Humor, ciencia ficción y eclecticismo pop: Laura Fernández

miércoles, 31 mayo, 2017

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La escritora Laura Fernández. Fotografía: Miguel González de la Fuente

En su última novela (“Connerland”, Literatura Mondadori, 2017) Laura Fernández crea una desternillante sitcom galáctica. Voss Van Conner, su protagonista, es un poco conocido escritor que ha muerto electrocutado. Su hilarante retorno al mundo de los vivos es un homenaje al fandom de los escritores de culto, repleto de parodias tiernas a la era de las novelas pulp, así como un remedio infalible contra la vehemencia soporífera en la literatura.

En “Connerland” (Literatura Random House, 2017) tratas la cuestión de la trascendencia y la tendencia necrófila a admirar y santificar a los escritores muertos. ¿Qué escritores contemporáneos crees que deberían morir (ejem, por causas naturales) para que sus agentes y editores se peleen por publicarlos masivamente y los lectores empezáramos a admirarlos?
¡jajajajaja! (o bien) ¡jou jou jou jou jou! ¡Buena pregunta! ¿La verdad? Veamos, teniendo en cuenta que un escritor muerto vale mucho más que uno vivo, elegiré a escritores que me gustan (mucho) para que se hagan tremendamente famosos y todos podamos disfrutar de todos sus libros. Y vamos a empezar con T.C. Boyle, el autor de ‘Música acuática’ (una auténtica genialidad delirante dickensiana digresiva) y un buen puñado de novelas más que 1) No han sido traducidas al español (no todas, aunque sí unas pocas) y 2) Cuando lo han sido, no han sido debidamente tratadas por el lector de aquí (y estoy pensando en el lector de, por qué no, David Foster Wallace, o Thomas Pynchon, o incluso mi adorado Robert Coover). Y luego, veamos, déjame echar un vistazo a mi librería, uhm, ¿A.M. Homes? Adoro a A.M. Homes, pero creo que ya tiene la fama que se merece, y aunque sus primeras novelas están un pelín descatalogadas, pueden encontrarse fácilmente, así que no deseo que se vaya a ninguna parte, deseo que se quede y que siga escribiendo mucho. La que querría que se quedara para siempre es Joy Williams, pero hablábamos de cadáveres, uhm, no sé, creo que me conformo con Boyle, por ahora.

Veo que en general, lees a escritores consagrados y si no están muertos al menos se han “reencarnado” varias veces a lo largo de sus amplias carreras ¿Qué escritor en castellano menor de 50 años (no necesariamente español) nos recomendarías?
Me gusta muchísimo lo que hacen Patricio Pron, Robert Juan-Cantavella y Rubén Martín Giráldez, y me gustan mucho todas las novelas – y los cuentos – de Javier Calvo. También me encanta lo mucho que se ríe de todo Ainhoa Rebolledo – soy fan hasta de sus estados de Facebook –, y del enjambre de genios que hay detrás de Colectivo Juan de Madre, y, por supuesto, de Mariana Enríquez. Cuando leí su primer libro de cuentos no podía creerme que algo tan perfecto existiera. Manuel Vilas no cuenta porque tiene 55 pero debería contar porque Manuel Vilas va a ser, como sus personajes, inmortal.

