Oda a Corte Moderno

Miércoles, 15 Junio, 2016

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Ahora que la Primavera ya se ha instalado y está pisando fuerte, con altibajos de temperatura repentinos, desequilibrio hormonal y ecos de verano que como sirenas cantan melodías hechizantes, escuchar “Acto I Escena V” de Corte Moderno me recuerda que pronto la vida se va a convertir en una pequeña y bastante deliciosa locura durante unos meses. Festivales musicales, fiestas veraniegas, vacaciones, la ciudad calurosa y a menudo insoportable, todo esto contribuye a que los próximos cuatro meses sean un no parar. Pero aparte de esto, me recuerda una gran verdad que desde hace un tiempo ha hecho su presencia inminente. Es el hecho de que el tiempo corre cada vez mas rápido, como también cantan mis queridos Doble Pletina en su Progresión Exponencial. Corte Moderno están muy de acuerdo y dan un sermón sencillo sobre el Carpe Diem de tan solo 2 minutos y 20 segundos, repleto con sintes vintage, harmonías vocales y una vitalidad a la vez grande pero también comedida.

“Acto I Escena V” me suena como un especie de tributo a los Beach Boys cantado por androides pálidos, vestidos de negro y llevando gafas de sol en un sótano en los últimos años de los 70. Hay un aire de rock’n’roll y surf en la melodía y los coros pero apuesto que en ese sótano donde visualizo a la banda tocando no llega nunca ni la luz del sol ni la brisa del mar. En vez de imágenes de California, palmeras, olas y coches descapotables, la canción más bien me trae en la cabeza escenas sacadas de Blade Runner o de Liquid Sky, de una ciudad retrofuturista, con muchas luces de neón, mucho hormigón, mucha gente anónima que pulula como termitas las avenidas anchas y a menudo desoladoras. Esta gente tiene un aspecto enfermizo y probablemente sus vidas tienen un tono Kafkiano, apuesto que están atrapados en viles estructuras como dirían Vainica Doble y en ruedas de hámster invisibles, yendo del trabajo a casa y de casa al trabajo y consumiendo sin parar durante su poco tiempo libre. En esta ciudad los Corte Moderno serían los rebeldes a quienes se la suda el mecanismo corporativo, parias que vagabundean por los márgenes de la sociedad, leen tebeos, tocan música, hablan a veces mucho y con toneladas de entusiasmo sobre temas poco comunes y veces se quedan callados contemplando al vacío. Realmente poco sé de este grupo aparte de que son amigos de amigos y que acaban de sacar un disco de edición de coleccionista en Terranova, con artwork desplegable y precioso de Toni Hervàs. Igual no están muy de acuerdo con la descripción que acabo de escribir, pero no puedo evitar pensar en estas cosas cuando cierro mis ojos y pongo la canción una y otra vez. También pienso en el paso del tiempo. Obsesivamente.

Veréis, he sido una persona que se toma su tiempo. Cualquier decisión me cuesta horrores tomarla, cualquier acción la tengo que medir por allí y por allá antes de realizarla, me quedo horas perdido en el internet o procastinando de formas varias. Y también tengo una tendencia malvada a contemplar el pasado demasiado y a veces olvidar el presente, que es como si lo viviera otra entidad que se ha apoderado de mi cuerpo. Y últimamente me he dado cuenta que así no se puede vivir. La vida misma me ha dado alguna que otra bofetada para demostrarme que me tengo que despertar, ser mas ágil, vivir en el ahora. Aun así, sufro mucho cuando tengo que ser rápido. Pero cuando lo hago, raras veces pero con más frecuencia que antes por lo menos, me siento mucho más satisfecho que cuando soy un caracol humano que va a paso lentísimo. Recuerdo a mi madre diciéndome siempre de no malgastar mi juventud porque no vuelve. Recuerdo a mi amiga Anglela, 11 años mayor que yo, diciéndome hace 15 años que a partir de los 25 el tiempo ocurre de una manera que no te lo puedes creer. Entonces reí. Ahora me he dado cuenta lo cierto de esas declaraciones.

Hace un año sufrí una gran pérdida personal que marcó un antes y un después. De repente me di cuenta que la vida es finita. Empecé a hacer cálculos pues, de cada tipo como ¿cuántos años, a lo mejor, me quedan para disfrutar de mis padres sanos? o ¿cuántos años que quedan para tener pelo en mi cabeza?, para poner dos ejemplos. Y la gran, terrorífica pregunta de ¿cuántos años, siendo realistas y sin que ningún accidente ocurre, me quedan de vida? Entonces decidí que por mucho que me aferre al pasado, la melancolía y la pereza, ha llegado el momento de vivir con prisa, aprovechar cada momento y no perder mucho tiempo mirando atrás. Estoy en ello pero me falta mucho camino por correr. Sigo siendo lento pero a la vez dudo menos que antes y me emborracho de las buenas cosas de la vida más intensamente que nunca, ahora la espada de Damocles parece más cerca de mi cabeza que antes. A causa de estos pensamientos y hechos, sentí una conexión inmediata con la canción “Acto I Escena V”. Y ahora mismo, justo antes de disfrutar la locura de verano e inmerso hasta las cejas de otras locuras, la de la Hacienda y la de las Inmobiliarias, viles situaciones burocráticas que eliminaría en un plis si pudiera, esta canción me da ánimos para ponerme con las manos en la masa, acabar ya con el papeleo, y salir allí fuera a disfrutar al máximo, aunque situaciones distópicas sigan ocurriendo. Me rayan pero no dejo que eso dure demasiado. Hay mucha vida, mucho amor, mucha diversión, mucha creatividad que gozar. Viviendo deprisa se disfruta más. Cada segundo hay que aprovechar (sic). ¡Vamos allá!

Vamos, recoge, que todos se van.
El tiempo no espera en Negociudad.
Olvida lo malo, no mires atrás.
Viviendo deprisa se disfruta más.
AAAAH AAAAH
Cada segundo hay que aprovechar.

Los flashes deslumbran en la oscuridad.
La música suena, no puedes parar.
Olvida lo malo, no mires atrás.
Viviendo deprisa se disfruta más.
AAAAH AAAAH
Cada segundo hay que aprovechar.

El crédito deja su estela al pasar,
Gastándolo compras la felicidad.
Olvida lo malo, no mires atrás.
Viviendo deprisa se disfruta más.
AAAAH AAAAH
Cada segundo hay que aprovechar.

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