La emoción trascendente de Marina Herlop

Jueves, 11 Mayo, 2017

Por

 

Marina Herlop

 

Después de la publicación de su primer álbum en Instrumental Records, sello del también pianista James Rhodes y de dar más de veinte conciertos en cuestión de pocos meses, se puede decir que Marina Herlop es actualmente una de las artistas locales de mayor proyección. Sus delicadas piezas de piano y voz a medio camino entre el clasicismo y la vanguardia han conmovido a oyentes de esferas muy distintas.

¿Cuál es tu primer contacto con la música?
Mi primera aproximación a la música fue a través de mi hermano, que empezó a tocar el piano. Mi abuelo le compró un Clavinova, uno de esos pianos eléctricos. Yo empecé a tocar en casa, a jugar con él cuando tenía nueve años. Ese Clavinova tenía 50 demos. “Claro de Luna”, “Maple Leaf Rag” de Scott Joplin, “Golliwogg’s Catwalk” de Debussy, etc. Esa fue mi primera aproximación. Entonces me apunté a la escuela de música y empecé a tocar, a recibir clases de piano y solfeo. De todos modos no era un conservatorio. El nivel de exigencia era menor. A los 14 años paré. Entonces fui recibiendo clases particulares. Me alejé bastante aunque nunca del todo. A mí me gustaba decir que tocaba el piano, pero no lo hacía realmente.

Es el dilema entre hacer algo te gusta y dedicarte a ello en pleno.
Yo creo que hay cosas que por naturaleza a uno le atraen. A mí la música como oyente me ha atraído siempre de una manera muy directa, muy instintiva. Siempre ha habido una conexión a nivel emocional. Dejé de tocar unos años siempre pensando: esto lo tienes que continuar algún día. En segundo año de carrera me planté y decidí enfocarme en ello. En ese momento empieza el drama. Tienes que poner una parte de ti en ello. Intentar que esa pasión o ‘deslumbrarse’ con lo que te gusta, se mantenga intacto.

¿Y la composición?
Componer es algo off conservatorio. Yo no he compuesto casi nada. El 95% del tiempo que me he sentado delante del piano he estado practicando, no componiendo. Pero todo lo que tocas es la base del pastel. Se te van quedando las armonías. Vas interiorizando cosas. Los giros de cada pieza, las cadencias, la resolución de cada frase se asienta y genera un lenguaje, que tú sin saber, interiorizas.

¿Y cuándo te empezaste a sentir música?
Yo no sé si me siento música. ¿Qué es ser música? Quizá el hecho de sacar este disco me ha hecho relativizar las cosas. Me sentiría así si dominase el lenguaje y la técnica. Y aún sigo ahí, hasta que me muera. Conozco a gente que sabe mucho, eso otorga una gran modestia. Cuando contemplas todo el paisaje, cuando sabes lo vasto que es, te das cuenta de lo pequeño que eres tú en comparación. No es falsa modestia. Como ser humano, finito y limitado, eres insignificante comparado con una disciplina eterna como la música. Siempre podrás saber más.

¿Cómo se gestan las canciones de Nanook, tu primera referencia?
Cuando nace Nanook, ya nace con canas. En el momento en el que nace, ya es un poco su… ya ha hecho lo que tenía que hacer. Su función fue decirme: despierta, créetelo. Puedes hacer cosas. Me dio una vida, una reafirmación. Suerte que llegó. Tampoco hubo mucho plan al respecto, iba haciendo canciones. Para mí lo prioritario era tocar bien, pero componer es lo que más conecta conmigo.

 

Cuando escucho “Nanook” lo veo como una sola pieza.
Quizá lo ves así porque como está compuesto a través de la intuición, siempre tiendo hacia los mismos lugares. El timbre se mantiene constante. Solo hay voz y piano y en general es monótono. Eso es algo de lo que estoy intentando huir. Algunas canciones tienes tres o cuatro años, de hecho. Una la empecé en Australia. Otra la hice en dos días. Pero todas reflejan una época de mi vida: el estrés, el miedo.

Belleza, ansiedad, fragilidad, son algunas de las sensaciones que me vienen a la cabeza al escuchar el disco.
Creo que “Nanook” transmite sensaciones. De todos modos, al haber tocado estas canciones tantas veces, resulta como pensar en qué te transmite la cara de un amigo. Es algo tan familiar, que tiene que pasar un tiempo hasta poder verlo con perspectiva. Yo a mí no me transmito nada. Las canciones salen de mí, sigo un criterio estético pero no lo pienso en terminología musical: vas a resolver esto de esta manera. No lo veo tan poético como tú. Creo que en “Nanook” existe la combinación entre pasajes consonantes y disonantes, hay una búsqueda de sorpresas o giros inesperados. Romper expectativas.

