Sonia de Abril; musa de la vida cotidiana

miércoles, 16 julio, 2014

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Conocer a Sonia es dar con la certeza de que las musas existen y no en nuestra imaginación y a través de elucubraciones varias, si no en la vida real, en lo mundano, en lo cotidiano, en lo que verdaderamente está ahí, va sucediendo delante de nuestros ojos, y se llama vida. Las musas no vienen y van. No son seres de otro planeta. Tienen cara y ojos. Son reales. Quizás la eterna búsqueda de la inspiración en la que a veces nos metemos en bucle, no tiene el sentido grandilocuente que queremos que tenga, y nos equivocamos mirando más allá, cuando lo interesante está a nuestro lado. En esta línea, y sin duda alguna, Sonia, psicóloga infantil, madre y musa de su marido, el fotógrafo Román Yñán, tenía que formar parte de esta constelación. Siempre estuvo ahí, y siempre le agradeceré a los ‘Romanes’ (Bayarri e Yñán) haberme conectado con ella. Su mirada, tantas veces vista a través de los ojos de su pareja, compañero, amante, fotógrafo excepcional y su devoto outsider, trasmite perspicacia y cariño extremos al mismo tiempo, y engancha. Su vida familiar, su intimidad, su cuerpo y alma, mostrada a través de la fotografía, es una sucesión de momentos tan mágicos y cargados de tanta belleza, que se nos quedan a todos grabados en las retinas. Un diario sin fin único y extraordinario que Román Yñán, va escribiendo día tra día a través de imágenes, y que sería impensable sin ella y su templanza, y posteriormente, sin los hijos de ambos que todos estamos viendo crecer. Quizás es que en la naturalidad del instante, en lo familiar de las imágenes, nos sentimos todos acogidos en su casa y en sus vidas. Realismo surrealista mágico fotográfico. Es probable que si a Gala y Dalí les tocase vivir en nuestro tiempo, querrían parecerse a Sonia y Román.


41.3801°N 2.1648°E – Sonia de Abril (Barcelona, 25 de mayo de 1973)

La fotografía para mí es como otra manera de vivir las cosas que vivo. A mí no me gusta hacer muchas fotos, yo hago muy pocas de hecho, porque también sé que Román las hará todas. A mí me cuesta porque siento que me estoy perdiendo el momento real, pero luego veo las fotos de Román, y veo ese momento a través de sus fotos y hay cosas que yo no las viví así o no me había dado cuenta y es curioso, es como ver una película nueva de tu vida. A veces es molesta también, cuando nuestros hijos eran más pequeños y conseguíamos que se durmiesen, Román quería hacer la foto, la hacía por supuesto, y los despertaba con el ruido de la cámara. O a veces estar hablando, girarte y ¿dónde está Román? y se había quedado por ahí haciendo una foto. Pero después es muy interesante, porque puedo vivir la vida yo como quiero y luego tengo la otra, el reportaje. Así que un mundo sin fotografía sería perder los recuerdos. Yo ya me imagino cuando sea viejita con Román, archivando todas las fotos, poniéndolas en álbumes. El hecho de que nuestra vida, nuestra intimidad familiar esté expuesta no me molesta en absoluto. Creo que hay una gran parte de narcisismo en todo esto también, como que me gusta que lo vean, pero bueno, hay algunas cosas que reconozco que he censurado.


Acabar siendo musa fue un proceso también. Cuando conocí a Román tenía fobia a que alguien me hiciese fotos, porque me veía mal, muy tiesa. Cuando empecé a ver las fotos que me hacía él, me gustaba como salía y me empecé a acostumbrar. También era una forma de ver como me veía él. Formaba parte del enamoramiento. Cuando empezábamos a ser pareja la fotografía estaba presente hasta en nuestras discusiones, Román me decía ¡un momento, un momento! parábamos y me hacía la foto. Era como estar en una peli de Bergman. Yo también me dejaba, y aquello no aumentaba el enfado, increíblemente. También cuando éramos más jóvenes parecíamos más dramáticos. Visto en la distancia era como un teatro, una peli. A medida que pasa el tiempo, y la energía la tienes que centrar en otras cosas, pues estas peleas así tan sicilianas, como que fueron desapareciendo, y la fotografía empezó a formar parte de todo de un modo cotidiano. Estás en el baño, una foto, haces esto o lo otro, una foto. Algo normal. Es como que paramos los momentos. También como musa, he de confesar que si hace fotos a alguien, a otras chicas especialmente, me da bastante celos, en plan… Soy yo. A los niños les dejo ser musos, pero el resto, lo siento casi como una infidelidad, normal en cierto modo, llevamos juntos 17 años, media vida.


Me estaba sintiendo muy rara cuando me retratabas. No estoy acostumbrada a que me fotografíe alguien que no sea Román. Es extraño. Además que con Tomás y Elsa (sus hijos) es imposible ser persona (risas) y estar quieto. Los niños son como parte de ti, y resulta difícil estar uno sólo consigo mismo. Sobre la persona que he elegido para que retrates, pues ha sido complicado, pero me gustaría que fuese David. Trabaja en un Espai Familiar, y es una persona muy diferente a mí y me parece muy interesante. Es muy zen y te transmite mucha paz cuando hablas con él, y además en ese sitio hemos vivido cosas muy intensas, porque te da otra versión diferente de la familia.


Soy psicóloga infantil y trabajo en un centro de atención precoz donde atendemos a niños de 0 a 5 años con todo tipo de dificultades. La verdad es que tenía muy claro que me quería dedicar a la psicología y cuando llegó el momento de escoger una carrera no tuve dudas. Primero quizás para poder entenderme más a mi misma. Empecé con adultos y más tarde pude hacer prácticas con niños autistas y ahí fue donde conecté con ello, y con lo que verdaderamente me motivaba. Emocionalmente, siendo ahora madre, hay casos que te tocan más que otros. Con los niños autistas, en cierto modo, ya estoy acostumbrada después de tantos años; a parte que un niño autista lo es porque tiene una enfermedad, no hay culpables, por decirlo de algún modo. Pero últimamente ha cambiado la tipología de niños que nos llegan al centro. Han aumentado los casos por maltrato y abuso infantil. Hay mucha gente que debido a las circunstancias (están en situaciones complicadas o se han quedado en paro por ejemplo) pasa mucho más tiempo en casa y acaban saliendo temas de agresividad que ya estaban en ellos, pero que antes al estar fuera de casa no eran tan evidentes. Aparecen negligencias, niños que se quedan solos o que viven en condiciones no adecuadas, agresividad hacia la pareja o hacia los propios hijos por crispación, etc. Y esto si que emocionalmente y como madre me me toca y me agota mucho más. El autismo también es difícil, pero tu estás allí para ayudar, y los padres también tienen muchas ganas y aportan mucho. En los otros casos, todo es más ambiguo y complejo.

 

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