Juana Gallego: “El nivel de machismo en los medios ha aumentado”

Miércoles, 7 Septiembre, 2016

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Juana Gallego

Juana Gallego. Foto: Francina Ribes

El desequilibrio de género en la cobertura mediática es algo que sigue siendo obvio, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, y que se ha hecho evidente recientemente, a propósito, por ejemplo, de los Juegos Olímpicos de Río (que han generado reflexiones tan brillantes como esta ), o del tratamiento desigual que siguen recibiendo las representantes políticas. Además, en los últimos meses se han dado algunos casos exagerados de machismo en los medios de comunicación que no han pasado desapercibidos en las redes sociales, como este editorial del Diari de Tarragona.

Juana Gallego (Málaga, 1955) codirige el Máster en Género y Comunicación en la UAB, donde es profesora de periodismo. Opina que estos casos “han existido siempre, pero que ahora es más fácil ponerlos en relieve. Quizá ahora la gente está más sensible, y las redes sociales permiten visibilizarlo.” Le comento que, según mi opinión, por una parte, es positivo poder dar a conocer estos casos, pero en ocasiones, el debate que se crea me parece muy superficial e incluso controvertido. “Yo creo que las redes son, para bien y para mal, amplificadoras de todo. Sirven para conectar a la gente, para hacer circular la información, pero es verdad que a veces también son un espacio perverso, igual que los comentarios en las noticias de los medios digitales, en los que la gente dice bestialidades sin ningún tipo de pudor. Este fenómeno empezó en cierta manera en la televisión, con la figura del tertuliano, quizá la diferencia es que en ese caso había un poco más de formación.”

Por otro lado, es evidente que la influencia de las redes sociales interviene en cómo los medios tratan los temas. En algunos casos, se busca claramente la provocación, y me pregunto si esto puede ser contraproducente. Hablamos, por ejemplo, del debate sobre masculinidad publicado recientemente en El Estado Mental. Un artículo que es una transcripción de una conversación entre 5 hombres, publicado con el título #DebateMasculinidad. El artículo está repleto de declaraciones infundadas sobre algunos temas graves relacionados con el feminismo, y parece que está publicado con la intención de que la gente lo comente en las redes sociales. Un artículo así ¿sería posible si no existieran estas plataformas? “El problema es que, en este contexto, discernir lo que tiene cierta solidez de lo que no la tiene es cada vez más complicado. Por ejemplo, ¿quiénes son las personas que hablan de nuevas masculinidades? Si se diera voz a gente que ha estudiado estos temas con profundidad, como Octavio Salazar, profesor de la Universidad de Córdoba, o a Miguel Lorente, que fue delegado contra la violencia de género y que es profesor de la Universidad de Granada, el debate podría ser interesante.”

Hablamos de cómo afecta al periodismo lo que se conoce como ‘la dictadura del clic’: Los medios digitales se rigen por las visitas que acumulan sus contenidos, que a su vez, están muy determinadas por lo bien que se compartan las noticias en las redes. “Yo creo que, en general, los medios de comunicación han ido a peor. A los diarios en papel, poca gente les hace caso. Y las ediciones digitales de estos diarios también están cayendo en esta dictadura del clic. Aunque publiquen algunos artículos interesantes, algunas reflexiones en profundidad también ponen noticias sensacionalistas para acumular visitas. Los medios están haciendo lo que se llama dejación de sus funciones: dan una de cal y otra de arena, hablan de un tema, pero no profundizan.”

Autora del libro “De reinas a ciudadanas. Los medios de comunicación ¿motor o rémora para la igualdad?”, Gallego considera que el nivel de machismo en los medios ha aumentado ponen muchos más textos superficiales para llamar la atención. Por ejemplo, antes los medios generalistas no hubieran publicado según qué texto sobre tal celebridad más allá de un breve, y ahora estos textos, que a menudo cosifican a la mujer, forman una parte importante de sus contenidos.” Gallego opina que la única solución es que los medios sean más conscientes y responsables “casos como la polémica columna del director del Diari de Tarragona demuestran que las redes sí que sirven para poner de relieve cosas, y esto puede hacer, quizá, que la gente sea más consciente cuando escribe.”

