La Barcelona de Brossa

jueves, 25 septiembre, 2014

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Joan Brossa al “Poema visual transitable en tres temps”, 1983-1984. Fotògraf: Martí Gasull

Inauguramos una nueva sección que quiere descubrir la Barcelona particular de diferentes personajes que viven o han vivido en la ciudad. Coincidiendo con la exposición “Diàlegs muts amb Joan Brossa” en la sede de l’Eixample de la Fundació Setba,  el primer protagonista de esta sección es Joan Brossa, seguramente el poeta vanguardista catalán más importante de la segunda mitad del siglo XX. Para ello entrevistamos a Judith Barnés, coordinadora de actividades y responsable de comunicación en la Fundació Joan Brossa (c/Flassaders, 40) situada en pleno corazón del Born. Mientras se toma un tímido cortado con hielo yo me animo y pienso que a la cafetería Hoffman no voy todos los días así que el camarero me trae un croissant con mascarpone. Empezamos bien.

Hay autores que han convertido Barcelona en un personaje más de su obra. Ya sea secundario o principal, un personaje que cobra vida y que les influye y que acaba determinando toda su producción. Sería muy difícil explicar la obra de muchos artistas sin conocer Barcelona y como les ha servido de lienzo para crear su particular visión de la vida. Entre bocado y bocado, voy directa al tema y le pregunto a Judith qué relación tiene Joan Brossa con la ciudad de Barcelona. “Joan Brossa era un barcelonés de “socarrel” que nació en el barrio de Sant Gervasi y que aunque realizó alguna escapada a París, por ejemplo, hizo de Barcelona su centro neurálgico. Su obra está impregnada de la ciudad. Ya sea por alusión directa, como el poema que hay delante de la Catedral de Barcelona (el poema urbano Barcino que hace referencia a la ciudad antigua) o como indirecta, el poema visual en el que aparece la palabra Barcelona en la que las letras A suben como un imán, en alusión al magnetismo que ejerce la ciudad. De hecho Barcelona por sí sola respira Brossa, y aunque desgraciadamente es una figura poco conocida, miles de personas pasan a diario por delante de sus poemas urbanos y ni siquiera lo saben”, responde Judith.

Judith Barnés de la Fundació Brossa

Además de la relación del artista con la ciudad, queremos saber cuáles son los lugares de Barcelona indispensables para entender el autor. Y éste es el listado que Judith Barnés nos proporciona.

1. El Velódromo de Horta. “Poema transitable en tres tiempos” se trata del primer poema urbano del poeta. No es sólo un elemento urbano en sí, sino que además juega con todo el espacio y que nos ayuda a reflexionar sobre la vida y más concretamente sobre tres etapas: en la primera etapa encontramos la A como puerta de entrada al conocimiento, detrás de ella vienen todas las demás letras; la segunda etapa del poema aparecen los signos de puntuación que hablan de la vida, con sus paréntesis, sus interrogantes, y sus puntos y finales, al caminar por estos signos caminamos por todas nuestras etapas; y en el final del poema encontramos la A destrozada como metáfora de la muerte, no como algo traumático, sino integrado en la vida como parte del proceso vital.

2. La Rambla. En sí mismo se trata de un lugar performativo, un eje lleno de vida por el que el autor caminaba frecuentemente. En la Rambla encontramos, en una de las baldosas del suelo, el antifaz dorado que Brossa realizó para los premios FAD Sebastià Gasch en homenaje a las esculturas humanas que no dejan de hacer teatro en la calle. Más allá de esta obra concreta, Las Ramblas, como lugar, también aporta mucho significado a la figura de Joan Brossa en un sentido más profundo: al principio de Las Ramblas encontramos la Font de Canaletes, como elemento intrínsecamente ligado al fútbol, una actividad que el autor odiaba y decía que no te hacía pensar y sólo movía dinero; el Palau de la Virreina, un lugar que en 1994 acogió la exposición “Joan Brossa: entre les coses i la lectura”, una de las muestras más importantes del autor; el Palau Moja, que nos permite recordar a Jacint Verdaguer (ya que vivió allí) y fue un referente literario muy claro para Brossa; el mosaico de Joan Miró, con quién el autor compartió una gran amistad a lo largo de  los años; o el Liceu, directamente conectado con la ópera, una de sus grandes pasiones.

