Jordi Morató: “El documental me permite aprender mientras creo algo nuevo”

miércoles, 11 junio, 2014

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Hace poco más de un mes estuve en una butaca del teatro del CCCB viendo “Sobre la marxa”, de Jordi Morató (Torrelló, 1989), una de las películas programadas por el Festival de Cinema d’Autor, que se celebra todos los años en Barcelona. Tras descubrir a Garrell y su maravilloso juego de construcciones y reconstrucciones en pleno bosque, la proyección se cerró con un coloquio con el director y los protagonistas del documental. Todos los presentes teníamos claro que estábamos viviendo uno de los instantes más emotivos que habrán pasado por el festival. El documental está dando la vuelta al mundo y llenándose la mochila de premios y halagos por parte del público.

Foto: Anna Mitjà

Jordi Morató llegó a Barcelona con 17 años para estudiar Realización de Audiovisuales y Espectáculos en el EMAV y, más tarde, aprovechando esta base técnica trabajó en televisión y cine como cámara mientras estudiaba Comunicación Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra. Conociendo su acercamiento al mundo del cine le pregunto cuándo surge su interés por el género documental. “Tenía claro que tras esta base técnica lo que me interesaba eran los contenidos, sobre todo el guión y el documental. Fue una mezcla entre el hecho de ver documentales que me apasionaban y empezar a aplicar la técnica grabando a gente y jugando con ese material. Mi proyecto final para el EMAV ya fue un capítulo piloto de serie televisiva documental. Esa pieza ganó un premio y pude ir a Suecia a una muestra de directores jóvenes europeos. Pero, realmente, lo primero que edité como un corto documental dirigido por mí fue “Camí de Terra”. A partir de entonces se confirmaron muchos de mis intereses”.

En “Camí de Tera” Morató se acerca a Josep Criballés, un hombre de 79 años que vive en una pequeña población cerca de Osona. Una personalidad particular que jamás se quita la clásica barretina catalana y que conserva expresiones arcaicas en su habla que se encarga de mantener vivas mientras escribe poesía en los momentos en que no trabaja la tierra. “Hay como un ansia de decir muchas cosas en ‘Camí de terra’. Mirándolo con perspectiva no seguiría el mismo proceso. El rodaje fue tan solo de dos semanas, algo que no volvería a repetir. En el montaje busqué decir demasiadas cosas en muy poco tiempo. Hay una serie de recursos que no dejan respirar al personaje. Ahora lo haría diferente. Creo que es algo sintomático de ese momento. Aún así el corto funcionó bien y estuvo premiado en la Mostra de Cinema de Frontera de Portbou y en el Festival ForadCamp. Lo que conseguí con este corto fue darme una base”.

Aun así, Morató me explica que en ese momento él ya estaba grabando a Josep Pujiula (“Garrell”), el protagonista de su primer largo documental, “Sobre la marxa”. Esta es la historia de un hombre que nunca ha dejado de jugar, que ha domesticado la naturaleza y ha construido con sus propias manos altas torres e infinitos laberintos en un bosque cercano a Arguelager, en la Garrotxa. Sin darse cuenta y, precisamente así, ‘sobre la marcha’, Garrell, con el único propósito de jugar, ha creado un maravilloso mundo que, a pesar de todo, se verá amenazado por la sociedad ‘civilizada’ y le obligará a reconstruir su ciudad particular hasta tres veces. Como el protagonista del documental, Jordi Morató construye su documental ‘sobre la marcha’, en un proceso largo de hasta tres años donde la pieza pasará por distintos estados y formatos hasta conseguir ser la mirada que el autor buscaba sin perder la esencia de la historia que había descubierto.

En la pieza final el material de Morató se combina con un material de archivo que consigue reflejar todas las construcciones y destrucciones que han configurado el juego de Garrell. Jordi Morató explica cómo se va acercando a esta historia. “Fue un proyecto que empecé con dos amigos: Laia Ribas y Charly Torrebadella. Nos interesó el tema y empezamos a grabar el espacio sin que hubiera ninguna urgencia de conocer a Josep. Simplemente nos fascinaba la fuerza del lugar. Más tarde nos lo encontramos y empezamos a hablar con él. Enseguida se animó y nos enseñó todo el espacio. En este momento me di cuenta de que la historia era casi más impresionante que el propio lugar. A partir de aquí empezaron los dos años de ir grabando de manera intermitente. Iba cuando podía, a veces solo y otras veces acompañado. Con este material hice un primer montaje con imágenes del presente con las que yo reflexionaba sobre lo que para mí significaba aquel lugar. Aquí es cuando decidí entregarlo como proyecto final de carrera, para así tener la presión de marcarme unas fechas y tener el asesoramiento de gente como Isaki Lacuesta, Gonzalo de Lucas o Elías León Siminiani”.

