Jordi Ferreiro: “Los museos que precarizan su departamento educativo demuestran que no entienden cuál es su verdadera función”

lunes, 9 enero, 2017

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Jordi Ferreiro. Foto: Eva Carasol

La práctica artística de Jordi Ferreiro (1982) es indisociable de su faceta como educador. En esta a entrevista, cosida lentamente a través de multitud de correos electrónicos enviados desde trenes y mesas de escritorio, Ferreiro reflexiona sobre la situación de los museos en relación a la educación y la precarización y también sobre su propia práctica artística.

Te defines como artista y educador. ¿Por qué para ti es tan importante situar estos dos roles, comúnmente diferenciados, a un mismo nivel?

Definirme de esa manera es, en primer lugar, algo que me ayuda a entender mi postura frente al arte contemporáneo. En mi caso concreto, soy incapaz de diferenciar dónde empieza mi práctica artística y dónde mi práctica educativa, ya que una alimenta a la otra, dándose sentido mutuamente. Por eso la mayoría de mis trabajos tienen formatos de programas educativos en museos, como por ejemplo, visitas guiadas, audioguías, workshops, conferencias, etc… lo que investigo como artista/educador es mediar la institución desde dentro.

En segundo lugar, ser una figura doble es también una postura política, que me hace entender el arte como transformador de contextos, el artista como algo más allá de un productor de objetos decorativos y el museo como un espacio de encuentro para la ciudadanía.

Al fin y al cabo, artistas y educadores no son figuras tan alejadas como puede parecer, ambas se encuentran bajo estructuras de precarización y autoexplotación pese a ser los principales sustentos de sus propios contextos (el artístico y el educativo, respectivamente).

En los últimos años se está hablando de un “giro educativo” dentro de las instituciones artísticas. Se discute sobre la necesidad de subvertir los roles, de que el espectador o público no sea un mero receptor de discursos por parte de un educador que ejerce como voz de autoridad. En este sentido tu práctica artística propone en numerosas ocasiones crear espacios de colaboración y participación que convierten al espectador en un agente activo. ¿Crees que todo este proceso pasa por empoderar al espectador? ¿Qué acogida tienen tus propuestas en las instituciones?

La idea del giro educativo de la que hablaba Irit Rogoff es una idea que hoy está un poco más presente, pero es un proceso que está tardando mucho en calar hondo en las instituciones artísticas. Yo soy un poco desconfiado y creo que si ahora es más viable (aunque llevamos más de diez años hablando del tema), es porque el museo ve una posibilidad en la educación/participación de multiplicar su número de visitantes y de atraer y retener nuevos públicos.

En mi opinión, ha hecho falta una crisis económica y social para que los centros de arte, bajo el peligro de desaparecer, se replanteen sus estrategias y relaciones con aquel público al que siempre han ignorado, pero para el que tienen que trabajar.
Así que pese a que muchas veces se habla de educación en museos, hemos de ser críticos y analizar si realmente se trata de educación o de un trampantojo educativo, un lavado de cara para la institución para parecer inclusiva y mediadora cuando en realidad todo es un espectáculo.

Como artista, y siendo consciente de esa problemática, siempre me ha interesado crear obras que sean propuestas de participación con el público. A veces se trata de propuestas para participar en el proceso de la obra o para llevar al participante a una toma creativa de decisiones que puedan alterar la obra en sí. Un buen ejemplo podría ser “Un intento de hacer perceptible lo imperceptible” que llevé a cabo en Lugar a dudas (Cali-2016) y Homesession (Barcelona-2012), donde convertíamos la exposición en un show participativo.

Cuando empecé a trabajar con instituciones como artista y educador, tenía que hacer estas propuestas a espaldas de mis jefes del departamento, contando con la complicidad de mis colegas educadorxs, de seguridad y limpieza. Ahora las cosas son muy diferentes y parte de mi trabajo es también explicar estas experiencias en conferencias o charlas a otros educadorxs para ayudar a aterrizar esa idea del giro educativo (real) en otros centros.

