Trampolines culturales: moverse en los márgenes

martes, 8 julio, 2014

Por

 

Fuera del techo de la institución siempre han sucedido cosas. La naturaleza de algunos espacios, plataformas o acciones culturales reclaman de otros formatos, un terreno que les permita crecer y desarrollarse, pues apostar por otro método ­les convertiría en algo totalmente distinto. Lo hicieron ayer, lo hacen hoy y, probablemente, lo seguirán haciendo mañana.  Hablamos con algunas de las plataformas o iniciativas culturales que, desde Barcelona y actuando desde la libertad que proporcionan los márgenes institucionales, permiten dinamizar proyectos creativos y ayudan, además, a construir una visión crítica del presente que nos envuelve.

Festival PLAGA
El PLAGA se define como una “proliferación de propuestas artísticas en lugares que habitualmente no se usan como espacios de acogida de arte”. Se trata de un festival que (por segundo año en 2014) celebra exposiciones, acciones y performances durante un fin de semana en distintos puntos de la ciudad. Promovido por Supterranis, un grupo que se define por su heterogeneidad, consideran las razones que motivaron su surgimiento el año pasado: “Aunar energías y hacerlas visibles conjuntamente en el marco de un fin de semana completo de actividades. Pasarlo bien y juntar gente que hace cosas de forma parecida: en casa, en la calle o en su taller. Y hacerlas prescindiendo del paraguas institucional y de presupuesto”.

Tras terminar su segunda edición a mediados del pasado junio, los organizadores del festival valoran positivamente su recorrido hasta el momento. “El balance es positivo. Las dos ediciones han tenido una muy buena acogida por parte de la gente, los artistas, colectivos y otros colaboradores. Seguramente el PLAGA da visibilidad a una parte del contexto, al hecho de que siguen pasando cosas a pesar de la precarización y de los recortes del sector cultural”. Asimismo, aunque el festival aúne una serie de propuestas que permitan construir parte del contexto creativo que se mueve en la ciudad, la naturaleza de la plataforma proporciona una visibilidad limitada y reclama la necesidad de una mejora de condiciones. “El mundo del arte sigue siendo muy endogámico. Actuar en casas, talleres y lugares privados no es la mejor manera para llamar a gente que no suele estar interesada por el arte, pero da una visión animada de este contexto, deja entrever un mar de actividades bastante importante. Trabajar desde la autogestión funciona bastante bien, aunque eso no implica que dejemos de demandar una mejora en las condiciones de los que trabajamos en el sector cultural”.

Revista Microcosmos
Tras la publicación del tercer número de su revista, la Microcosmos se consolida como una plataforma que, apostando por la calidad y por una presentación impecable, da visibilidad a jóvenes escritores, ilustradores y fotógrafos. “Nuestra actividad empieza en el momento en que nos damos cuenta que hay un vacío en el panorama cultural catalán en cuanto a revistas especialmente enfocadas a la literatura. Pensamos que una manera para cubrir nuestras necesidades era crear una revista. Queríamos una revista atemporal, que no estuviera marcada por la actualidad y que fuera de calidad. Desde el principio apostamos por la parte visual. Se trataba de crear un diálogo entre imágenes y texto”.

La índole de la revista y el método de funcionamiento no permiten aún una regularidad en la publicación. El equipo coordinador hace balance de su camino teniendo en cuenta la situación de precariedad en el campo de la cultura. “Precisamente esta situación nos hizo decidir por publicar la revista en digital. Nuestra ilusión era poder llegar al papel, pero en un principio se nos escapaba de las manos. Nos sorprendió muy positivamente la buena acogida del primer número entre los lectores. Tal y como habíamos planteado, la revista no nos suponía ningún coste. Los colaboradores nos ayudaban altruistamente y los que la dirigíamos no esperábamos ningún beneficio. Aun así, de cara al tercer número hicimos el salto al papel y esperamos que esta sea la dinámica a seguir a partir de ahora. Ya no nos conformamos con el formato digital. Para llegar al tercer número en papel hemos puesto dinero de nuestro bolsillo. El resultado ha sido un éxito y esto nos anima a continuar así, aunque sabemos que será necesario reinventarse para conseguir financiación de otros lados. Estamos trabajando en ello”.