Dicen que eres una escritora de ciencia ficción aunque solo has escrito una novela estrictamente en ese género y también cuentos pero tus otras tres (!) novelas que, a pesar de su hilarante eclecticismo pop, no son de ciencia ficción ¿Por qué piensas que sucede eso? ¿Por qué tenemos esa necesidad de encasillar en géneros?
Ríamonos un poco más (jou jou jou jou). ¡No soy una escritora de ciencia ficción! Sí, he escrito sobre otros planetas, pero mi intención no ha sido en ningún caso la de ser una insider del género. Como mis amados autores posmodernos (norteamericanos) lo que intento hacer, desde mi humilde escritorio repleto de cosas, es jugar con elementos de la ciencia ficción, y por lo tanto, de la cultura pop, para llevarlos a otro lugar, un lugar que tiene más que ver con el complejo rompecabezas de la creación de historias que se deban a su fondo, claro, pero también a su forma. Es decir, tomarme el texto como un todo en el que no sólo importa lo que se cuenta sino cómo se cuenta, y que el cómo y el qué se lleven francamente bien y conviertan lo que se cuenta en algo parecido a una experiencia narrativa disfrutable tanto para aquellos que gustan de quedarse en la superficie como, sobre todo, para aquellos que quieren más. ¿Lo de encasillar? No tengo ni la más remota idea. Y tampoco me importa. En el fondo, es un honor que me consideren escritora de ciencia ficción. Los escritores de ciencia ficción son, quizá, de entre todos los escritores, los más apasionados.

Esto me recuerda que una vez me dijiste que tu admirado Philip K Dick en su inagotable ciencia ficción no trataba la manipulación de la realidad sino sus problemas conyugales. Como una lectora omnívora y asilvestrada que eres ¿te interesan las biografías no autorizadas, la prensa del corazón, el anecdotario activamente residual de las vidas supraliterarias de los escritores que admiras?
Sí. De los escritores que admiro mucho querría saberlo todo. En concreto, de Philip K. Dick tengo un libro que es un tesoro: “The Search for Philip K. Dick”, de Anne R. Dick. Anne R. Dick fue una de sus mujeres, y narra toda su vida a partir de su funeral. En especial, cuenta cómo fue convivir con él y tener hijos con él, y de dónde salen todas las novelas que escribió en la época en la que estuvieron juntos. También hace entrevistas a sus otras mujeres, las posteriores y las anteriores, para comparar un poco cómo era con todas. Y descubres cosas tan interesantes como que, pese a saberse loco él, a la que encerró en un manicomio fue a ella porque en esa época tu marido podía decir cualquier cosa de ti, y todo el mundo le creía. Es escalofriante cuando narra cómo iba a verla al manicomio, donde incluso le hicieron una lobotomía, y le dice: “Sé que no eres tú quien debería estar aquí, pero no he podido evitarlo”. Además de Dick, he leído la de Fante – no sólo la que publicó su hijo Dan sino la presuntamente oficial –, tengo por ahí la de Vonnegut, la de Cheever, y recuerdo que en una época muy temprana de mi casi adolescencia lectora leí una de Agatha Christie y aluciné, sobre todo con la historia de su desaparición. Búscala, es alucinante.

Recientemente, en una entrevista con The Guardian, la gran escritora de ficción especulativa Ursula K Le Guin decía que no entendía por qué el realismo es el parámetro de la calidad literaria y la literatura “seria” ¿Compartes esto? ¿Por qué?
Lo comparto. Creo que si hay una moraleja en “Connerland” tiene que ver con que la vida imaginada siempre es infinitamente superior a la vida real, y hasta que no aceptemos eso, no seremos completamente felices. Y un poco eso es lo que ocurre con la literatura. Hasta que no aceptemos que toda literatura es seria, o que ninguna lo es, en realidad, no seremos ni del todo felices ni, sobre todo, del todo libres.