Tras este primer montaje y al final de un proceso de grabación de dos años, Jordi Morató descubre la existencia de un material de archivo grabado por Aleix Oliveras cuando tenía 14 años durante los veranos que pasaba en Arguelager. “Me tomé muy en serio aquel material. Pensé que un hombre de 56 años y un niño de 14 haciendo películas era cine puro. Tenían una intuición brutal. En el momento en que la gente molestaba a Garrell, en vez de enfrentarse a ellos decidió hacer películas de Tarzan escapando de la civilización. Estas películas son una representación artística de su propia vida. Creaba arte para explicar su vida real a través de la ficción. Me di cuenta de que la mejor manera de explicar su vida era usar este material y que me permitiera avanzar la narración que yo había construido pero sin romper la esencia y el espíritu fresco que había en esas imágenes”.

Morató se marchó un tiempo a Argentina y se dedicó de manera obsesiva a montar todo aquel material que había estado recopilando. Al volver enseñó el montaje a los tutores y cuando lo vieron Isaki Lacuesta e Isa Campo, de la productora Termita Films, sintieron que aquello debía convertirse en una película. Decidieron ayudarle a cerrar el proyecto en condiciones y a distribuirlo. “Me dieron mucha confianza, consiguieron que yo creyera en lo que había hecho, que era algo que merecía la pena. La película fue aceptada en el festival de Rotterdam y quedó en la 8ª posición de la votación general de entre 200 películas, por encima de Jim Jarmusch o Spike Jones. Yo no me lo podía creer. Allí nos dimos cuenta de que la película tenía algo que realmente conectaba con el público. Esto se ha seguido demostrando con la mención especial del público en Málaga, el premio del público en el D’A, en Trento… el recorrido ha sido inmejorable y seguirá moviéndose durante este año”.

Conociendo las dos piezas de Morató una se da cuenta de que parece haber una constante en sus intereses. Que los personajes hasta los que por ahora se ha acercado, Josep Criballes y Josep Piujiula, tienen puntos en común. Un amor por la vida particular, ese empuje inocente de ir haciendo sin pensar en lo que puedan pensar los demás y algo ajenos a los intereses que parecen movilizar a las masas. “Yo al principio no lo pensaba pero ahora sí que me doy cuenta de que hay una línea. Para mí ha sido algo inconsciente. Pero sí, entre muchas otras cosas me interesan las personas que en un determinado momento de su vida han decidido cumplir su sueño aunque ello implicara salir del rebaño. No es que rompan con la civilización, pero se apartan y no tienen miedo de lo que pueda pensar la gente de ellos. Sí que es cierto que tengo un interés por estos personajes. Pero más allá de un interés cinematográfico es un interés vital. Creo que puedo aprender mucho. Es un interés personal. Lo que me permite el documental es aprender mientras creo algo nuevo. Lo que tengo claro es que aunque haya una tendencia a marcar lo que es ficción y lo que es real, a mí lo que me interesa son las historias. Me da igual si es documental o ficción. En el momento en que escoges un encuadre y un fragmento de verdad la objetividad desaparece”.

Actualmente Morató está cursando el máster en Documental de Creación en la Universitat Pompeu Fabra, y mientras “Sobre la marxa” sigue moviéndose por distintos festivales del mundo —a esperas de que pueda llegar en algún momento a las pantallas de los cines—, ya ha empezado a escribir sobre un nuevo proyecto. “Estoy en un proceso muy primario. Seguramente si lo explico parecerá que estoy siguiendo la misma línea de antes. Quizás, a diferencia de los proyectos anteriores, donde el peso está situado en los personajes, en esta ocasión me interesa crear un camino. Seguir a una serie de personajes que tienen una relación especial con su entorno y que la suma de estos puntos de vista me lleve a otros lugares. Estoy interesado en una película que articule un discurso a través de la mirada de distintas personas, a través de la suma. Lo que tienen los procesos creativos es que nunca sabes de dónde saldrá el tema. Creo que lo importante es hacer las cosas que te interesen sin tener una intención clara de si terminarás haciendo algo o no con ese material”.

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