#3 Revista Microcosmos. Primer número en papel con portada del ilustrador David de las Heras.

Asimismo, y considerando que publicar en papel permite que la revista se convierta en un punto de contacto real entre colaboradores y lectores, los organizadores consideran nuevas líneas de trabajo a partir de ahora. “Pensamos que lo que hace falta es hablar con los participantes y tratar de articular actividades que nos hagan movernos. Intentar establecer puntos de diálogo entre gente con intereses similares para que se enriquezcan las distintas visiones. Consideramos que uno de los puntos fuertes de Microcosmos es la diversidad de disciplinas que se integran y, a partir de aquí, pensamos que se pueden llevar a cabo otras propuestas, además de la revista, que propicien el debate y una visión crítica de la cultura del momento en que nos ha tocado vivir”.

Col·lectiu NIO
Una de las plataformas más emergentes que han apostado por el campo de la cultura contemporánea es el Col·lectiu NIO, iniciativa que, precisamente, lleva por lema ‘emergencias y emergentes’. “Nuestra necesidad —emergencia— era abrir un espacio a partir del cual poder hablar de prácticas artísticas y culturales emergentes desde una perspectiva también emergente. Nuestro objetivo no es tan solo expresar nuestra opinión frente a un contexto cultural que se muestra complicado sino, además, hacerlo como personas que no tienen una formación específica en Bellas Artes o Historia del Arte. Creemos que es muy importante hablar de cultura en términos más generales y dar paso a enfoques más transdisciplinares”.

El Col·lectiu NIO, además de ser una plataforma de reflexión a través de su blog, se presentan como un equipo de comisariado. Recientemente han empezado ‘Compartiments’, una exposición comisariada por ellos mismos a través de la cual reúnen la obra de artistas emergentes en un piso privado. La primera de estas exposiciones formó parte del programa del festival PLAGA. “Para nosotros participar en el PLAGA es una gran oportunidad para aprender de otras iniciativas con más experiencia y que, afortunadamente, aceptan de buen grado estas colaboraciones. Al final el objetivo de este festival, igual que las bases del Col·lectiu NIO y de otras muchas plataformas, es crear una red de sinergias paralela a la escena dominante”.

Colaborar con otras iniciativas es un punto clave para poder llevar a cabo más actividades. “Desde el colectivo no paramos de tener ideas, generalmente en colaboración con agentes externos. Aun así, es difícil llevarlas a cabo con unos recursos tan limitados. Este es ahora nuestro mayor reto: poder llevar a cabo más exposiciones como ‘Compartiments’ en contextos distintos y trabajando desde y sobre la situación de precariedad actual”.

Morir de Frío
En 2011 nace Morir de Frío, colectivo que precisamente surge de la voluntad de hacer algo frente a la quietud o que te puede llevar a morir de frío. Tras nacer como un blog a través del cual reflexionar sobre arte en todos sus contextos, este colectivo ya ha dejado atrás la pantalla del ordenador en diversas ocasiones para llevar a cabo muchas otras actividades. “Morir de Frío surge de la voluntad de compartir cosas entre nosotros, un grupo de amigos de Osona que llegamos a Barcelona para estudiar arte. Estábamos descubriendo un mundo nuevo, los inputs eran tantos que tuvimos la necesidad de compartir todo aquello que nos parecía interesante. Un día descubrimos que había gente que nos seguía y decidimos arreglarlo un poquito: mejorar el diseño de la web, hacer un logo y, sobre todo, aprender a escribir bien y para cualquiera”.