En tu ficción siempre hay mucho humor descacharrante, rocambolesco como en Kurt Vonnegut (homenajeado en la dedicatoria a Kilgore Trout, uno de sus míticos personajes) o en Douglas Adams aparte de tus lecturas de ficción ¿Qué tipo de humor consumes? (Pueden ser cosas que no todos consideremos “humorísticas” en un sentido pleno como leer La Razón o mirar Tele 5)
¿La verdad? Consumo ciencia ficción humorística. He inventado una categoría para las novelas que encuentro – casi siempre escandalosamente baratas, hasta por cincuenta céntimos – en Gigamesh a la que llamo naughty science fiction. Una vez incluso di una charla sobre ella. Son las novelas de, por ejemplo, Robert Sheckley, el maestro de Douglas Adams, o de Sam J. Lundwall (su “King Kong Blues” fue clave en “Connerland”, de allí salió Delmak-O), o de John Sladek (no os podéis perder “Mecasmo”). Novelas en las que, sí, hay dinosaurios oficinistas (“Dimensión de milagros”, de Sheckley), los novios y las novias están patrocinados en su propia boda (“King Kong Blues”) y los robots que contratas para que te limpien la casa pueden llegar a presidentes del gobierno de Estados Unidos (“Tik-Tok”, de Sladek). En plan guilty pleasure, a veces veo programas de la televisión catalana en los que se llevan a gente mayor de crucero, y luego, claro, veo series brillantes, humorísticamente hablando, como “Scream Queens” (la primera temporada es maravillosa, la segunda, meh), y no me pierdo ni uno de los vídeos de Isa Calderón, que son una fuente inagotable de risas siempre.

En tu novela se nota cierta evolución de novelas anteriores donde el tema central era la credulidad y la inocencia (en “Wendolin Kramer”) y esa transición inflamable y terrorífica que es la adolescencia (en “La chica zombie”) aunque en “El show de Grossman” ya estaba sentado una de las semillas de esta novela ( los autores y la frustrante búsqueda de la trascendencia) ¿Crees en el darwinismo literario?¿Consideras ésta tu primera novela de “madurez”?
Sí, creo, fervientemente además. El escritor, en España, va creciendo en cada novela. No hay universidades en las que impartan clase David Foster Wallace ni Joy Williams. Lo que hay es un autodidactismo a menudo desesperante. Porque te conoces, como escritora, a medida que escribes, y fracasas, y luego fracasas mejor, y luego sigues fracasando, pero siempre, claro, mejor, y así, supongo, hasta el final.

Además de aprender a convivir con esa insatisfacción y sensación de fracaso permanente ¿Qué consejos, a partir de tu experiencia propia, tienes para los escritores principiantes, las versiones jóvenes de Voss Van Conner y Robbie Stamp del mundo?
Que se rían de sí mismos, y que lean muchísimo, muchísimo, muchísimo. Y que se expongan cuando escriben. Que se expongan todo el rato. Que no piensen en lo que vino antes y lo que vendrá después, que se sientan libres de hacer que las sillas charlen. Y luego que no se rindan y que sean muy muy perfeccionistas, y que no sólo quieran ser como el mejor, sino ser los mejores, aunque sin olvidarse de que lo más probable es que no lo sean y que van a tener que vivir con ello. Y que envíen lo que escriben a los editores porque, aunque no lo crean, hay lectores Ahí Arriba y si lo que hacen es bueno, alguien levantará algún día un teléfono en algún lugar. Pero también les diría que deben estar preparados a que no lo levanten, y no rendirse, volver a intentarlo, fracasar mejor.

La ciudad de Winona, el planeta Rehtrick, la ciudad de Welcome, tu ¿alter ego? la escritora Robbie Stamp , la mejor amiga de Voss Van Conner, el protagonista de “Connerland” aparecían en tus otros libros… ¿Hacia qué lugar insospechado de tu descacharrante galaxia nos llevarás próximamente?
Mi próxima historia se ambientará en una ciudad pequeña en la que siempre hace frío y el protagonista será el dueño de una tienda de souvenirs de una novela (¡ajajá!) infantil que ha marcado a todo tipo de gente, gente que llega de todas partes a comprar todo esos souvenirs ridículos que supuestamente han hecho los duendes de la Señora Potter, que no es exactamente Santa Claus pero lo parece. Y ese tipo querrá largarse porque odia el frío, pero antes tendrá que vender su casa, y no le va a resultar nada fácil, porque deshacerse de una casa aburrida es complicado y aburrido, a menos que esa casa esté llena de fantasmas. Y hasta aquí podemos contar.

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