Transplant: el tránsito de lo humano a lo híbrido

Jueves, 18 Mayo, 2017

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Foto: Amar Belmabrouk. Performance Transplant #1. Centre d’Art Contemporain Transpalette.

Cuando el MoMA de Nueva York expuso en 1936 las Delphiniums modificadas genéticamente de Edward Steichen, todavía no existía el término bioarte. Tuvieron que pasar unos cuantos años, hasta que en 1997 el brasileño Eduardo Kac lo usó por primera vez para referirse a su obra Time capsule A-positive, en la que se insertaba un microchip en su tobillo. Ambos artistas, y salvando las distancias temporales y conceptuales, comparten la apropiación de técnicas que tienen que ver más con la ciencia que con el arte. Y desde Steichen han sido bastantes quienes han abandonando su atelier para colarse en los laboratorios.

¿Podría ser el caso de Quimera Rosa? Ellas no se consideran artistas y se definen precisamente como un laboratorio que trabaja cuerpo, identidad y tecnología desde una mirada transfeminista. Y en Transplant, la creación que desarrollan actualmente en el marco del proyecto Prototyp_ome de Hangar, hay una mezcla de chips electrónicos, componentes vegetales y cambios de identidad bajo un formato performativo que aúna filosofía, ciencia, arte y tecnología.

Es allí donde tiene lugar esta entrevista con Kina y Ce, que acaban de volver de Atenas dispuestas a continuar con la siguiente fase de su investigación y avanzar hacia un cambio de identidad mediante la hibridación humano-planta. Para ello, será necesaria la administración de clorofila en sangre. Aunque eso ocurrirá en noviembre, durante la última fase de esa transición que supone Transplant. “No tenemos ninguna intención de convertirnos en planta, solamente pretendemos ser menos humanos”, explican. De momento han ensayado haciéndose tatuajes con un tinte producido a base de este pigmento natural: Kina luce en su brazo izquierdo la Elysa chlorotica, el único animal conocido que hace la fotosíntesis.

 

Fotos: Candela Cuervo. Biohacklab. 

Residencia PRBB

Uno de los cambios de identidad que parecen haber ya concluido es el que ha convertido también a Kina en cíborg. La implantación de un chip electrónico, similar al que se usa para identificar a los animales de compañía, le ha permitido transitar de humano a máquina, dotarla de una nueva identidad y proporcionarle otra subjetividad. Solo desde este cambio transidentitario, dicen, se puede trabajar el concepto de humano. “Queremos pensar una nueva manera de relacionarnos con nuestro entorno que no sea antropocéntrica. Y para eso debemos dejar de ser humanos, dado que éste es un concepto que se ha creado en un momento histórico y en un contexto cultural dado.”

Pero si os estáis imaginando un cíborg a lo más puro estilo hollywoodiense, no vais por buen camino. “ Nuestro concepto de cíborg está tomado del manifiesto Chthuluceno de Dona Haraway, de la teoría queer y también del feminismo”, aclaran, “y se aleja de esa concepción transhumanista que pretende la mejora de la especie humana con la tecnología, que tiene que ver con la idea de un sujeto enunciador que corresponde al hombre occidental, heterosexual, de clase media-alta. Es decir, una idea de sujeto que no es universal, aunque lo pretenda.”

Por tanto, Transplant es devenir menos humanos para dejar de hablar en términos de dualismos. Género, sexo o especie son, según Quimera Rosa, parámetros nacidos del pensamiento occidental. Incluso “la noción de humano es bastante reciente” afirman, y de ahí la necesidad de huir de estos conceptos que nos encajonan artificialmente.

En esta búsqueda de “identidades más líquidas”, Kina y Ce pretenden no solo modificar su subjetividad a través de la auto-experimentación. Quieren que Transplant sea un proceso colectivo: “es la modificación sobre el cuerpo social lo que resulta muy interesante”. Compartir los resultados de su proceso creativo, ya sea mediante la web, los wikis o las performances, es fundamental para ellas.

Photo: Quimera Rosa. Instalación Transplant

Otro de los roles que Quimera Rosa adopta en Transplant es el de bio-hacker. Intentan extraer y compartir el protocolo de la terapia fotodinámica , una técnica muy reciente y de difícil acceso que se empieza a usar para tratar los condilomas producidos por el Virus del Papiloma Humano (HPV), cánceres localizados, herpes o infecciones bacterianas. Aunque, como dicen ellas, lo realmente interesante es el proceso en sí, más que el objetivo final de replicar este tratamiento. “Hay personas con HPV que, al vernos estigmatizadas por nuestra corporalidad, identidad de género, prácticas sexuales o por no tener papeles, tenemos un acceso complicado o incluso imposible al sistema de salud pública. Buscamos poner en común estas situaciones y generar empoderamiento”. Al fin y al cabo, se trata de proporcionar la posibilidad de establecer un diálogo entre diferentes partes que de otra manera no conseguirían haber conectado.

Esta acción hacker es, sin duda, una crítica a la mercantilización de la salud, de denuncia “a la privatización de lo que es la vida en general” tan habitual en nuestros días.  Ellas ponen el ejemplo de una de las moléculas utilizada en la terapia fotodinámica, que es la misma precursora de la hemoglobina en animales y la clorofila en plantas. “Por lo tanto es muy común, es una materia prima de la naturaleza. Sucede que no se privatiza la molécula en sí, porque legalmente no se puede, sino sus usos”.  Por eso, explican, los precios exorbitantes de algunos medicamentos.

Así que, ante la inevitable  pregunta de si el arte hoy en día, con la que está cayendo, puede no ser político, Quimera Rosa es tajante: “Desde nuestra experiencia, lo que pretendemos también es romper otro dualismo: el de arte/política. Para nosotras van ligados, es el mismo tipo de trabajo. Aunque, imaginamos que sí se puede hacer arte sin política:  la industria del arte funciona perfectamente. Pero igualmente eso también es una manera de hacer política, en este caso liberal”.

Lejos de clasificar Transplant bajo ninguna etiqueta que iría en contra de su propia intención,  el bioarte permite a Quimera Rosa adquirir la capacidad de cuestionar cómo el capitalismo produce nuestra vida a través de aparatos de verificación como la ciencia. Se trata de una investigación que intenta, como ellas dicen,  “comprender cómo funcionan estas herramientas que producen vida, para apropiárnoslas y darles otro uso” alejado de la encorsetada visión cientifista del mundo.
“La segmentación entre disciplinas impide poder resolver problemas complejos. Y también hay que tener claro que no se puede tener una visión global compartimentando, la única manera de obtenerla es hacer circular saberes”. Y transitar por los espacios intermedios, que es donde Quimera Rosa pretende acercarnos con Transplant. Un estimulante viaje en busca de lo híbrido, un trayecto hacia nuestra propia comprensión.

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