Alba Vilamala, Anna Dot, Blai Marginedas, Palma Lombardo y Raquel Vila son Morir de Frío. (Fotografía de Andrea Torres)

Como colectivo plenamente enfocado hacia el arte contemporáneo, tienen una opinión firme respecto a la situación actual de la cultura. “La cultura es un campo muy amplio formado de subcampos, algunos de los cuales están más precarizados que otros. Sobre el arte contemporáneo podemos hablar de una precariedad absoluta. Creemos que las cosas tienen que cambiar mucho. Es una obviedad, pero a veces es necesario decir lo que es obvio. Nuestra apuesta por este cambio está enfocada hacia la educación. Nos parece que el arte contemporáneo es un recurso educativo en potencia que habla de nuestro momento, de nuestra situación y que, por lo tanto, aprender a leerlo y a interpretarlo puede ser una acción tan política y crítica como aprender a leer un periódico o seguir la actualidad informativa”.

Por otro lado, la actividad de este colectivo en el campo de la crítica del arte es importante. Además de reflexionar sobre su propia actividad, les pido su opinión sobre lo que me parece una falta de un contexto fuerte e independiente en el campo de la crítica del arte y la cultura. “Ahora mismo echamos de menos poder dedicar tiempo a escribir. Y sí, el campo de la crítica nos parece que es un territorio desconocido, temido y dejado. Si el arte contemporáneo interesa poco, la crítica interesa aún menos. Cuando empezamos, con toda la ingenuidad del mundo, no conocíamos ningún otro proyecto dedicado a la crítica. De hecho, ni tan solo considerábamos que nosotros nos dedicáramos a esto. Con el tiempo descubrimos plataformas alucinantes como A*Desk, con larga trayectoria y de quienes hemos aprendido muchísimo. La crítica de arte es una práctica difícil y, a lo mejor, aún poco explorada. De algún modo nos interesa seguir con nuestra ingenuidad y actuar por instinto para llevar la crítica a nuevos formatos. Nos preguntamos, por ejemplo: ¿podemos hacer crítica de arte en formato de canciones pop?, ¿o en vídeo?, ¿o en poesía o performance? A lo mejor daría una nueva percepción del campo. Estamos pensando en ello”.

Algunos integrantes del equipo de Morir de Frío forman parte de Supterranis, el colectivo organizador del festival PLAGA. “Supterranis es un formato de equipo abierto y en metamorfosis constante. PLAGA nace del hecho de juntar propuestas varias que ocurrían en espacios pequeños y privados. No tenemos ni idea de organizar un festival, pero lo hacemos. Nos equivocamos en muchas cosas, pero no va mal. Es precisamente un espacio de experimentación en todos los sentidos: tanto en lo que se muestra como por su organización. Morir de Frío comparte el mismo espíritu que el festival: crear espacios de riesgo y libertad donde equivocarnos, aprender y equivocarnos de nuevo para poder redefinirnos. Son espacios que construimos para nosotros pero que, al entrar en contacto con un público, se vuelven críticos”.

Club Cronopios
Los Cronopios son unos personajes inventados por Cortázar que, contrariamente a los Famas, apuestan por una vida de diversión totalmente contraria a objetivos de rentabilidad, optimización o beneficio económicos o de tiempo. Por este nombre apuesta el Club Cronopios, asociación con espacio físico en el Raval desde la cual se organizan cantidad de actividades culturales. “Queríamos crear un espacio en el que sucedieran cosas interesantes y a la vez fuera divertido. Pensamos en montar una asociación cultural literaria en la que tuvieran cabida todas las expresiones artísticas”.

Cuando el objetivo no es sacar grandes beneficios económicos, hay espacio para apuestas emergentes y para retribuciones basadas en la diversión y el conocimiento que dan lugar a balances verdaderamente positivos. “El terreno cultural en que nos movemos suele ser de gente que está empezando y que se expresa artísticamente por necesidad vital. En este territorio la retribución económica (que ha de haberla para compensar el esfuerzo y el tiempo) queda en un lugar secundario. La mayoría hacemos las cosas porque nos divertimos, nos gusta y nos realiza como personas. Entonces es todo más fácil. Cada día aparecen personas y propuestas nuevas que hacen evolucionar el proyecto hasta enfoques que no habíamos previsto. Se sienten muchas ganas por parte de la gente de formar parte de lugares donde se propone una cultura interactiva en la que no seas un mero observador sino que puedas ser partícipe del contenido y sentirte ubicado con el lugar y en la era en que estás viviendo”.

