Paisajes mentales y experiencias transformadoras: Luna Miguel

martes, 22 agosto, 2017

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En su último poemario “El arrecife de las sirenas” (La Bella Varsovia, 2017) la poeta, periodista y editora Luna Miguel acuna en sus versos la tensión el movimiento y la pasividad, entre el viaje geográfico y la contemplación de la maternidad o la muerte, a modo de conclusión de una trilogía sobre el cuerpo.

Este libro cierra una trilogía ¿nos podrías explicar un poco más en que consiste la serie?
Cuando empecé a escribir “La tumba del marinero” yo no sabía que los dos libros siguientes seguirían su estela. No una estela formal, ni tampoco temática, pero sí anímica. Me di cuenta de que se trataba de una especie de ‘Trilogía del Cuerpo’ cuando estaba terminando de escribir “Los estómagos” y supe que lo siguiente debía ir reconducido hacia la vida. Era lo justo para el lector, llevaba demasiadas páginas escritas sobre asuntos oscuros. Y era lo justo para mí. Para mi vida.

¿Qué tienen en común?¿Por qué este libro es la clausura de ese ciclo? ¿Es un ciclo poético o un ciclo vital?
Después de “La tumba del marinero”, que era el pulmón, y después de “Los estómagos” que era el estómago, llegó “El arrecife de las sirenas”, que es el útero. O dicho de otra manera: el cáncer, el hambre y la maternidad. Es curioso, esto de la trilogía involuntaria ya me pasó antes: “Estar enfermo”, “Poetry is not dead” y “Pensamientos estériles” son tres libros que escribí entre los 15 y los 19 años, y que también se complementan entre ellos. Así que sí, creo que es algo literario, pero también vital, movido por la casualidad. Supongo que es lo que tiene escribir muchas veces como si de un diario se tratara.

¿Llevas un diario, siguiendo aquella célebre máxima de la escritora y periodista Joan Didion de que tener un cuaderno de notas marca la diferencia entre escribir y no escribir?
Reconozco que desde hace unos dos o tres años me cuesta tener un diario, pero lo tengo, aunque sea casi en blanco. Tomo notas que me ayudan a escribir esos poemas, y son notas que inevitablemente tienen que ver con mi día a día y lo que siento.

La importancia del cuerpo en esta trilogía se nota también en este libro: los latidos del corazón, los dientes, las cicatrices abiertas que parece que te espolearan…¿es tan orgánica tu experiencia de escribir?¿una urgencia que te asalta desprevenida?
Tanto en ficción como en no ficción o en poesía mi escritura es orgánica. Suelo escribir de madrugada, suelo forzarme bastante, dejarme llevar por cómo me siento o por las sensaciones que me provoca el tema sobre el que escribo. Claro que eso hace que muchas veces se genere una escritura excesivamente visceral, de modo que el proceso de reescritura y corrección acaba siendo muy largo e intenso.  

Este libro condensa imágenes visuales  muy potentes como “en dos mil años los gatos se pasearán por las ruinas de la civilización” o “los adultos cadáver ríen con la boca llena de sal” ¿cuáles son tus influencias a la hora de escribir además de la literatura?
Pues en este libro el manga tuvo una influencia muy grande, sobre todo en la parte de Japón y en la última, la que habla de la experiencia del embarazo y de los primeros meses de vida del hijo. Creo que justo esa imagen que resaltas de los adultos cadáver y sus bocas de sal podría ser una ilustración de Junji Ito. Me lo imagino. De color negro, con bocas alargadas y ojos muy abiertos. Me gusta lo que leer manga hace en mí, porque me ayuda también a saber que ciertas imágenes más complicadas en realidad son muy posibles. El manga, la música electrónica o las series podrían ser mis influencias además de los libros, sí.