Además considera que“ha habido un recrudecimiento del machismo, o incluso de la misoginia” en general, en la sociedad. “El feminismo se ha ido extendiendo. Se consideren las mujeres a sí mismas feministas o no, la consciencia está allí, y ha llegado un momento en el que eso ha afectado a los hombres. Ahora las mujeres tienen más derechos y más capacidades para llevar su proyecto de vida, ya no solamente en teoría, sino en la práctica. Ante este empoderamiento, la imagen masculina se ve amenazada. El poder de los hombres sobre las mujeres ha existido durante toda la historia. Por mucho que las leyes cambien y que la sociedad avance, esa idea de que los hombres tienen privilegios ha seguido existiendo. Y cuando una mujer no está dispuesta a tolerar algunas cosas, se genera un conflicto.”

Uno de los temas que se trata muy a la ligera en el debate sobre nuevas masculinidades de El Estado Mental es el tema de la violación. “Hace poco, a raíz de la violencia machista en los San Fermines, Elianne Ros de La Vanguardia, me preguntó si la sociedad tiene consciencia de la violación. Yo le dije que la sociedad no tiene conciencia de la gravedad de la violación, a diferencia de lo que sucede con el asesinato. No hay una noción clara de lo que significa, de lo que puede representar en la vida de una persona… es como si para el pensamiento androcéntrico masculino tampoco fuera para tanto, como si entre violar y tener una relación sexual consentida no hubiera tanta diferencia.”

Con Andrea Alvarado Vives comentamos que tampoco se tiene consciencia de la naturaleza de la violación. La idea que se tiene en la sociedad (favorecida por los medios de comunicación) no se corresponde con la realidad, porque en la mayoría de los casos, las violaciones se dan por parte de gente conocida, incluso en el marco de la pareja. “Eso de la violación en el matrimonio o en la pareja, yo lo he visto en mujeres de mi círculo. No una ni dos, sino muchas veces. Sus maridos las han violado, pero ellas no han tenido consciencia de ello. Una vez escribí que si las mujeres solamente tuvieran relaciones sexuales siguiendo su deseo, no habría sesenta asesinatos al año, habría miles, y lo suscribo. ¿Por qué? Porque la mujer se somete, todavía. Pero es un tema del que no se habla. Todavía hay mujeres que transigen ‘porque es lo que toca’. Esa realidad no se ve, es imposible que salga a la luz. Primero, porque para las mujeres es complicado hablar de un tema tan íntimo. Segundo, porque creo que partimos de la base de una cierta igualdad formal en algunos países occidentales, pero eso no ha ido acompañado de una asunción de una nuevas formas de relacionarse entre hombres y mujeres. Creo que las mujeres hemos ido consiguiendo espacios y que algunos hombres han ido transigiendo, pero no ha habido una reflexión, un cambio de consciencia.”

Hablamos de que si no se tiene conciencia del problema, difícilmente se puede tener conciencia del cambio. “Creo que en las mujeres ha habido un cambio de conciencia profundo respecto a cuáles son sus derechos y a cuál es tu papel en la vida y en la sociedad, que creo que además es un cambio universal, aunque en muchos países no se pueda llevar a cabo. Otra cosa es que siga habiendo desigualdad, pero creo que ya no hay la idea de que la mujer es inferior en ningún sitio. En cambio, en general, en los hombres no se ha dado este cambio de conciencia respecto a cuál es el nuevo papel de la mujer ni del que ha de ser el papel del hombre en la nueva sociedad. Algunos hombres han hecho este cambio, otros no. Evidentemente, no todos los hombres son violadores o agresores. El nivel de igualdad entre chicos y chicas hoy en día llega a ser realmente alto, pero no se ha extendido a todos los hombres en la misma medida. Hay muchas resistencias.”

Por otra parte, Gallego señala que hay grandes contradicciones en nuestra sociedad. “Empezando por la gran contradicción: la publicidad. La publicidad es una fuente continua de violencia simbólica. Las mujeres son utilizadas fundamentalmente como objeto erótico en el cine y en la publicidad. Hay algunos videoclips de música que son totalmente denigrantes, solo enfocan el pecho de las mujeres, los glúteos, culos con unas ropas ínfimas… todo eso es un mensaje constante a la sociedad, de ‘esto es lo que nos gusta de las mujeres’. El imaginario simbólico nos está ofreciendo lo que después en la realidad, lógicamente, no está permitido. Ahí hay una contradicción importante. La responsabilidad de la agresión lógicamente la tiene el que agrede, pero sí que es verdad que hay una superestructura simbólica que lo ampara, que lo sostiene. Así que es muy complicado salir de esto.”