3. Filmoteca de Catalunya. Joan Brossa era un amante del séptimo arte así que casi cada día iba a la Filmoteca ubicada en el antiguo espacio en el barrio de Sant Gervasi y veía una película. Tal era su afición que, entre toda su producción poética, también se atrevió incluso a escribir guiones de cine. Además realizó una de las instalaciones efímeras más impresionantes que consistió en colocar 150 butacas de cine en la Rambla de Catalunya, dedicadas a homenajear a 150 directores. Como recuerdo, en una de las salas de proyección de la actual Filmoteca, ubicada en el barrio del Raval, se puede encontrar una butaca roja en memoria del autor.

4. Parque de atracciones del Tibidabo.  Por su relación con uno de los temas recurrentes y muy presentes en la figura del poeta: la magia de conservar la inocencia de cuando eres pequeño. Una de las muestras más claras es que el autor guardó gran parte de los juguetes con los que él jugó cuando era niño. Buena parte de estos juguetes hoy en día se pueden encontrar en el Museu del Joguet de Catalunya en Figueras. En la entrada de este museo, además, existe una rayuela que el mismo poeta propuso. Los espejos deformadores del Tibidabo le sirvieron en más de una ocasión para juzgar la falsedad del mundo y la manipulación de nuestra sociedad.

Primera part del “Poema visual transitable en tres temps”, 1983-1984. Fotògraf: Daniel Zapater (nom exacte: A autocar)

En la recta final del croissant le pregunto a Judith por qué cree que Joan Brossa no tiene el reconocimiento artístico que le corresponde. Ella, ni corta ni perezosa describe el autor como un artista completo “todo era poesía para Brossa, poesía con diferentes apellidos: poesía visual, poesía urbana, poesía objetual, poesía escénica. Por tanto, las obras de Joan Brossa hablan de la vida, por delante de todo, y toman como fuente de inspiración la vida cotidiana. Podemos encontrar poemas que están inspirados en una noticia del diario y que sirven al autor para hacer una crítica de la sociedad hasta poemas sobre conversaciones oídas por la calle. En este sentido combina la parte más juguetona y más divertida con la parte más comprometida con su país a través de un mensaje muy contundente. En sus obras encontramos una crítica feroz contra todas esas entidades que van en contra del pueblo catalán y en contra de la libertad. Sin olvidar su oposición de frente a la burguesía catalana, al ejército y a la iglesia. Un poeta de izquierdas para el que la poesía cumplía una función social con mensaje, y ahí justo es donde reside la belleza de sus obras, en el mensaje que transmite. El autor transforma los objetos y los dota de un significado mucho más profundo. Un mensaje que se desvela casi como un truco de magia.”

Si a toda esta visión más social añadimos la personalidad de Brossa ya tenemos el cocktail servido. “El “problema” siempre fue la personalidad de Joan Brossa, él era una persona muy sencilla que nunca utilizó ni la poesía ni la literatura como una fuente de ingresos, su objetivo era altruista: ayudar a la gente y que la poesía cumpliera una función social, y para cumplir su objetivo escogió la lengua catalana. Además también se debe tener en cuenta que fue un artista avanzado a su época, a nivel de teatro, por ejemplo, gran parte de la crítica no entendía sus obras. Resumiendo: poeta, de izquierdas, catalán e incomprendido. El poeta visual llegaría más tarde. La aparición de Pepa Llopis le ayudaría a adquirir orden y mayor notoriedad.

Desde la Fundació Joan Brossa organizan  múltiples recorridos por Barcelona para conocer la obra de Brossa, como por ejemplo, la ruta en bicicleta que tendrá lugar este sábado 27 de 18h a 20h. Más información aquí.

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