El efecto como de sucesión de postales, sobre todo en la serie de poemas sobre Japón y México, transmite mucho más que la distancia antropológica de un turista en cómo reflejas tus estados de ánimo y tribulaciones internas en el paisaje. Hay mucho de sublimidad romántica en eso ¿Te consideras muy romántica (en el sentido del Romanticismo histórico, no de romántica en el sentido sentimental)?
Más o menos visibles, en el libro aparecen postales de Oporto, Tokio, Kioto, Roma, París, Estocolmo, Guadalajara y Ámsterdam. Si no aparecen mencionados esos lugares, al menos ciertos poemas están escritos allí. Creo que el 70% del libro está escrito fuera de Barcelona, la ciudad en la que resido. Otro lugar geográfico que nunca aparece es Almería, cuando en realidad el título del libro remite al arrecife de las sirenas, en Cabo de Gata. No sé si me considero romántica, pero comparto que la fuerza del paisaje cada vez es más importante para mí, o al menos lo fue durante la escritura de El arrecife. Creo que durante esos dos años lo que busqué fue un sitio en el que sentirme bien. Un sitio al que pudiera regresar y sentirlo como casa. Descubrí que eso no existe y que se lo tiene que crear uno. Que la casa está dentro de uno. Por eso no vi necesario incluir ciertos textos en los que sí se hablaba del arrecife de las sirenas geográfico. Cerca de ese sitio es donde están las cenizas de mi madre. Hablando con la periodista Tania López me di cuenta de que involuntariamente dos de mis libros en realidad se titulan igual. Si miramos bien esa postal, cuando hablo de La tumba del marinero y de El arrecife de las sirenas estoy hablando de la misma tumba. Eso es romántico.

Me gustaron los momentos de desdoblamiento de tu yo poético,  por ejemplo, cuando la voz poética habla con la Luna del futuro, porque exhiben cierto abandono del ego, una falta de autocomplacencia. ¿Cómo gestionas tu visibilidad en las redes a la hora de escribir? Después de haber escrito cinco libros de poesía  ¿te afectan las expectativas de tus lectores más fieles?
Para responder a esto, te diré que el otro día salió en Babelia una reseña de mi último libro que, a pesar de ser positiva, comenzaba con un párrafo en el que el autor parecía querer disculparme. Disculparme por lo mediático, por estar en las redes sociales, por haber salido en prensa, por haber hablado de la juventud o por haber construido una imagen de ‘it poet’ (sea lo que sea eso). Disculparme porque a pesar de esa ‘hiperactividad’ había escrito un libro bonito. Eso que dijo el crítico me dejó obsesionada, porque sinceramente yo no creo que sean cosas incompatibles. Ser mediático, o trabajar en un medio viral o tener un Instagram lleno de té matcha no entra en ningún conflicto con ser lector o escritor. Faltaría más. Por eso no creo que la visibilidad en redes afecte a cómo escribo, siento o pienso. Esas cosas forman parte de un todo. Y ese todo soy yo. Y unas veces lo haré bien y otras lo haré mal, pero seguiré aprendiendo y avanzando.

Gracias a tu activa participación no solo como poeta sino como editora y gestora de múltiples acciones para dar visibilidad a la poesía joven en castellano ¿consideras que es más importante la visibilidad que la relevancia de lo que se escribe?
Esa es otra de las cosas que me ha obsesionado siempre, tener compañía. Creo que es muy importante que el escritor no esté solo y que pueda comunicarse con otros escritores. Además, cuando eres ‘visible’ creo que es tu responsabilidad enseñar todo lo bueno que hay, así como criticar todo lo denunciable.

¿Podrías recomendarnos a algún poeta relevante que no esté en activo en las redes sociales?
Ahora mismo me gustan bastante unos cuantos autores emergentes de España: Irati Iturritza, que acaba de publicar su primer libro en La Bella Varsovia, y Rodrigo G. Marina, al que publicaron en Oculta Lit unos poemas brutales. De fuera, me interesan el danés Caspar Eric, al que ojalá pudiera leer más en inglés o en español, la peruana Valeria Román Marroquí o la francesa Laura Vazquez.

Sabemos que estás escribiendo tu primera novela ¿Nos puedes contar algo ?
El título provisional es El funeral de Lolita y para mí es como una especie de revisión de lo que yo considero ya un mito moderno, y de toda la literatura que se ha escrito a propósito de la nínfula. También estoy escribiendo mi próximo libro de poemas, también con título provisional: Poesía masculina. ¡Ya os contaré cómo avanzan!

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