Está claro que tenemos que ser críticos y prudentes con las estrategias de las instituciones. Parece que este “giro educativo” también va en paralelo a una precarización del personal del propio museo. Equipos de educadorxs y mediadiorxs con una amplia formación y experiencia que son contratadxs a través de empresas de subcontratación en condiciones deplorables. ¿Hace falta una importante reflexión por parte de las instituciones en este sentido que permita a la vez confiar en la propuesta educativa de las mismas?

Los museos que precarizan su departamento educativo demuestran que no entienden cuál es su verdadera función como museo, y que su idea de lo educativo no es muy diferente a la de un McDonalds que ofrece celebrar fiestas de cumpleaños. Los museos no han de crear actividades para entretener al público, han de crear actividades que les permitan ser usuarios activos dentro de los diferentes contenidos y situaciones que suceden en su interior.

Por desgracia esta precarización de lo educativo se extiende por la mayoría de museos de nuestro contexto (si alguien no sabe de lo que hablo, solo hace falta echar un vistazo a los hashtags #vagaciutart o #Stopguggengheimprecariousness para entender la situación) pero afecta también a otros departamentos y colectivos de la institución cultural. Artistas y comisarios incluidos.

En relación a este tema, hice una performance el noviembre pasado para el Arts Santa Mónica en la que contraté a 3 ex-educadores de la empresa Ciutart para hacer una visita al centro como nunca les ha dejado su empresa. Fue muy interesante ver el acercamiento que tenían a su práctica como educadores con total libertad y denunciar la precarización desde la práctica artística.

En conclusión, todo este tema me entristece porque parece que la única respuesta que recibimos ambos colectivos es “si quieres trabajar en este campo, es lo que hay”, y como ciudadano, me indigna volver a la idea de “la cultura es un lujo” porque parece que solo puedes trabajar en este campo si tu sustento económico viene de otro lado. Volver al medievo vaya…

Cambiando un poco de tercio y adentrándonos en tu trabajo, tienes diversos proyectos en los que lo lúdico se sitúa en el centro. Tanto en “Quan el museu tanca les seves portes” (2016) como en “Hyperconference” (2011) la mediación con el público implicado es a través del juego. ¿Puedes contarnos un poco qué importancia tiene para ti la aplicación de este tipo de estrategias?

Es cierto, todo aquello considerado lúdico y no formal me interesa por su capacidad subversiva en contraposición a lo serio y riguroso. Creo que el juego tiene un potencial de transformación enorme porque nos permite conectar con la creatividad de manera directa y nos coloca en otro punto donde imaginar nuevas posibilidades y contextos. Siempre me han fascinado artistas que usan el juego o incluso el humor para conectar con su público, como por ejemplo Ramón Gómez de la Serna o Robert Filliou. Son una referencia directa para mí.

En mis trabajos, siempre he considerado mi rol como artista similar al del “Master” en un juego de rol, es decir, el encargado de construir un tablero de juego para que sea el público quien tenga la posibilidad de construir la obra y, para ello, es muy importante pensar en todas las posibilidades, dibujar unas buenas normas y poner al público en el centro de la experiencia. Ya te puedes imaginar que, para conseguirlo, hay que ser muy riguroso, así que no creo que el juego sea una cosa sencilla y baladí, construir un buen juego es una cosa muy seria.

Jordi Ferreiro en “Hyperconference”

“Quan el museu tanca les seves portes” (2016)

 

Tanto la idea de que sea el público quien tenga la posibilidad de construir la obra, que me acabas de comentar, como las distintas propuestas de participación que has mencionado en otras respuestas me recuerdan en cierta medida a la Escuela de Paulo Freire en relación a las Pedagogías Críticas. Él consideraba que uno debía asumirse como sujeto de aprendizaje, como capaz y responsable de manera que pudiese convertirse, mediante esta visión crítica, en un agente participativo del cambio. ¿Se trata de un referente para ti o existen otros nombres en el campo de la pedagogía con los que te sientas afín?

En el campo de la pedagogía, Paulo Freire sería un referente sin duda, y también añadiría algunos nombres como Carmen Mörsch, Philippe Meirieu y María Acaso. Aunque también he de decir que, como referentes, siempre he sentido más cercanos a todxs aquellxs artistas que han investigado sobre mediación institucional, como por ejemplo Annette Krauss, Luís Camnitzer, Nicolás París, Andrea Fraser, Marcel Broodthaers, Robert Filliou, Michael Asher entre muchxs más… Al igual que Freire, estxs artistas incorporan esa visión crítica a sus prácticas, entendiendo el arte como un espacio empoderador y de diálogo con el público.

