivienda a pie de calle en Poblesec gestionado como espacio expositivo y residencia artística desde 2007 por sus habitantes, Olivier Collet y Jérôme Lefaure. Ambos iniciaron este proyecto independiente con el objetivo de apoyar la creación artística y presentar propuestas que complementen la actividad de las instituciones artísticas de la ciudad. Para ello, Homesession acoge regularmente colaboraciones a través de sus programas ‘Residencia’ y ‘Invited-one-day’, que consisten respectivamente en una residencia en Barcelona, dirigida a artistas visuales internacionales, y una invitación para realizar un proyecto o evento durante un día, dirigida a artistas españoles.
Además de invitar a artistas, una de las fórmulas que utilizan para ampliar y sostener sus actividades es la colaboración con agentes, además de la búsqueda de soporte económico institucional –actualmente reciben apoyo de la Generalitat de Catalunya y el Ajuntament de Barcelona, además de otras entidades privadas. Los proyectos llevados a cabo durante el primer lustro de vida de Homesession (2007-2012) están recogido en el libro We can’t wait for better times, cuyo título alude a la razón de existencia de éste y muchos otras iniciativas expositivas de la ciudad, cuya determinación sigue demostrando que es posible y necesario pensar, crear y resistir desde los espacios propios.

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