Javier Pérez Andújar: el escritor y el azar

miércoles, 12 noviembre, 2014

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Hoy estoy de celebración. Se cumple un año de andaduras con Un grado de separación, y el protagonista de tal especial ocasión no podía ser otro que Javier Pérez Andújar. Entra en este puzzle de conexiones una nueva y especial pieza que, muy hábilmente, colocó Gabriel Bravo. Conocer a Javier (ni se les ocurra llamarle Javi) ha supuesto un singular punto de inflexión. De alguna manera, entre lo azaroso que ya de por sí son estos encuentros, las sorprendentes y absurdas casualidades, y la extraña cotidianidad que se generó en pocos minutos, Javier reúne las preguntas y respuestas que llevo encontrando grado tras grado, y que continúo buscando con este juego. Se está construyendo una especie de mitología local, mutante y contemporánea de Barcelona y extrarradio, y quién mejor que él para descifrar con humor la insoportable levedad del ser y del estar aquí hoy en día, elucubrar sobre el tempus fugit, redefinir según qué mitos y, sobre todo, reírse. En medio de la Avenida Meridiana, entre cientos de coches, ruido y ajetreo urbano, en una Barcelona ‘que nunca ha cambiado, que siempre ha estado aniquilada’ dio comienzo un paseo por el barrio obrero, de las artes y los oficios, un no parar de hablar, el peor café de la historia, y una gran colección de libros de terror de ocasión. Gracias Javier por dejarte liar la manta a la cabeza.

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41.4107°N 2.1869°E – Javier Pérez Andújar (Barcelona, 27-07-1965)
Mi profesión es escribir, pero vamos, es un mal menor, en realidad me dedico a leer, que me gusta más, y escribo para intentar justificar que leo, porque si estuviese leyendo todo el rato nadie me daría dinero ni nada, entonces tengo que amortizarlo escribiendo. En realidad me importa más lo que han dicho los otros. De lo que al gremio se refiere, yo me considero más integrado en la historia que en el espacio, es decir, me veo más cerca de los que a mí me gustaban de siempre (Edgar Allan Poe, Machado, Lovecraft, etc) que de mis contemporáneos. De pequeño fue a los que leía y a los contemporáneos no los conocía, entonces pertenezco a la literatura mítica con la que me he criado. En este sentido ¿cómo veo mi gremio?, pues me parece admirable.’

‘Decía Edgar Allan Poe que es la más noble profesión a la que se podía dedicar un ser humano. Siempre se cita a los maestros, pero siempre se les cita mal porque nunca se está a su altura. Yo creo que es la más digna profesión a la que se puede dedicar un inútil. Yo me considero un inútil en todos los aspectos, y de hecho, es algo que me preocupaba y ahora es algo de lo que estoy orgulloso. Agradezco a Dios que me haya permitido ser un inútil para no poder hacer daño a nadie. Me encantaría ser un verdadero antisistema, pero es muy difícil, yo creo que nadie es antisistema, cualquier manifestación del sistema forma parte del sistema, nunca se está fuera, hasta los vómitos forman parte del cuerpo humano, son humanidad, no hay manera de escaparse. Eso sí, soy enemigo del sistema. No lo combato, pero procuro hacer lo que me da la gana siempre, que vendría a ser escaquearse.’


‘Lo mejor que he escrito en mi vida era lo primero, en el colegio, los palotes aquellos que no eran ni letras, eso tenía más sentido etimológico y simbólico. A partir de ahí, todo ha sido una sofisticación. ¿Lo peor? Estoy pensando si hay algo que se salve dentro de lo malo. Lo peor está en mis libros. Son mejores los artículos de prensa, porque por lo menos desaparecían en el día, se quedaban obsoletos en menos de 24h. Y lo mejor de los artículos eran las fotos. Si hay algún artículo sin foto ya no vale la pena ni leerlo, así que lo mejor de mis libros son las portadas.’


La fotografía me gusta como sistema azaroso, por que no hay que hacer nada, sólo apretar y ya está, como las Lomo, te acercas y disparas. Yo con el teléfono lo hago. Al principio miraba la pantalla, pero a veces no se veía nada por el sol, así que lo divertido era disparar y conformarte con lo que te salía. Respeto el azar. Fotografío lo que se me ocurre y me conformo con el resultado. Soy inconformista con los demás, pero conformista con lo intangible. También me encanta meterme en Ebay y descubrir gente que vende sus fotos, de familiares, comuniones, bodas o fiestas, me encanta porque son como oportunidades de tener vidas que no he tenido. Son vidas prestadas, y prefiero cualquier vida de esas más que la mía. Vacaciones que no he hecho, familia que no he tenido, veces que me he casado o amigos con los que me he ido de juerga. Es como vivir aceleradamente y exponencialmente a través de las fotos. Mientras me retratabas pensaba que es raro estar de pie y que otra persona te haga fotos, pensaba que era mejor que retrataras al vagabundo que andaba por allí. Había un montón de cosas chulas alrededor, y yo haciendo el paripé. No me daba vergüenza, lo veía inútil. Después pensaba en tu abuelo, o estaba preocupado si salían esas llaves, porque me dijistes que te gustaban y a mi también me gustaron, eran bonitas. ¿Qué habran abierto o qué habrán cerrado?.’


‘¿A quién quiero que retrates después de mi?, ¿le puedo pasar el relevo a dos personas? Por un lado a mi amigo Emilio Manzano. Es un gran periodista cultural, pero en realidad es escritor, lo que pasa es que ejerce secretamente. Por otro lado a Ramón “Tornasol”, otro gran amigo que conocí precisamente en uno de los programas de tv de Emilio. Es un bailarín de claqué, y somos amigos de soñar juntos vidas mejores.’

 

Un grado de separación” es una sección de Barcelonés realizada y creada por la fotógrafa Cecilia Díaz Betz: “Un grado de separación busca hablar de personas con las que me he cruzado, con las que he buscado cruzarme y con las que a través de esta suerte de juego exquisito, me cruzaré en Barcelona. En esta ciudad sucede que cierta teoría/hipótesis sobre los grados de separación entre las personas, se ve desquebrajada, vapuleada y llevada a la cuasi mínima expresión de la unidad en el mejor de los casos. El hecho resulta bastante cómico, absurdo y sorprendente a la vez. Pero lejos de verlo como algo negativo, lo quiero celebrar y estudiar a través de esa certeza que llamamos imagen fotográfica, que nos dice con una sutileza tan aplastante que ‘eso’ ya ha sido, y que nos hace establecer una presencia tan inmediata con el mundo. Un grado de separación como oda a una geografía metafórica a través de las coordenadas reales de encuentros y desencuentros, las distancias, lo aleatorio, la inexistencia de las casualidades, las conexiones y desconexiones, pero sin duda y en definitiva, una oda la gente en un momento espacio temporal concreto.” 

 

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