También tienes una serie de proyectos que consiguen poner en jaque a la institución de distintas maneras. En “Institutional Parasite” (2015), la propia infraestructura del museo alberga una planta que crece a lo largo de la exposición. En este caso, los ‘cuidados’ entran a formar parte del juego. Por otro lado, en “Pabellón de mediación” (2014) creas un espacio nuevo dentro de la propia institución donde se da pie a la participación y a otro tipo de actividades que por lo general no se dan dentro del museo o el espacio expositivo. ¿Cuál ha sido tu experiencia llevando a cabo este tipo de propuesta tanto en relación con lxs visitantes como con las instituciones?

Las dos tienen formalizaciones muy diferentes, pero su premisa es muy parecida. Para empezar, en los dos proyectos, la resolución expositiva es muy importante, pero en el mismo nivel de importancia también estaría la burocracia y papeleo que fue necesario con la institución para exponerlas. Especialmente en el caso de “Institutional parasite”, todos los e-mails y conversaciones con el equipo de Matadero Madrid (la institución que acogió la pieza) para convertir una regleta eléctrica en el parterre improvisado de una flor, fue mucho más interesante que ver su crecimiento en las salas de exposición. Hacer ese pequeño gesto incumplía varias normas y protocolos de seguridad y, para mí, la verdadera obra fue el proceso de convencerlos y hacerlo posible. Una vez instalado el parterre con el pequeño brote de diente de león, también fue muy interesante ver la reacción del público, pero eso ya es otra historia…

En ambos proyectos aprendí muchísimo del uso de la performance como herramienta para mediar las instituciones, que no es lo mismo que mediar en las instituciones. Son estas acciones artísticas las que pueden revelar todo el engranaje institucional y uno de mis principales intereses como artista es el de crear “precedentes”. Los precedentes son acciones que, poco a poco, van convirtiendo lo inaceptable en permitido y es de esa manera como podemos hacer avanzar y flexibilizar nuestras instituciones. Y ya no hablo solo de instituciones artísticas, sino de cualquier estructura jerárquica en la que nos encontramos como individuos.

“Institutional Parasite” (2015)

Y ya terminando…¿Qué proyectos te deparan en un futuro cercano?

Pues ahora mismo estoy ocupado en un proyecto de largo recorrido con la Laboral (Gijón). Se llama “¿Donde está la oficina de mediación?” y es un proyecto en el que colaboro con María Acaso y un grupo de 30 personas del contexto local. Estamos creando un departamento de mediación y actividades alternativo a la institución y gestionado por su propio público, que se entiende no solo como departamento de mediación sino como obra de arte. En mayo finaliza mi participación, pero tengo fe que el proyecto continuará gestionado por sus participantes varios años más.

Llevo desde noviembre como artista residente en el Instituto Moisès Broggi de Barcelona, con un proyecto becado por la Fundación Carasso en el que investigo como el sonido y el silencio pueden convertirse en un espacio pedagógico que transforme la institución escolar.

De cara a abril, estoy preparando una publicación con el equipo de “La Automática”, una formalización de uno de mis últimos proyectos: “Quan el museu tanca les seves portes” en el MAC de Mataró. Es una publicación un poco ambiciosa porque la estamos imprimiendo con tinta UV (visible solo con luz ultravioleta) y se está convirtiendo en algo más complejo de lo que pensábamos, pero esperamos poder presentarlo en el festival Ars Libris.

A parte de todo esto, estoy escribiendo mucho últimamente y llevo desde el año pasado investigando sobre prácticas performativas en contextos educativos (ya sea escuela o museo). Dentro de este campo de investigación, me gustaría en algún momento publicar un libro bajo el nombre “Visita guiada a la visita guiada como formato artístico”, pero cuanto más investigo y más casos concretos encuentro, más se me alarga la cosa… así que en algún momento de finales de 2017 me gustaría publicar algo un poco más serio sobre el tema.

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