Los universos de Albert Monteys

miércoles, 20 enero, 2016

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En 1996, un cómic dibujado en menos de dos semanas hace que Albert Monteys se alce con el premio al autor revelación de ese año en el Salón del Cómic de Barcelona. “Calavera Lunar”, además de un asombroso artefacto mezcla de ciencia-ficción y humor, es muestra fehaciente de que las tarjetas de presentación pueden, aún teniendo casi un par de décadas de antigüedad, seguir cumpliendo perfectamente su función. “Cuando Javier Rodríguez, que ahora está dibujando “Spider-Woman”, le propuso a Marcos Martín que me publicase un cómic en su web y éste aceptó, ambos estaban depositando una fe loquísima en mí; una fe basada en “Calavera Lunar”, un tebeo de hace más de 20 años”, cuenta Monteys sobre la concepción de Universo, su cómic digital de sci-fi publicado en el portal Panel Syndicate. “La ciencia ficción siempre me ha gustado mucho, a muchos niveles: el sentido de la maravilla que transmite, la posibilidad de hablar de cosas actuales a través de una proyección en el futuro… La cuestión es que hice “Calavera Lunar” y meses después me contrataron en El Jueves, donde finalmente estaría durante 18 años de mi vida haciendo exclusivamente humor costumbrista. Si después de “Calavera Lunar” hubiese hecho dos o tres tebeos más de ciencia ficción, seguramente me habría dado por satisfecho, pero El Jueves me ocupaba tanto tiempo que era imposible. Por esa razón, siempre que me han ofrecido hacer algo personal, he acabado optando, como en el caso de “Universo”, por la sci-fi”.

Entre las influencias confesadas de “Universo” se encuentran, por ejemplo, la locura de los cómics que la editorial EC publicaba en los años sesenta, la contundencia de los relatos cortos de ciencia ficción setentera, y el tratamiento elegante de la fantasía moderna que ejercita Black Mirror. De la misma forma que la serie británica, cada número de Universo presenta una historia autoconclusiva, por lo que sus ya tres referencias, al no haber por ahora continuidad narrativa definida, pueden ser perfectamente degustadas por separado. “Mi idea es, más adelante, relacionar todas las historias de alguna manera. Además, para mí, aunque tengan enfoques distintos, “Universo”, “Calavera Lunar” y “Karlitos Fax”, el personaje infantil que creé para la revista Míster K, coexisten en el mismo universo”, revela Albert. “De alguna manera, siento que yo mismo vivo en dos planetas distintos. Cuando firmo en convenciones de cómics, siempre experimento la dicotomía: ¿El que me acaba de pedir un dibujo es fan de “Universo” o de El Jueves? Porque si era fan de “Tato: Con moto y sin contrato” y le dibujaba un “Calavera Lunar” no entendía qué coño era aquello. Pero ese tipo de experiencias son constructivas: revelan que me queda mucho trabajo por hacer como autor. Ni yo mismo sé aún qué tipo de tebeos hago”.
Puede que Albert Monteys no sepa todavía qué tipo de tebeos hace, pero desde que abandonara El Jueves en 2014, su producción no ha dejado de crecer. Además de “Universo y Orgullo y Satisfacción”, satírico del que hablaremos más adelante, títulos como “Misterios Comestibles” o “Mondo Lirondo Returns” –la continuación del fanzine que hacía con sus compañeros de facultad– han permitido que encontremos siempre alguna publicación del dibujante en la estantería de novedades. “Mucho de todo ese material lo tenía dibujado antes de irme de la revista; en el caso del “Mondo Lirondo Returns”, mi parte estaba hecha desde hacía casi diez años. Lo que sí estaba experimentando en mi última etapa de El Jueves era una especie de crisis creativa: llevaba haciendo lo mismo semana tras semana, y dibujar ya no me satisfacía. Necesitaba redescubrir qué era lo divertido de mi profesión, porque el día a día había hecho que se me olvidase. Sé que hacer tebeos es más divertido que trabajar en, no sé, un banco; es más divertido hacer “Tato: Con moto y sin contrato” que un curro de mierda que te chupe el alma. Pero yo empecé a hacer tebeos para divertirme, no para estar exclusivamente al servicio de una revista con unos códigos ya marcados”. Esa ansia de libertad creativa, conquistada a día de hoy por el autor, le ha devuelto, sobre todo con “Universo”, a la época en la que diera sus primeros pasos como dibujante. “Me he sentido muy de vuelta a los noventa; a la época en la que hacía fanzines. Pero tener libertad absoluta para crear una historia de cero también tiene un punto paralizante; un punto de preguntarte qué es lo que se espera de ti”.

Ahora, lo que se espera de Monteys ya no se circunscribe únicamente a las expectativas de su lector habitual, necesariamente peninsular, puesto que casi la mitad de los consumidores de “Universo” están pagando en dólares un ejemplar que puede adquirirse en catalán y castellano, sí, pero también en inglés. “El hecho de que Private Eye (el título con el que arrancó la web que publica “Universo”) estuviera firmado por Marcos Martín y Brian K. Vaughan, unas estrellas del cómic americano, hace que cualquier título que se venda en Panel Syndicate tenga mucha visibilidad internacional sólo por el hecho de verse publicado allí. Yo no tenía ni idea de cómo iba a recibir mi trabajo, por ejemplo, el público estadounidense, pero en general tanto el feedback de los lectores como las reviews que me llegan están siendo muy buenas”. Muchas de estas reseñas escritas al otro lado del charco inciden en que el estilo de Monteys es crazily european, aunque el autor reconoce “Universo” y su trazo como lo más americano que ha dibujado nunca. “Cuando te dicen que dibujas los ojos como Hergé, te acaban creando unos familiares que quizás tengas, pero que no reconoces. El rollo cartoony no es nada comercial para los americanos, exceptuando casos como Bone. Pero a mí lo que realmente me preocupaba es que no conectasen con el cómic porque en “Universo”, como en el resto de mis historias, mis personajes nunca aprenden una lección final”.

Universo no es la primera experiencia en cómic digital por la que pasa el autor barcelonés, pues también edita y dibuja en Orgullo y Satisfacción, la revista de los autores que, hace ya dos años, se marcharon en bloque de El Jueves después de un bochornoso episodio de censura. “Las dos experiencias que tenido con el cómic digital han ido muy bien, pero no creo que sean reproducibles para un tercero; no puedo sacar fórmulas para nadie. El éxito de Orgullo y Satisfacción nace, por ejemplo, de la explosión mediática que hubo cuando todos nos marchamos de la revista”. Con la sátira política como principal arma, a Orgullo y Satisfacción no sólo le está tomando el pulso la actitud autoparódica de nuestros representantes, sino el mismo medio que hace posible la edición y distribución digital de la revista. “Lo realmente complicado ya no es que los políticos vayan a El Hormiguero, sino que Orgullo y Satisfacción tiene una periodicidad mensual, y tanto el chiste que te sale de forma natural como el más ingenioso estará en Twitter antes de que se termine el programa siquiera. Yo, por mi parte, intento que mis páginas de Orgullo y Satisfacción contengan lo mínimo de actualidad política, porque cada vez me aliena más y me interesa menos. Dibujar a Mariano Rajoy me da asco. Por eso me gusta tanto hacer “Universo”: me permite hablar de la realidad sin tener que ceñirme a ella”.

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