Las canciones nuevas tienen más calma, también son más largas. La construcción es más tempestuosa.
Ahora concibo que los temas tienen que tener, no ya una unidad, porque no tengo ningún concepto o relato en mente, pero sí un equilibrio entre ellos. No intento crear capítulos sino compensar. Pienso que todo lo que hagas, si estás siendo sincero, va a sonar a ti. Entonces no me tengo que preocupar de conservar la intuición. Voy a explorar algo pero siempre se reflejará mi esencia.

¿Te preocupa ser continuista?
El segundo álbum conlleva mucha presión. El miedo a que te digan que es demasiado similar, o que has perdido tu esencia. Hay que calmarse un poco. (risas)
“Nanook” lo hice en mi habitación y para mi habitación. No está mal que pienses en quién te va a escuchar siempre y cuando no te dejes llevar y sirva para hacer las cosas mejor. Quiero que este disco que estoy componiendo esté bien construido, tenga un sentido y es difícil porque no tengo muchas herramientas a nivel armónico. No hay que olvidarse de que la música es un lenguaje y que por mucho que nos lleve a sitios, sea de colores, tenga texturas y nos haga sentir melancólicos, esa no es su razón principal de ser. La música en sí es un lenguaje y tiene sus elementos. El tempo, el compás, la armonía, la instrumentación, las dinámicas. Y es eso. Lo que venga después, tus emociones, no le importan a nadie. Es algo colateral. Es la diferencia entre una emoción mundana y una emoción trascendente solo ligada con la música. A eso es a lo que creo que hay que aspirar. Aunque es algo muy ambicioso y difícil de conseguir.

¿Qué piezas te transmiten esa emoción trascendente?
El final de la octava sinfonía de Mahler. Muchas piezas de Debussy. ‘Nocturne’ de Chopin.

Cuando la música pop es lo contrario.
Exacto. Es el debate entre la música pura y la música descriptiva o programática. La música pura no quiere saber nada del mundo. La descriptiva en cambio tiene un sustrato terrenal que le da sentido y se retroalimentan el uno al otro.

Una canción de amor.
Sí, una balada. Cualquier canción con letra es música descriptiva. ‘Cuadros de una exposición’ de Mussorgsky. ‘La Flauta Mágica’. Cada instrumento tiene un personaje. Te lleva a imágenes. ‘El Mar’ de Debussy. Otras piezas por ejemplo se llaman ‘Sonata’, ‘Sinfonia’. ¿De qué hablan entonces? De que existen ciertas partes en diferentes tonalidades. Eso es la música pura. De todos modos este discurso se creó en el Romanticismo, también hay casos puente. Llamamos música a todo, pero es muy importante la voluntad desde la cual está hecha. Debería existir una nomenclatura que definiría desde qué punto de vista ha sido creada y para qué. ¿Es lo mismo hacer algo por encargo? ¿O algo que nadie vaya a escuchar nunca?

¿Cómo llegas a editar en Instrumental Records, el sello de James Rhodes?
Estaba buscando sellos donde editar “Nanook” y en ese momento estaba leyendo la biografía de Rhodes, así que les mandé un correo y se mostraron muy interesados. De todos modos hay algo extramusical en el tema discográfico. De lo que más ganas tengo es de componer. Ahí es donde está la música. Ni en los conciertos a veces. Hay que vigilar que una cosa no absorba demasiado tiempo de la otra. Que no te acabes confundiendo de cosa. Son ornamentos que son interesantes, pero que distraen.

Te manejas entre la música vanguardista pero tienes una tradición académica.
Yo lo que quiero es que quien lo escuche, lo capte y le transmita algo. Me da igual tocar en el Paranimf o en un festival. No creo que me pueda enmarcar en el mundo de la música clásica, pero igual al no tener un género definido puedes tocar en más sitios. Ya lo iremos viendo. He dado solo 20 conciertos en realidad. También estoy preparando el próximo disco. Tendrá capas de música electrónica. Me gustaría que fuera una aproximación similar a la colaboración entre Alva Noto y Ryuichi Sakamoto.

¿Y qué más planes tienes ahora?
Pues ir a casa y estudiar para el recital que tengo el próximo mes, lo primero (risas). Toco unas obras difíciles. Estoy acabando el conservatorio. A partir del 18 de mayo ya pensaré en el disco.

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