Laura García y Lúa Ocaña: vivir, fotografiar y viceversa

miércoles, 14 mayo, 2014

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Hay quien vive más cerca de los pájaros, quien ve en las montañas y en las ramas de los árboles algo más que un decorado del paisaje. Hay miradas que persiguen la luz y que saben esperar, pacientes e impacientes a la vez, aquella que consigue convertir lo cotidiano en maravilloso.  Hay vidas compartidas que nacen de la fotografía, y fotografías que surgen del mismo hecho de vivir.

Laura García (Rosario, 1977) y Lúa Ocaña (Galicia, 1982) son fotógrafas y comparten una vida en común. Me reciben en su casa y, vermut en mano, mantenemos una conversación dentro de una habitación desde la que se puede fotografiar usando un agujero con una lente que hay en la puerta. Estamos dentro de una pinhole charlando sobre fotografía. Todo tiene sentido.

Lúa Ocaña y Laura García. En ‘Entrepliegues’ del proyecto ‘La memoria del papel’

Ambas llegan a Barcelona el mismo septiembre de hace ya diez años: García desde Argentina y casi de rebote con la intención de abrirse a nuevos horizontes, y Ocaña, desde Galicia, para terminar su licenciatura en Química. Será pocos años después cuando, estudiando en el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya, coincidan por primera vez. Aun así, su primer contacto con la fotografía se produce de maneras distintas. “La fotografía era una materia pendiente, siempre me había llamado la atención. En Argentina teníamos una cámara analógica que nadie sabía usar y nadie podía tocar. Era el objeto preciado de la casa. Mi padre dijo que quien aprendiera a usarla se la quedaría. Cuando terminé de estudiar fotografía volví a Argentina y la heredé. Pero para mí no era normal que se hicieran fotos en casa, no era algo natural ni cotidiano” (Laura García). “En mi grupo de amigas yo era la que hacía siempre las fotos. Bueno, las disparaba. Mi tía no era fotógrafa pero tenía un equipo analógico con el que me hacía fotos cuando era pequeña. Recuerdo el mundo analógico como cercano y familiar pero nunca me planteé ser fotógrafa” (Lúa Ocaña).

Pese a las diferencias, nunca realmente opuestas, que se pueden encontrar en los trabajos personales de cada una, en su fotografía del día a día existe un dialogo inevitable fruto de compartir unas mismas experiencias. Les explico que me parece bonito mirar la versión que tienen cada una de ellas de un mismo viaje o de un mismo paseo y cómo, a veces, resulta difícil distinguir cuál de las dos ha disparado esa fotografía. “Sí hay un punto en común. Tanto en técnica como en estética. El usar las mismas cámaras, el paso universal, carretes en color… Hay unos parámetros de base que ya son comunes. Además, desde hace unos años vamos a los mismos sitios. Estamos fotografiando lo mismo, con la misma luz y en el mismo momento. Compartimos una vida fotográfica y sentimental, pero probablemente, aun si no existieran estos factores, habría ciertas similitudes” (Lúa Ocaña). “Tenemos muchas veces la misma foto, pero hay diferencias en la dinámica, en los modos de trabajar, tanto disparando las fotografías como en la edición. Si hoy vamos a buscar unos carretes, Lúa tendrá las fotos mañana y yo dentro de ocho meses” (Laura García).

Fotografía de Laura García

Buscando los matices en las diferencias seguimos la conversación: “Si hicieras unos contactos de mis carretes verías que hay personas, más fotos cotidianas y menos repetición. En las fotos de Laura puede haber la misma montaña quinces veces. En las mías estará la montaña pero ella la tendrá quince veces en un carrete de treinta y seis. Puedo aparecer yo en un par de fotos, pero como algo anecdótico, como una figura. En mis fotos ella tiene más protagonismo como Laura. En su trabajo no existen las personas, no las hay” (Lúa Ocaña). “Por eso digo que el método de trabajo es muy diferente. Yo cotidianamente disparo menos o no disparo. Los últimos meses he reflexionado sobre mi método de trabajar y sobre cómo utilizo la fotografía. Para mí es una meditación y tiene que haber unas condiciones. Es algo personal, una contemplación o como quieras llamarle. Yo conmigo misma. Para mí desaparece todo el mundo en el momento del disparo. Soy yo con el paisaje y esa conexión. Ahí es cuando disparo, y a lo mejor en ese momento hago veinte fotos de lo mismo, pero con pequeñas diferencias” (Laura García).

Mientras conversamos, Lúa Ocaña, por una cosa o por la otra, se ha levantado más de una vez, mientras que Laura García, desde el mismo lugar, transmite total serenidad y pausa. Está claro que ambas dinámicas también están presentes cuando fotografían e incluso cuando trabajan en sus negativos. “En la edición hay otra diferencia. Las dos lo escanearemos todo, pero yo seleccionaré. Tengo que filtrar. Disparar en analógico ya es un filtro, pero yo no puedo empezar por una foto que me da igual. Recojo mi carrete y digo ‘la que me gusta es esta’, y mi fuerza, par por y para, va a ser para aquella. Concentro mi intensidad, y cuando un carrete es un éxito es cuando percibo esa intensidad en mayor cantidad de fotos. En cambio Laura, de los veinte carretes, trabaja las fotos una por una, es decir, la misma montaña treinta y ocho veces” (Lúa Ocaña). “Yo me puedo estar horas delante del ordenador editando mis veinte fotos iguales” (Laura García). “Esto ya es cosa del carácter: contemplativa —Laura— e intensa”, añade Ocaña para cerrar el punto.