Para Juana Gallego, “el problema con el machismo o con el sexismo es que todo queda reducido a una cuestión personal, como si nuestra libertad individual lo explicara todo. No hay consciencia de que vivimos en una sociedad que tiene unas normas, y la presión social para que esas normas se cumplan es muy importante. No todo puede ser obviado con la libertad personal. Por ejemplo, antes las prostitutas de aquí eran mayoritariamente españolas, ahora no. Todas las prostitutas que vienen de fuera, ¿vienen a ejercer la prostitución porque quieren? ¿Resulta que les gusta más ejercer la prostitución que a las catalanas y a las españolas? No, pero en España ha habido un cambio, ya no es necesario que las mujeres se dediquen a la prostitución, y son reemplazadas por otras que lo necesitan más. Personas que están más en desamparo, que no tienen vínculos, que han venido con una idea de que van a trabajar en otra cosa… hay muchos factores, pero muchas veces no es una cuestión de libertad, la libertad de acción siempre está condicionada al lugar que ocupamos en la sociedad.”

Juana Gallego es autora del libro “Putas de película. Cien años de prostitución en el cine”. El papel más representado en el cine por las mujeres es el de la prostituta, aunque no esté justificado narrativamente. ¿Por qué? En mucho casos, parece que es más fácil justificar narrativamente la violencia contra la mujer prostituta.” En su libro, utiliza las películas para analizar la fascinación de los hombres por la prostitución. Me habla de películas independientes recientes como “Joven y bonita” (“Jeune & Jolie”, François Ozon, 2013), “The girlfriend experience” (Steven Soderbergh, 2009) o “Las sesiones” (“The sessions”; Ben Lewin, 2012) “¿Por qué se prostituye la protagonista de “joven y bonita”? ¿Es una forma de rebelarse contra el sistema? Es algo que ocurre, y hacer una película sobre ello es ponerlo en relieve, pero ¿qué postura moral tiene el director con eso? ¿qué le mueve a querer retratarlo? Eso es lo que yo no veo muy claro en alguna de estas películas.”

Sobre su aproximación al feminismo, comenta que yo soy de campo, y ya de niña, eran muy evidentes las desigualdades que había entre hombres y mujeres, en mi familia misma. A los 14 años me di cuenta de que los hombres tenían mucho más poder, sexual y de todo tipo.” Menciona como primeros referentes de otros tipos de feminidad “las “Cartas a una idiota española”, publicadas en el semanario Sábado Gráfico y escritas por Lidia Falcón, “una escritora a la que posteriormente conocí en persona, y con la que incluso llegué a tener discrepancias” y Coro, de “Un sexo llamado débil”, escrito por José Luis Martín Vigil o Jo de “Mujercitas”.

“Cuando llegué a Barcelona, ya tenía 20 años. Justo se habían acabado las jornadas de la dona del 76, pero vi carteles que las anunciaban y eso me llamó la atención. Empecé a buscar gente que se moviera en estos círculos. Supe de la existencia de la Coordinadora Feminista, conocí la revista Vindicación Feminista, y encontré mi lugar, entendí que empezaba a formar parte de un movimiento social, que había gente como yo, y que no era una cuestión sólo personal, sino que era una cuestión colectiva.Muchas feministas hemos tenido al principio un rechazo hacia algunas mujeres que representaban el modelo femenino tradicional. Después este sentimiento evoluciona y te haces solidaria. Entiendes que se trata de una cuestión social, y es cuando te conviertes en feminista, cuando entiendes que lo que hay que hacer es luchar por cambiar esas estructuras, no repudiar a esas mujeres”. Gallego destaca la importancia de la coodinadora feminista en ese contexto, así como del bar La Sal y la editorial del mismo nombre (impulsada por la hija de Montserrat Abelló, Mireia Bofill) que llegó a publicarle un libro de relatos. “En la coordinadora había muchísima gente. En aquellos años, estaban todos los grupos de mujeres de Barcelona, grupos como el DAIA (Dones per l’Autoconeixement i l’Anticoncepció), también había mujeres de vocalías de barrio, mujeres de la iglesia, mujeres de partidos de izquierdas…. Por ejemplo, me acuerdo de Gabriela Serra, que ahora es de la CUP, y que en aquel momento era del Movimiento Comunista de Catalunya (MCC), había mujeres de Bandera Roja, y otras muchas que eran independientes, como yo”. 

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