_El Passadís_
_El Passadís_ es un pasillo. Un pasillo quem lejos de la inutilidad habitual a la que asociamos estos lugares, se define como “un espacio de posibilidades, unas ganas de abrir las puertas a que sucedan cosas, que pasen personas y que pasen ideas”. Sin querer asociar su surgimiento a una consecuencia directa de un contexto cultural en crisis, Caterina Almirall, quien está al mando de la iniciativa, considera las razones del surgimiento de esta: “No es una reacción frente a un contexto culturar precario, sino la necesidad de escapar de formatos institucionales, de la burocracia y del formato-proyecto. Para acceder a una beca u obtener financiación tienes que encajar tu proyecto en un formato de presentación de proyecto-dossier concreto que afecta, a la vez, al propio devenir del proyecto. Hay proyectos que no son aptos para este formato. _El Passadís_ comienza con las ganas de hacer cosas de una manera más orgánica donde las relaciones son más cercanas entre artistas y organizadores y, evidentemente, los medios son más precarios. Me gusta pensar que la primera exposición que hicimos con Natàlia Calderón (quien me acompañó durante el primer año de proyecto) explica un poco este talante: ‘cosas que pasan’”.

“Pols oposats s’atrauen”. Acción en _El Passadís_

Como se ha considerado en plataformas presentadas anteriormente, la apuesta por la autogestión, en este caso, también responde a conseguir un espacio donde experimentar y comprobar que se puede trabajar de manera distinta a la institución aunque no exista estrictamente un enfrentamiento o rechazo a esta. “La experimentación, el ensayo, la prueba y error y el aprendizaje que implica la autogestión es quizás lo más importante. Aun así, en una institución formal también se tendría que poder hacer. Me sigue interesando mucho probar formatos diferentes a la exposición convencional, y este espacio me lo permite. La autogestión permite hacer cosas a tu medida, con muy poco puedes hacer mucho a nivel de recursos. Hemos hecho muchas cosas a base de fotocopias y de material prestado que han funcionado muy bien. Cuando trabajas así, las relaciones que se establecen también son específicas y se generan espacios de intercambio de conocimiento muy chulos. Por otro lado, el proyecto es orgánico, por lo que se trabaja cuando se puede. Los tiempos que mueven el proyecto son los propios, sin necesidad de forzar la máquina e intentando adaptarnos a los ritmos de quienes participan”.

El balance de la actividad del _El Passadís_ hasta ahora es positivo. Este año han llevado a cabo menos actividades porque han colaborado con EART, un espacio de Gracia donde hay escuela y también talleres para artistas. Caterina Almirall explica sus sensaciones hasta el momento y algunos de los planes más inmediatos: “El balance es positivo. A veces genera desgaste o agotamiento porque implica mucho tiempo y entusiasmo, que puede tener caducidad. Pero estoy muy contenta con la respuesta hasta ahora. Se ha llegado a petar la casa a tope de gente en algunas inauguraciones y hemos recibido muy buenas críticas. Como planificamos a corto plazo, de momento solo tenemos planteada una actividad en julio como cierre de temporada: la idea es salir de _El Passadís_ e ir a un jardín fuera de Barcelona. Allí haremos un taller de dibujo y una exposición que combinará cosas de mi padre (que no es artista) con aquello que la gente quiera aportar. La exposición durará lo que la gente aguante en el lugar y se llamará “el jardí de les bèsties”. De cara al próximo año, ya veremos, quizás hará falta un cambio en el proyecto para no agotarlo”.

Barcelonés está editado por
Until We Change It.

Contactar para oportunidades de
Publicidad.

Política Editorial