Fotografía de Lúa Ocaña del proyecto ‘We’re birds’

Más allá de sus trabajos personales y su día a día fotográfico cabe esperar que, de una relación que nace de la fotografía, surja un proyecto explícitamente común. Ocaña y García tienen que equilibrar sus ritmos vitales para trabajar conjuntamente en el proyecto La memoria del papel’, trabajo a través del cual recogen de manera poética a la par que cercana la que es su vida en común. “En abril de 2011 empieza nuestra relación sentimental y la fotografía ha estado vinculada a ella desde siempre. Siempre nos hemos hecho fotos. Ese diciembre iniciamos una correspondencia a través de un blog, pero se quedaba un poco escaso. Estábamos en Oporto cuando decidimos que había que montar algo con las fotografías que nos íbamos haciendo. Hacer una colección y ver qué pasaba. Al principio era solo ‘Entrepliegues’, donde se ven las fotos de las dos” (Lúa Ocaña). “Y esto fue evolucionando. Nos dimos cuenta de que aparecían cosas nuevas que no sabíamos dónde poner. Decidimos agregar nuevos apartados: los retratos de la una a la otra y el diario. Más tarde también añadimos un prólogo donde se ve la diferencia en la relación que tenemos con la fotografía desde pequeñas. Se ven dos realidades totalmente distintas. Mis fotos son todo posados de los días “oficiales” en los que venía el fotógrafo del pueblo. Las fotos de Lúa son mucho más naturales, hechas por la familia. Era una introducción que creíamos necesaria” (Laura García). “El prólogo surgió a partir del diario. Porque claro, el diario es lo que hacemos ahora. ¿Pero antes qué? ¿Quiénes eran Laura y Lúa cuando eran Laura y Lúa? Nos apetecía añadir eso: el antes de Laura y Lúa” (Lúa Ocaña).

Recientemente las fotógrafas han trasladado ‘La memoria del papel’ a un diario físico que les gustaría poder escanear y publicar en la web. Aun así, mantener al día un diario de tal complejidad no es nada fácil si además se tienen entre manos otros proyectos y si se tiene en cuenta que las sesiones que construyen tal diario no surgen sin más sino que se construyen y requieren todo un trabajo previo. “Son muchas cosas que hay que intentar llevar al día. Hay meses que nos concentramos en ‘La memoria del papel’ y apartamos nuestros trabajos personales. Además también hay una vida, y una vida como pareja fuera de la fotografía. Ni siquiera ‘La memoria del papel’ existiría si no hubiera esta vida. Las sesiones de ‘Entrepliegues’ son preparadas, algo que programamos en agenda. Hay unos esquemas, dibujos en una hoja que vamos realizando. La sesión dura horas y suele ser agotadora” (Lúa Ocaña). “También los modos de ser de cada una influyen. Es como una prueba, porque es el momento en el que sí que tenemos que trabajar a la par. Ni yo me puedo quedar contemplando ni ella puede ir a tope. Tiene que haber un ritmo medio y creo que es el único momento en el que se consigue” (Laura García).

Lúa Ocaña y Laura García. En ‘Entrepliegues’ del proyecto ‘La memoria del papel’.

Lúa Ocaña y Laura García. En ‘Entrepliegues’ del proyecto ‘La memoria del papel’.

El autorretrato es un proceso por el que pasan cantidad de fotógrafos. Aunque indiscutiblemente una artista se vea reflejada e identificada en cualquiera que sea su obra, el hecho de verse a una misma y sentirse cómoda es un proceso al que hay que llegar. ‘La memoria del papel’ les permite a las dos reflexionar sobre su relación con el autorretrato. “Es curioso porque nuestra relación con el autorretrato es totalmente antagónica. Antes del proyecto yo jamás me había hecho autorretratos, y ella sí. De hecho, Laura tiene un trabajo entero de autorretratos. Después de ‘La memoria del papel’ yo he empezado a autorretratarme y ella lo ha dejado. Hemos invertido nuestros papeles y necesidades. Hasta que no empecé a verme y reconocerme en las fotos que me hacía Laura no fui capaz de hacerme fotos a mí misma” (Lúa Ocaña).

Actualmente ambas fotógrafas se hallan trabajando en sus proyectos personales, pero a raíz de ‘La memoria del papel’ y las buenas críticas recibidas han iniciado la plataforma Nosonriasqueespeor, a través de la cual realizan sesiones en analógico tanto a parejas como para espacios y eventos, entre otras opciones. La base del proyecto se encuentra, en parte, en el uso del analógico, la estética que permite la película por la cual apuestan ambas, tanto por lo que implica el proceso como por el resultado final.

Quedando tan solo una porción de hielo en el vaso del vermut, les pregunto cuáles son sus referentes comunes. Lúa Ocaña me explica que casi todo el arte que consumen lo hacen a la par y que coinciden en prácticamente todo lo que ven. “Yamamoto”, dice García. “Cierto. Con Yamamoto verdaderamente perdemos el sentido”, añade Ocaña.

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